"Mauro" vuelve a situar la fuga de San Cristóbal

Mikel Guerendiain Azpiroz (Ciaurriz, 1983) ficciona las vivencias de fugados, perseguidores y vecinos de los pueblos donde se llevó a cabo la cacería

Mikel Guerendiain Azpiroz ha escrito con Mauro su primera novela tras cuatro obras de teatro
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Mikel Guerendiain Azpiroz ha escrito con Mauro su primera novela tras cuatro obras de teatro
Mikel Guerendiain Azpiroz ha escrito con Mauro su primera novela tras cuatro obras de teatro

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Laura Puy Muguiro

Actualizado el 10/03/2025 a las 20:42

Hace cuatro años, Mikel Guerendiain Azpiroz (Ciaurriz, 1983) se reencontró con un manuscrito de 500 páginas que había redactado cuando tenía 26 o 27 años, “una cosa horrorosa” que había pretendido tener el doble de extensión. Se iba a titular El nogal y las nueces -“lo único decente de la obra”, ríe con su ocurrencia-, comenzó a ojearlo y encontró un personaje que hablaba con las lápidas. Y entonces fue consciente de que podía escribir la novela que siempre había querido pero no cómo hasta ese momento: sobre la fuga del fuerte de San Cristóbal el 22 de mayo de 1938, una de las mayores evasiones carcelarias de Europa, cuando alrededor de ochocientos presos huyeron, siendo abatidos o detenidos muchos en las horas siguientes, pero logrando algunos llegar al monte para tratar de alcanzar la frontera. Le ocurría a Guerendian que no quería escribir “una novela al uso sobre la fuga, sino algo más: las vivencias de unos personajes en un pueblo, hombres y mujeres que de repente se cruzan con fugados y perseguidores”. Y al dar en aquel manuscrito con el personaje que hablaba con las lápidas pensó que este podría estar en la novela que buscaba, y se dio cuenta de que ya la tenía. Así ha creado Mauro, una historia con una veintena de personajes entre fugados, perseguidores y vecinos de pueblos cuyas vidas se ven trastocadas por la presencia de los anteriores.

El día de la fuga había en el penal de San Cristóbal 2.487 prisioneros. Del bando republicano, ninguno tenía delitos de sangre y procedían de prácticamente toda España. Aquel domingo escaparon 795 presos. Durante días, los montes del norte de Navarra fueron escenario de una cacería en la que se vieron envueltos los fugitivos, sus perseguidores y los habitantes de esos pueblos fronterizos. De los presos que se fugaron -“muchos no lo hicieron porque no sabían a dónde ir”-, llegaron a la frontera 3 y fueron asesinados 206, además de los catorce hombres a los que se consideró que iniciaron la fuga y fueron fusilados en la Ciudadela de Pamplona.

Estos datos no los ha sabido desde niño Guerendiain, y eso que en un campo de su pueblo, Ciaurriz, están enterrados cuatro fugados a los que asesinaron sus perseguidores. “Me hablaron de asesinados y de una fuga, y ni siquiera hasta muchos años después lo asocié con la fuga de San Cristóbal”, señala este licenciado en Historia por la Universidad de Navarra, que ha sido librero y que desde hace seis años ejerce como profesor de Greografía e Historia en institutos navarros.

Pero antes o después, Mauro, su primera novela, tenía que llegar. Porque a ese vínculo con su pueblo se une que en 2013 leyó Los fugados del fuerte de Ezkaba, la investigación publicada por Pamiela que firmó Fermín Ezkieta con nuevos datos sobre aquella evasión -“estaban entrevistadas varias personas de mi pueblo, gente que vivió la llegada de los fugados y narraba sus vivencias”, cuenta Guerendiain-. Y a todo esto, que antes de Mauro en su cuarta obra de teatro, Algoritmos (2019), ya incluyó una escena en la que aparecía la fuga.

COMO UNA "ROAD MOVIE" 

El penal, La huida, El pueblo, El bosque y La frontera son las cinco partes de esta novela en la que van surgiendo las voces de estos personajes, en primera persona, sobre lo que vivieron esos días. Y algunos están de manera cotinua y otros van y vienen, de forma intermitente o muy brevemente, para dos o tres páginas, propio de una novela en movimiento, como una road movie. “He querido narrar las experiencias de personajes que, con sus tragedias, se vieran como protagonistas secundarios de esa fuga. Y narrar en primera persona, además de que me sentía cómodo, me venía bien para esto”, admite Guerendiain ante que no quiso escribir una novela convencional tampoco en cuanto a la estructura.

Y si bien en Mauro se habla continuamente de la fuga, no es en este libro donde se puede encontrar la versión oficial de lo ocurrido porque no es lo que buscaba su autor. “Quise ir más allá. Mauro es ficción, y, como todas las novelas, me he tomado muchas licencias para narrar lo que quería, sobre todo a medida que el libro avanza, pues la primera parte, sobre los prisioneros en la cárcel, es posiblemente mucho más realista”.

Y tal vez la ficción ayude a difundir este acontecimiento histórico: con las presentaciones del libro está comprobando que “se sabe muy poco sobre la fuga”. “No se nos ha hablado de ella ni en Primaria, ni en Secundaria, ni en Bachillerato, ni en la universidad. Es un acontecimiento histórico sin trascendencia a efectos del curso de la guerra porque no hizo que la balanza se inclinara hacia un lado u otro, pero en cuanto a la historiografía social y la memoria ha tenido mucha influencia”. Y él que se está moviendo fuera de Navarra con Mauro está viendo que desconocen sobre la fuga lectores, libreros, medios de comunicación...

LOS FAMILIARES

Confiesa que le preocupó qué pensarían de su novela los familiares de las víctimas de la fuga -“pero he recibido muy buenas opiniones y me he tranquilizado”- y reconoce a “la narrativa su capacidad de difusión”. “Y en este caso Mauro está consiguiendo que se hable de la fuga”.

Tampoco quiso que la novela resultara local ni ideológica, y por ese motivo lo más difícil fue huir del maniqueísmo. No le gustan las novelas de buenos y malos. “Pero aquí había gente que huía y gente que mataba. Y me ha costado mucho tratar en esta novela, sabiendo quiénes son los buenos y quiénes son los malos, que no hubiera mucho maniqueísmo, ya que incluso gente que trabajaba en el penal tenía ideas republicanas y estaban allá como castigo”.

En Mauro apenas hay descripciones, y las que existen las ofrecen los personajes al hablar, pues no hay un narrador omnisciente -“se definen por las conversaciones que tienen entre ellos”-. Tampoco se citan sitios concretos o cosas concretas. Todos los personajes son inventados. Ni siquiera sitúa al director de la cárcel en La Perla, como ocurrió aquel 22 de mayo: Guerendiain coloca al suyo en una tasca de la Estafeta. Pero se puede sentir el frío de quien huye, la avidez del perseguidor por dar con algún fugado o la incomprensión de la vecina que no entiende por qué patria se lucha ni qué quieren decirle cuando hablan de los rojos.

Hoy, con la novela en la mano y toda la trayectoria emocional que le une a la fuga de San Cristóbal, Guerendiain se siente “muy orgulloso y reconfortado” con Mauro. “Cuando terminé la novela, me sentí muy contento porque había escrito una novela muy personal, salida de lo más puro de mí”.

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