Rodaje

Patxi Bisquert lleva al cine la vida del bertsolari Pello Mari Otaño

Cirauqui y Uterga acogen el rodaje después de pasar por Argentina y Guipúzcoa

Rodaje en Cirauqui de la película Ombuaren itzala, dirigida por Patxi Bisquert (al fondo a la derecha)
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Rodaje en Cirauqui de la película Ombuaren itzala, dirigida por Patxi Bisquert (al fondo a la derecha)
Rodaje en Cirauqui de la película Ombuaren itzala, dirigida por Patxi Bisquert (al fondo a la derecha)

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Ion Stegmeier

Actualizado el 21/06/2024 a las 00:26

La bodega de un antiguo caserón de Ciraqui retrocedió este jueves siglo y medio en el tiempo para convertirse en una concurrida cena, amenizada con bertsolaris, en la Guipúzcoa del siglo XIX. Patxi Bisquert, que interpretó a Tasio en la película de Montxo Armendariz, llevó allí el rodaje de su ópera prima como director, Ombuaren itzala (La sombra del ombú), con la que está rodando la historia de Pello Mari Otaño (Zizurkil, 1857- Argentina, 1910), un bertsolari y poeta atípico, vapuleado tanto por los carlistas como por los liberales, que se exilió en Argentina, volvió a su Zizurkil natal y de nuevo se tuvo que marchar arrastrando consigo una profunda melancolía. El ombú, de hecho, era un árbol que Otaño convirtió en símbolo de la nostalgia del emigrante, ya que era a la sombra de uno de ellos donde escribió algunas de sus composiciones más conocidas.

Joseba Usabiaga (Tolosa, 1981), conocido por Handia o El vasco y en los últimos años por recorrerse los pueblos con el circo euskaldun Gure Zirkua, es el actor que se mete en la piel de Otaño. “Es verdad que no hay audios ni muchas referencias de él, murió en una época en la que no se había grabado nada, pero siguiendo por imagen y por su trayectoria política y personal le veía como una persona seria, muy culta, un poeta, e inspirándome en un par de personajes intentas crearlo”, explica Usabiaga.

Este trabajo está siendo una experiencia atípica para él. “Normalmente un rodaje se empieza y se acaba todo seguido, aquí ha habido saltos de tiempo, por incompatibilidades de agendas, porque tenía que entrar un poquito más de dinero... ha ido a trozos pero al final va bien y acabará mejor”, confía. Usabiaga se entiende bien con el Bisquert director. “Él es actor y entiende bien la sensibilidad del actor, está dirigiendo muy bien, tiene todos los planos en la cabeza, el texto, cómo lo quiere relatar, tiene las cosas muy , muy claras”, asegura.

El rodaje, producido por Eguzki Art Zinema (Patxi Bisquert), arrancó el año pasado con una secuencia en la que participó el Orfeón Donostiarra en la plaza de la Trinidad de San Sebastián, y ha pasado también por Argentina, Zizurkil y Hondarribia. Después de Cirauqui se trasladarán también a Uterga y prevén concluirla en agosto.

En Cirauqui estos días participan más de veinte figurantes y en el equipo figuran profesionales navarros como Joseba Salegi (ayudante de dirección), los pamploneses Javier Asín (música) y Daniel Ciáurriz (sonido), Katia Chivite y Eva Alfonso (maquillaje). Para el guion Bisquert ha contado con la colaboración de Koldo Izaguirre y en el reparto además de Usabiaga intervienen Olatz Beobide, Sara Cózar, Iñaki Beraetxe, Maitane Pérez y Uma y Kandela Manterola, hijas ésta últimas de Bisquert. A lo largo de la película intervienen unos 40 actores y actrices. Otro hijo, Beñat Manterola, trabaja en el departamento de arte. El productor Txepe Lara también está colaborando con Bisquert.

Otaño compuso poemas muy populares en el País Vasco, que aún se recuerdan, y siguió siguió escribiendo capítulos de su historia en América. En Argentina tuvo tres hijas más y desarrolló una metodología para enseñar euskera a los hijos de la diáspora vasca. Pasó de posiciones liberal-fueristas a convertirse en republicano internacionalista convencido, y murió a los 53 años. El guión cuenta con fragmentos en castellano, en euskera y en gallego.

