Luis Miguel, el concierto más caro en Navarra
El recital del mexicano, que ha vendido entradas por 500 euros, es un caso extremo del encarecimiento de la música en vivo


Publicado el 02/07/2024 a las 05:00
El concierto de este miércoles de Luis Miguel va a ser con toda probabilidad el más caro que se ha celebrado en Navarra en los últimos tiempos. Este lunes todavía quedaban unas cuantas entradas, en sillas bastante cercanas al escenario, que tenían un precio de 400,1 euros, pero es que hace un mes ver de cerca al ídolo mexicano suponía abonar una localidad de 514,1 euros.
Ahora las más baratas son las sillas más trasera de la pista, que cuestan 137,9 euros, aunque se puede ver a Luis Miguel desde una posición intermedia por 172,10 euros. En la grada los precios oscilan entre 172,1 y 206,3 euros. Por cierto, que todas las entrada incluyen una donación de 1,1 euros a la Fundación Maestro Cares, dedicada a mejorar la vida de niños en comunidades desfavorecidas en América Latina y Estados Unidos.
Hasta ahora, el concierto más caro se había considerado el que dio Julio Iglesias en el Baluarte en octubre de 2012. Rozó el llenos con localidades que oscilaban entre los 90 y los 200 euros, 200 euros que hoy, de acuerdo a la subida del IPC en estos años, serían 243.
Por cierto, que la carestía de los precios para el concierto de Luis Miguel no es cosa exclusiva de Pamplona, como es de imaginar. El mexicano canta el próximo fin de semana en el Santiago Bernabeu de Madrid y las sillas más cercanas al escenario se podían adquirir ayer por casi 800 euros. Las más baratas, en las gradas más altas de estadio, salen por 86,6
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Encarecimiento general
Más allá de que los precios de las entradas de Luis Miguel hayan alcanzado cotas nuncas vistas por estas tierras, reflejan también el encarecimiento notable de las entradas a los conciertos que se hace muy evidente si se echa la vista décadas atrás. Una muestra, quizá la más clara, la el propio Luis Miguel. En 1999 cobró 4.000 o 5.000 pesetas por entrada (24 y 30 euros) en su concierto de la plaza de toros: hoy serían 42 o 52.
Otro ejemplo palmario quizá sea Bob Dylan. Visitó por primera vez Pamplona en 2008 para dar un concierto que iba a ser en la Plaza de Toros y acabó en el Anaitasuna. Los precios de aquel evento, una visita de campanillas a la capital navarra, oscilaban entre 50 y 60 euros, que hoy supondrían entre 64 y 74 euros. El cantautor ganador de un Nobel regresó en 2019, al Navarra Arena. En esos diez años los conciertos ya habían dado el salto en los precios, al menos los más caros: las entradas costaban entre 60 y 132 euros, a día de hoy entre 68 y 152.
En los últimos meses Pamplona ha recibido a los Tigres del Norte a entre 55 y 100 euros, a Marc Anthony entre 40 y 150, o a Sting entre 50 y 85. Décadas atrás tuvo a Elton John en el Sadar, en 1995, a 4.500 pesetas (27 euros que hoy son 52) o a Shakira por entre 38 y 44 euros de 2006, que son entre 52 y 61 hoy.
Dire Straits llenó la plaza de toros en su apogeo, en 1992, con entradas que costaban en pista 3.500 pesetas, 21 euros al cambio. Son 52,6 euros hoy. En 2019 fue Mark Knopfler, el alma del grupo, el que visitó el Navarra Arena. La entrada más barata costaba 40 euros, que cinco años más tarde suponen casi 46, y las más caras 105 (120 hoy). Precios, por cierto, a los que hay que añadir los gastos de gestión, desconocidos en tiempos pretéritos.
El festival heavy de hace unas semanas también es un buen ejemplo de encarecimiento. El concierto de Judas Priest con Saxon y Uriah Heep costó de 65 a 85 euros, sin incluir los gastos de distribución. En 2018, el festival que juntó en la Ciudadela a Status Quo, Uriah Heep, Kadavar, Jared James Nichols y Burning salía por un precio similar, 75 euros (hoy serían 86).
Sin embargo, hace más de 35 años, en 1988, la plaza de toros de Pamplona fue la sede de un festival heavy aún más potente, con unos Iron Maiden en su auge, Metallica en pleno crecimiento y otros dos nombres notables como Halloween y Anthrax. Las entradas costaban 2.500 pesetas de la época, 15 euros. Hoy no llegarían a 43 euros. Sin duda, eran tiempos más fáciles para entrar en conciertos.