Dos navarros recrean la Armada Real Española
El pamplonés Jordi Bru y el catedrático de la Universidad de Navarra Rafael Torres han replicado en un libro cómo era una de las instituciones militares más importantes de España en el siglo XVIII


Actualizado el 22/09/2024 a las 23:39
La Armada Real Española fue en el siglo XVIII una de las más poderosas del mundo. Contaba con barcos avanzados para su época, la sostenía toda una maquinaría administrativa y todo un entramado casi industrial de trabajadores. Sin embargo, a juicio de Jordi Bru y Rafael Torres, ha quedado minusvalorada. Ahora, gracias a ellos dos, esa Armada española cuenta con algo único. “Ninguna armada del mundo, ni la estadounidense, ni la francesa, ni la inglesa, tiene un libro como este. Es la primera vez que se hace una obra así, con fotografías, que va desde la idea del barco hasta su construcción, pasando por la vida cotidiana o las batallas”, dice el fotógrafo Jordi Bru (Pamplona, 1967), que después de trabajar en prensa y en publicidad, se adentró en la creación fotográfica de escenas históricas, replicando las realidades de siglos atrás con imágenes que toma en recreaciones históricas y otros lugares y maneja con Photoshop. En este libro se ha encargado del texto Rafael Torres Sánchez (Cartagena, 1962), catedrático en la Universidad de Navarra e investigador de la historia militar del siglo XVIII. Ambos presentaron el libro esta semana en Pamplona, en un acto presentado por el periodista de Diario de Navarra Javier Iborra.


¿Por qué se decidieron por hacer un libro sobre una institución como la Armada Real?
La idea surgió en la última presentación de mi último libro, 'Soldados', en Pamplona. Rafa Torres había hecho un libro que se llama 'Historia de un triunfo' sobre la Armada, que es una maravilla, que cuenta desde la construcción de un barco hasta cómo funcionaban y cuáles eran sus partes, además de todo lo que había alrededor de la Armada Real en el siglo XVIII, cuando más fuerte fue. Al final de la presentación, me dijo: ¿para cuándo un libro sobre la Armada? Le dije que era imposible, porque hacen falta barcos, infantería de marina... Pero a los dos o tres días me puse delante del ordenador y empecé a hacer alguna prueba con alguna foto de un barco que tenía guardada. Y le llamé para decirle: “esto va a tener mucho trabajo, pero se va a poder hacer”.
¿Quieren reivindicar a una entidad menos conocida que otras, como por ejemplo los Tercios de Flandes?
Es mucho más desconocida. El Imperio Español, en el siglo XVIII, ya estaban en decadencia, pero fue el momento cuando más territorio tenía. Era un imperio global y para mantener los territorios y el comercio, hacía falta una armada poderosa. Y eso es lo que tiene España en el siglo XVIII: La mejor armada prácticamente del mundo, junto con los ingleses.
¿Cómo era la vida para esos marineros de la Armada Real?
Nada fácil. Todo el mundo trabajaba en los navíos o en las fragatas, que eran enormes, a veces hacían falta cientos de personas. Las condiciones eran horribles. No había letrinas, solo unos agujeros en la proa del barco donde la gente se iba a hacer sus necesidades. La comida, imagínate... aunque dicen que los barcos españoles era donde mejor se comía, porque por experiencia sabían que comiendo verduras evitaban enfermedades como el escorbuto, algo que los los ingleses tardaron muchísimo tiempo en descubrir. Dormir, dormían en turnos de ocho horas, en una especie de hamaca mientras todo el mundo seguía trabajando alrededor.


Eso en la vida normal, pero ya el zafarrancho de combate...
Tenía que ser tremendo. Todo en un navío de la Armada era para la guerra, para cañonear. Todo el trabajo iba dirigido a eso. Se dormía y se comía encima de los cañones. Y cuando había combate, todo el mundo estaba ya en pie, trabajando apenas sin luz dentro de las diferentes cubiertas, donde estaban los cañones, donde casi no se podía ni respirar, donde había cantidad de humo, hacía calor, heridas... Un horror.
¿Qué tipo de gente estaba en la Armada?
Había mucha gente civil, a diferencia de ahora, que todo el mundo que hay en un barco del Ejército es militar. Eran marinos civiles que firmaban contratos con la Armada. Ya a finales del siglo XVIII, cuando se desata una crisis brutal, eso cambia. Para la batalla de Trafalgar, en 1805, fueron a tierra, a los pueblos de Cádiz, a coger a la gente por obligación. Esas personas no se habían metido nunca en un barco, así que cuando de repente les ponían ahí, acababan mareados, sin saben lo que hacer. Una de las razones de la pérdida de Trafalgar fue esa. Pero eso ya fue a principios del XIX. Durante todo el siglo XVIII, los españoles habían sido los mejores navegando.


