Espectáculos

¿Vas a ver 'Chicago'? Estas fueron las asesinas que inspiraron el musical

Hace cien años, Beulah Annan y Belva Gaertner mataron a sus amantes y sirvieron de modelo para una obra de teatro escrita por la periodista que cubrió sus casos

A la izquierda, Beulah Annan, que inspiró el personaje de Roxie Hart. A la derecha, Belva Gaertner, qe inspiró a Velma Kelly, con el traje de la prisión
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A la izquierda, Beulah Annan, que inspiró el personaje de Roxie Hart. A la derecha, Belva Gaertner, qe inspiró a Velma Kelly, con el traje de la prisión
A la izquierda, Beulah Annan, que inspiró el personaje de Roxie Hart. A la derecha, Belva Gaertner, qe inspiró a Velma Kelly, con el traje de la prisión

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Fernando Hernández

Actualizado el 19/09/2024 a las 17:36

"Van a ver ustedes una historia de asesinatos, corrupción, explotación, adulterio y traición: todo eso que amamos y llevamos tan cerca del corazón". A estas palabras, que en unas semanas sonarán en el Baluarte para anunciar el comienzo del musical Chicago, les falta añadir un elemento: se trata de una historia real.

Antes de convertirse en personajes de ficción, Roxie Hart, Velma Kelly, Billy Flynn o Amos Hart existieron bajo los nombres de Beulah Annan, Belva Gaertner, William Scott Stewart o Albert Annan. Una periodista y dramaturga, Maurine Dallas Watkins, contó su historia. Primero, cubriendo los juicios por asesinato contra Beulah y Belva, y, más tarde, escribiendo la obra de teatro Chicago, en la que se basa el musical, estrenado en 1975.

Chicago, 1924. Tras la Primera Guerra Mundial, la economía crecía con fuerza, el jazz sonaba en las ciudades y el optimismo se extendía por Estados Unidos. En 1920 habían entrado en vigor dos enmiendas a la Constitución: una prohibía la fabricación y venta de licores, vino y cerveza; la otra otorgaba el voto a las mujeres.

La liberación de la mujer no sólo había sido política, sino también económica y educativa. Pero entre los nuevos campos que ocupaban las mujeres también estaba el del crimen. Los cometidos por mujeres habían crecido en Chicago. En 1924 llegó a haber siete acusadas de asesinato en espera de juicio. Y habitualmente no eran condenadas.

JURADOS QUE NO CONDENABAN

Doug Perry, que publicó un libro titulado 'Chicas en la ciudad del asesinato', recordaba en una entrevista con el Christian Science Monitor que "los jurados seguían siendo solamente masculinos en Illinois, y una de las premisas para el jurado medio era que las mujeres no eran capaces de una violencia premeditada. Si una mujer se volvía violenta, tenía que haber una razón que la exculpase. Cuando una mujer disparaba a su marido o a su novio, algunos de los periódicos, que tenían reporteras especializadas llamadas 'las hermanas lloronas', exageraban la tragedia que le había ocurrido a la mujer, pero no a la víctima".

Pero Maurine Watkins, periodista que cubría esos juicios para el Chicago Tribune, no se creía esas historias. En parte, era la política editorial de su periódico, que estaba a favor de pedir siempre la pena capital, hasta el punto de que en la ciudad le llamaban "el periódico de la horca".

Watkins trabajó siete meses para el Tribune. Tenía 26 años y estaba más interesada por el periodismo que por el teatro. Sin embargo, en sólo tres meses consiguió publicar sus crónicas firmadas y se hizo cargo de cubrir tres sensacionales juicios. Dos fueron los que protagonizaron Beulah Annan y Belva Gaertner por matar a sus amantes. El tercero, contra Nathan Leopold y Richard Loeb, dos inteligentes jóvenes que habían matado a un chico de 14 años sólo por cometer un crimen perfecto y demostrar así su superioridad (Alfred Hitchcock se basó en su historia para la película 'La soga').

