Historias familiares
"Ha muerto Nati, esa mujer sencilla que te recibía con un abrazo y una tortilla de patata"


Actualizado el 24/11/2024 a las 09:18
Ha muerto Nati. La madre de mi amiga Jaione. Esa mujer adorable y sencilla que siempre te recibía con un abrazo y una tortilla de patata sobre la mesa de la cocina. “Venga, comed”, nos animaba. Aquella navarra recia que nació en plena Guerra Civil, que tuvo que dejar la casa del pueblo, el ganado y la vida pausada de Beuntza (valle de Atetz) para emigrar a la Guipúzcoa industrial de los años cincuenta y después al sur de Francia. Para trabajar sin descanso. Una mujer de hierro, como la definió su hija en el funeral, y que, como tantas otras de su generación, renunció a todo para que a sus hijos no les faltara de nada. “Sin una sola queja y siempre mirando hacia adelante”. No puedo dejar de pensar ahora en el cariño que siempre desprendía y en cómo tricotó jerseys y patucos con lana azul para todos mis hijos cuando esas artesanías ya no se estilaban. Al menos, en nuestra vida rápida de la ropa y el tiempo de quita y pon. Pienso también en cómo ha protagonizado su propia biografía y en cómo se ha aferrado a la vida hasta el final. Porque, a sus 86 años, aún no quería marcharse de este mundo. Ya que nunca es buen momento. Sobre todo, cuando se ha sido más que una abuela, una madre elevada a la enésima potencia, para su nieto Andoni. Una categoría que te niegas a abandonar. Vayan estas líneas para todas las mujeres fuertes y valientes, como ella. Para esas féminas que, aunque no hubieran podido estudiar, son maestras en la universidad de la vida.
La partida de Nati ha coincidido en la misma semana en la que recibí, junto con mi compañera Eva Fernández y mi colega Patricia Ruiz (de Navarra Capital), el Premio Tomás Belzunegui de Periodismo, que concede desde 2000 la Sociedad Navarra de Geriatría y Gerontología. Una galardón especialmente entrañable que apuesta por la promoción de la imagen positiva de las personas mayores. En mi caso, la de Amparo Zubiri Jaurrieta, doctora en Derecho Foral y, a sus 75 años, profesora voluntaria en la universidad para mayores Francisco Yunduráin (UMAFY), a la que entrevisté el pasado abril. Pero el mérito de Amparo no solo incluye estos logros (que también) sino que, como Nati, ofrece otro claro ejemplo de fortaleza y de hacer frente a la adversidad cuando no rendirse resulta la única opción. En su caso, con dos hijas adolescentes y tras el infarto que sufrió su marido, decidió estudiar la carrera de Derecho. Y no solo se conformó con licenciarse sino que cursó además el doctorado sobre un tema de gran interés para ella, ya que, como confiesa con orgullo, procede “de gente de campo”. Una historia inspiradora como tantas en las que vernos reflejadas a pesar de los cambios sociales y del paso inexorable del tiempo.
Acercarse a la vejez, a la enfermedad y caminar hacia la inminencia de la muerte no es algo que se afronte con alegría. Sino con temor, pavor más bien, ante lo desconocido. No obstante, ejemplos como los de Nati y Amparo nos hacen darnos cuenta de la importancia avanzar siempre hacia adelante. Aunque el final no sea siempre dorado. Ni la realidad se pinte de color de rosa.