¿Marcó precisamente Trafalgar el declive de la propia Armada?
Rafa Torres dice que lo de Trafalgar no fue tan grave. La decaída de la Armada había venido unos años antes por la crisis económica. Si tú no tienes dinero, no pueden mantener estos barcos, ni la marinería.
El libro trata incluso de la construcción de los barcos.
Sí, desde el corte de la madera hasta los bosques que tenía la Armada para obtenerla. Propiedad de la Armada había bosques en Burgos, en Navarra, en Cataluña, en un montón de sitios. Antes del siglo XVIII no había planos de los barcos, así que cada astillero hacía el barco según su experiencia, y no había dos barcos iguales. En ese siglo se empieza a sistematizar la construcción de un barco, se empiezan a seguir planos para que un barco construido en el astillero de Cartagena pueda ser igual que otro construido La Habana. La construcción de los barcos era la empresa pesada de la época.Generaba muchísmo trabajo, así que la cantidad de gente que vivía de la Armada es impresionante. Rafa Torres dice por eso que la de la Armada es una historia en la que participa toda la sociedad.


Como las catedrales en la Edad Media.
O como la industria del coche hoy. Existe toda una industria que rodea la construcción de un coche, ¿no? Pues con la Armada era un poco igual. Hacían falta carreteros para transportar todo, gente que fabricara velas, que hiciera cuerdas. Era necesario cortar la madera, hacer la pez, los cañones, la munición... Todo lo que había que construir era una brutalidad.
Hablaba antes de las dificultades para hacer el libro. Usted trabaja a partir de imágenes tomadas en recreaciones, pero los barcos ya no existen. ¿Cómo lo ha hecho?
Además de hacer fotos en recreaciones, el 100 % de lo que utilizo es producción propia. Yo no cojo fotos de ningún sitio. Así que he tirado de recreaciones de la Guerra de Sucesión del principio del siglo XVIII, y de finales como la que hacen en Santa Cruz de Tenerife del intento de conquista por parte de los británicos, de las Canarias de 1797. He tenido que ir a Santa Cruz de Tenerife a hacer fotos específicas para este libro. He tirado también de algún uniforme histórico que tiene el Ejército. Al Regimiento Saboya les pedí que me mandaran el uniforme de su compañía histórica del siglo XVIII, y vestimos con ellos a los del Regimiento Sicilia de San Sebastián. Ha habido que hacer filigranas, en realidad, porque hay que buscar muchísimo material.
¿Y los barcos?
Fue complicadísimo, fue por lo que más tuve que viajar. Fuí por ejemplo a Rouen (Francia), donde se hace una convención de navíos históricos cada cuatro años. De los veintitantos barcos que van, había dos o tres que me interesaban. Sobre todo, necesitaba velas: hinchadas, recogidas... Fui a Barcelona también cuando estuvo la réplica del Götheborg, a Francia a hacer el Hermione, a Portsmouth, donde está el Victory. Muchos de los interiores del libro salen de ese navío, que es el único barco del siglo XVIII que queda en pie.


Mucho tiempo y muchos kilómetros.
Hay miles de kilómetros detrás de cada foto. He ido a Cartagena, a Madrid, al Museo Naval , donde he fotografiado maquetas que se pueden poner de fondo en la imagen de una batalla. Con la bruma, con el humo de los cañonazos, con las imágenes de velas auténticas, parecen un barco totalmente real.
¿Decidían las escenas de antemano?
Una de las condiciones que puse a Rafa Torres para hacer este libro fue que me dijera lo que tenía que corregir. Hemos tenido que cambiar hasta las anclas de los barcos, porque no llevaban cadenas en esa época. Eran de cuerda. En una imagen, que es una cámara alta donde se reúnen los oficiales, pusimos un sombrero de oficial de la época encima de la mesa. Pues bien, a los tres días me llamó Rafa para quitarlo, porque había descubierto una norma en el reglamento de la Armada que prohibía poner los sombreros encima de la mesa. Como esa, miles de cosas.