LOS ASESINATOS

El 12 de marzo de 1924, Belva Gaertner/Velma Kelly, una bailarina de cabaret, fue detenida por el asesinato de su amante Walter Law, un hombre casado y con un hijo que había aparecido muerto a tiros en el coche de Belva, junto a una botella de ginebra y un revólver con tres balas disparadas. Gaertner estaba en su casa, "con sangre en su abrigo, sangre en su vestido de terciopelo verde y plata y sangre en sus zapatos plateados". Según sus palabras, estaba tan borracha que no sabía qué había pasado.

Para entonces, con 40 años, ya se había divorciado dos veces y se había casado tres, dos de ellas con el fabricante de instrumentos médicos William Gaertner, de quien se separó otra vez y con quien se casó de nuevo tras el juicio.

En un tiempo en el que los periodistas tenían acceso ilimitado a las comisarías y las cárceles, Gaertner habló con Maurine Watkins: "Ninguna mujer puede amar a un hombre tanto como para matarlo. No vale la pena, porque siempre hay muchos más. ¿Por qué debería preocuparme si me quería o me dejaba? Ginebra y pistolas. Por separado son malas, pero juntas te meten en un follón del demonio, ¿verdad?".

No habían pasado tres semanas desde el crimen de Gaertner cuando Beulah Annan/Roxie Hart entró en escena. Era una cantante de jazz de 25 años y estaba casada con un mecánico llamado Albert Annan. El 3 de abril, Beulah disparó contra su amante, Harry Kalstedt, en el dormitorio del matrimonio, y, durante cuatro horas, mientras él agonizaba, estuvo escuchando en el gramófono el fox trot 'Hula Lou'. Después llamó a su marido y le dijo que había matado a un hombre que había intentado violarla.

No fue la única versión que dio Beulah del crimen. Cuando se le pasaron los efectos del alcohol, aseguró que había matado a su amante en un ataque de celos. Pero durante el juicio alegó defensa propia y aseguró que los dos se habían abalanzado sobre el revólver.

Maurine Watkins, periodista y autora de la obra 'Chicago', con un vestido que recuerda al de las presidiarias.
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Maurine Watkins, periodista y autora de la obra 'Chicago', con un vestido que recuerda al de las presidiarias.
Maurine Watkins, periodista y autora de la obra 'Chicago', con un vestido que recuerda al de las presidiarias.

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"Dicen que es la mujer más guapa acusada de asesinato en Chicago", escribió Maurine Watkins en una de sus crónicas. Eso no impidió que el fiscal buscara la pena de muerte. Pero el 8 de mayo, en un vuelco del caso, Annan anunció que estaba embarazada. "¿Condenará un jurado a muerte, enviará a prisión, a una futura madre?", se preguntaba Watkins.

Evidentemente, no. El 22 de mayo se escogió el jurado; el 24, el juicio había terminado. "Beulah Annan, cuya persecución del vino, los hombres y la música de jazz fue interrumpida por su locuacidad con el gatillo, recibió anoche la libertad de manos de un jurado 'a prueba de belleza'", escribió Watkins.

Al jurado le bastaron dos horas y tres votaciones para alcanzar el veredicto de no culpable. A ella le costó sólo unas horas más echar de su lado a su marido, que había vendido todos sus bienes para pagarle los abogados.

Uno de los letrados, William Scott Stewart, era un antiguo fiscal que terminó como abogado de la mafia y defensor de Al Capone. El otro, W. W. O’Brien, era uno de los criminalistas más relevantes de la ciudad.

El juicio a Belva Gaertner se retrasó algo más, y no comenzó hasta el 4 de junio. La defensa argumentaba que Walter Law no había sido asesinado, sino que se había quitado la vida. El forense sostuvo que no había forma de que Law se hubiera disparado, pero no consiguió convencer al jurado. Después de seis horas y media de deliberaciones (y de votar en ocho ocasiones el veredicto), fue declarada no culpable.

"El corredor de las asesinas pierde clase con la liberación de Belva", titulaba el Chicago Tribune. Sólo cuatro presas seguían en la cárcel del condado de Cook. Dos eran negras y de las otras dos el Tribune decía: "Bueno, ninguna ha sido condenada con la gracia o la belleza de Diana". "Así que no pueden esperar publicidad, tal vez ni siquiera la absolución", añadía la información.

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