Mente mexicana para una trilogía ambientada en el valle de Salazar

Catalina Guzmán Bremer conoció la zona de la mano de Fernando Hualde y ayer presentó la primera novela, el ‘thriller’ psicológico ‘Bajo la sombra’

Catalina Guzmán Bremer, ayer, en la biblioteca del Hotel La Perla, donde presentó Bajo la sombra
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Catalina Guzmán Bremer, ayer, en la biblioteca del Hotel La Perla, donde presentó Bajo la sombra
Catalina Guzmán Bremer, ayer, en la biblioteca del Hotel La Perla, donde presentó Bajo la sombra

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Laura Puy Muguiro

Publicado el 08/04/2025 a las 05:00

Catalina Guzmán Bremer había enviado el correo electrónico hacía dos meses. Dirigido a la Asociación Cultural de Almadieros, quería saber si la novela que estaba escribiendo, ambientada en un pueblo del Pirineo navarro, iba por buen camino. Y ya no esperaba respuesta cuando la recibió, del roncalés Fernando Hualde, investigador de la historia y etnografía. “Hola, soy Fernando Hualde, tu contacto. Pregunta sin miedo”, le escribió este. “Esa palabra”, recordaba ayer ella, “se me ha quedado grabada porque creo que la curiosidad es lo que me trajo hasta acá y creo que a todos nos sirve siempre escuchar esa curiosidad, que nos lleva a la pasión y esta, a donde tengas que llegar”. Y lo contaba porque es mexicana, de Monterrey, y porque fue en su país donde imaginó y escribió el thriller psicológico que presentó ayer en Pamplona, Bajo la sombra, primera parte de la trilogía Vestigios. La trama oscila entre la superstición y la razón a través de tres historias que se entrelazan en el tiempo, mientras su autora realiza un viaje transatlántico de su México natal a la profundidad de Navarra junto a Hualde.

Bajo la sombra se desarrolla en la localidad ficticia de Usín, en la España de 1978, donde Eva, una madre soltera y joven escritora marcada por el vacío materno, regresa al hogar familiar para asistir al entierro de su abuela. Acompañada por su hijo, pronto comenzará a desenterrar los secretos de su linaje y a recibir piezas de un rompecabezas tan inquietante como difícil de armar porque, a medida que explora el pueblo navarro, su historia se entremezcla con la de quienes habitaron la misma casa en épocas distintas. Guzmán ha rescatado la historia de los procesos de caza de brujas que guarda el valle del Salazar 500 años después. La novela explora cómo la percepción puede distorsionarse por prejuicios, supersticiones y creencias colectivas.

“Primero lo imaginé, y al llegar a Navarra me di cuenta de que lo que había escrito era real”, señaló este lunes 7 de abril Guzmán. Porque, acompañada en la presentación por Hualde, la escritora mexicana contó que imaginó esta historia como si fuera una película, una visión que llegó a su mente “en una sola noche”. “Hice la escaleta de esta trama sin saber dónde iba a estar ubicada”, reveló Guzmán, que en ese momento, 2020, no conocía el Pirineo navarro.

¿De dónde surgió entonces situar ahí la novela? “Al indagar qué parte de España tenía los elementos que yo necesitaba para contar mi historia -quema de brujas, oficio de tala de madera, bosque inmenso, neblina, nieve en invierno, pueblo supersticioso- el único lugar que encontré que reunía todas estas características que yo había visionado era el Pirineo navarro”. Y en plena pandemia viajó a España, cuatro días, y conoció el lugar.

Investigación “casi obsesiva”

Con una forma de escribir muy metafórica y donde todos los elementos del pueblo tiene un significado especial -“el bosque es lo desconocido; la neblina, no ver claro; el nombre del pueblo tiene que ver con el sentimiento de Eva de no pertenecer y no encontrar su lugar...”-, cuando regresó a México inició “una investigación casi obsesiva” de la zona. Y ya con el contacto de Hualde, el año pasado regresó para que él le mostrara el Pirineo, “cinco días, doce horas al día”. “Quería ser muy cuidadosa y respetuosa de las tradiciones y del estilo de vida de lo que iba a narrar. Aunque mi historia es ficción, necesitaba reunir todos los hechos históricos, y Fernando ha sido un gran apoyo para documentarme bien”, sostuvo.

Porque aunque no ha pretendido crear una novela histórica, no tuvo duda de que las costumbres, la manera de vivir y ese pasado que se niega a desaparecer en el Pirineo navarro eran “el escenario perfecto para contar esta historia a través de los ojos de Eva”, expuso sobre su protagonista, en quien, al comenzar a indagar, “los secretos del pasado y la desconfianza hacia lo desconocido pueden convertirse en barreras difíciles de romper”.

Al investigador le tocó responder, “de la manera más pedagógica posible”, a las “cientos de preguntas” de la escritora. No se trataba solo de preguntar y de responder, sino de introducirla en la realidad del Pirineo. “Es una novela escrita en tres tiempos diferentes, desde 1610 hasta 1978, con lo cual hay que situarle en cada momento: qué sucede, cómo se viste, cómo se habla, qué costumbres hay, qué formas de vida, qué ritos... Catalina ha sido como una especie de esponja”.

“Engancha y da miedo”

Convencido de que el patrimonio debe ser recuperado, conservado y difundido para tener sentido, considera Hualde que esta novela se suma a la labor de investigación y difusión a través de un relato novelado en una localidad ficticia, Usín, una mezcla entre Usún, una localidad del prepirineo navarro, con la palabra uxin, que tanto en el uscara roncalés como en el euskera del valle de Salazar describe el polvo de nieve.

“Eso ha hecho Catalina a través de esta novela: meterse por todos los rincones, por todas las rendijas, a través de las costumbres, los ritos, las creencias... todo montado en torno a una historia que es bonita, engancha y da miedo”, apuntó Hualde. “Para mí lo importante es que todo eso que le he ido contando durante estos años lo ha plasmado en la novela perfectamente”. Y la trilogía se llama Vestigios porque “habla de lo que permanece, de las marcas, cicatrices, de las huellas que quedan del pasado”.

En opinión de la autora, la historia que ha escrito “es universal porque habla de heridas que son muy humanas”. De hecho, contó que ha despertado “gran interés aquí”, precisamente por ser una extranjera la que escriba de esta zona, y ha creado “extrañeza en México”, pues aunque la novela está ahora en imprenta, “las personas que la han leído en Kindle están muy fascinadas y del mismo modo extrañadas de esta conexión”. “Pero ni en la mente ni en el corazón hay fronteras, y esa es la belleza de la literatura: que no existen fronteras. Yo estaba encerrada en plena pandemia cuando escribí esto y me salí de esos muros, imaginé este pueblo, y resulta que este pueblo existe y llegué a él”.

“Sumamente agradecida y emocionada por el recibimiento” en España y en el valle de Salazar -“me ha obsequiado este libro”-, la primera parte de esta trilogía se presentó la semana pasada en Madrid y en Ochagavía, en Casa Koleto. “Fue muy emotivo”, recordó Hualde, “recibir el aval de todas esas gentes, ilusionadas con que el valle de Salazar tenga a partir de ahora proyección a nivel internacional, algo muy atractivo e interesante y, desde el punto de vista cultural y turístico, de sumo interés”.

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