Perlicas de Pamplona

Una danza de la Muerte en el antiguo convento de la Merced

En el edificio situado en lo que hoy es la Taconera una enorme pintura  en la que la Muerte recordaba la fragilidad de la vida a los poderosos

"Danza de la Muerte", de Michael Wolgemut. La obra del antiguo convento de Santa Eulalia de los Mercedarios Calzados no se ha conservado
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"Danza de la Muerte", de Michael Wolgemut. La obra del antiguo convento de Santa Eulalia de los Mercedarios Calzados no se ha conservado
"Danza de la Muerte", de Michael Wolgemut. La obra del antiguo convento de Santa Eulalia de los Mercedarios Calzados no se ha conservado

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Pedro del Guayo

Publicado el 05/04/2025 a las 05:00

El antiguo convento de Santa Eulalia de los Mercedarios Calzados fue levantado extramuros o “fuerapuertas” en 1232 en el llamado campo del Arenal, actual Taconera. Se encontraba a pocos metros en frente de la puerta de San Lorenzo, llamada así por la iglesia fortaleza que defendía su entrada con “la Mirable”, una imponente torre de más de cuarenta metros. Fue construido en el recién nacido estilo gótico y contaba, entre otras dependencias, con una bonita iglesia dedicada a santa Eulalia y un precioso claustro que albergaba una obra que tristemente no ha llegado hasta nosotros: una danza de la Muerte.

Esta era una enorme pintura que cubría sus cuatro crujías y que fue realizada por una mano experta que la plasmó con exquisito detalle, siendo sin duda alguna uno de los mayores tesoros con los que contaba el cenobio. Sabemos sobre su composición gracias al memorial que realizaron los frailes mercedarios. Así, abriendo el desfile estaría representado el Papa y a su lado la Muerte le recordaba la fragilidad de la vida y que en poco tiempo terminaría abandonando este mundo. A éste le seguirían cuatro cardenales y nuevamente hacía acto de presencia la Parca para aconsejarles que tuviesen una buena conducta y les señalaba la brevedad de la vida. Luego llegaban cuatro arzobispos con una actitud soberbia debido al poder y a la riqueza que ostentaban. La Dama de negro les indicaría que debían de repartir su fortuna, regir con dignidad la iglesia y les recordaba, una vez más, que pronto les llamaría de este mundo. Tras los arzobispos estaban los canónigos, luego los frailes, los capellanes y los clérigos. A todos les señalaba sus pecados y fallos y les recordaba su pronto final. Una imagen del martirio de san Sebastián servía para separar este primer grupo, el de los eclesiásticos, del de los laicos que venían a continuación.

Los primeros en abrir la nueva comitiva eran los emperadores y reyes, junto a una nueva representación de la Parca que les exoneraba a hacer justicia sin distinción social y a gobernar bien y de forma justa. Tras ellos llegaba el turno de los nobles, los hidalgos y los soldados, a los que les señalaba sus defectos y las penas del infierno. Luego aparecían los mercaderes, los boticarios, los médicos, los cirujanos, los pescateros, los carniceros, los taberneros y los sastres, indicándoles a cada uno sus faltas. Por último cerraba la enorme comitiva los labradores.

En otro lugar se podía observar la representación de la Muerte guiando a la larga comitiva con el siguiente texto: “Pues conmigo entrareys en la danza perdereys deste mundo la esperanza”.

Pero por necesidades militares se derribó el convento en 1521, pues estaba situado demasiado cerca de los muros de la ciudad. Así fue como desapareció esa joya gótica de nuestra ciudad y la espectacular danza de la Muerte de su claustro.

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