“Uno ya es Tasio para toda la vida”

Patxi Bisquert Manterola ha conseguido a sus 71 años cumplir el sueño de llevar al cine la vida del poeta y bertsolari Pedro Mari Otaño, zizurkildarra como él. Afincado en Marañón, Bisquert estará siempre asociado por el gran público a su papel de Tasio (1984).

Lleva años con este proyecto, ¿era ya en una misión para usted?

En verano hará 13 años. Me entró en la cabeza que había que hacer algo para recuperar la vida y obra de Pello Mari Otaño, era una pena que estuviera en el más absoluto olvido. En 2011 contacté con Koldo Izagirre para que me echara una mano en el guion y empezamos.

No se ha rendido.

Rendirse, jamás. Creo en el proyecto, en el personaje, en el cariño que todavía hoy sectores importantes profesan por Otaño y creo que era el momento de traer a colación este personaje y recuperarlo para las nuevas generaciones.

¿Se puede decir que tuvo una vida de película?

Sí. No fue un bertsolari reconocido como de plaza, tenía una voz muy delicada, era asmático, se ahogaba, le entraba la tos... tenía el sobrenombre de Katarro. Pero fue un innovador. Hasta entonces los bertsos se lanzaban en las plazas y sidrerías y el viento los esparcía y se perdían. Él empezó a escribirlos y popularizó los bertso-paperak (bertsos escritos). Aparte de eso, en el bertsolarismo mucha gente era medio analfabeta, y él era un hombre culto. Procedía de una familia con cierta cultura. Era un personaje muy singular. Con una vida muy complicada.

Y tuvo que exiliarse en Argentina.

Le tocó vivir esa batalla dialéctica y política que hubo en el siglo XIX entre dos bandos irreconciliables, los carlistas y los liberales. Él se sentía muy vasquista, muy fuerista, medio republicano, partidario de los fueros vascos, y en ese sentido se sentía liberal. Sin embargo, en cuanto a los reconocimientos del país, el cariño a la lengua, se acercaba más al mundo del carlismo. Vivía en esa dicotomía. Los liberales, porque les parecía tibio, no le ayudaban mucho. Y los carlistas, porque lo tenían como liberal, tampoco. Recibía hostias por todos lados. Y eso le obligó a tener que emigrar a Argentina.

La producción de la película ha sido atípica, ¿optó por hacerla en auzolan con la ayuda de mucha gente cuando se le cerraron todas las puertas?

Sí. Ahora lamento haber perdido tantos años buscando una productora. Yo creé una productora pequeña en Galicia, pero no me sentía capacitado para producir una película de este calibre. Los primeros años los dediqué a buscar una productora. En aquellos años tenía la idea de interpretar yo mismo a Otaño. Pero no hubo manera y cuando me harté decidí hacerle un auzolan.

¿Cómo?

Recordé que Amalur se rodó en los años 60 sin ningún tipo de ayuda, simplemente con la colaboración ciudadana. La lancé basándome en esa experiencia y también por la hilazón que el propio Otaño tiene con el auzolan. Otaño, a los 6 años, empieza a vivir en Karidadeko Benta, la posada que fue hecha en auzolan. Uno aportaba la madera, otro la mano de obra, el otro la cal... Después, cuando Otaño ya era un autor consagrado, un impresor de San Sebastián, Iraola, le dijo que sus bertsos tenían tal calidad que quería editar un libro, así que buscó posibles creadores y cuando reunión suficiente dinero hizo la edición.

¿Y en su caso cómo lo organiza?

He puesto 30.000 entradas-bono, a 10 euros cada uno. Cada uno que compre una entrada-bono se convierte en productor de la película. Hay un tercer auzolan que tiene que ver con Otaño.Cuando va a hacer su último viaje a Argentina, ya tiene tres hijos y la mujer. Son cinco pasajes de barco y no tiene dinero. Entonces, los amigos de la Unión Artesana, que todavía existe en San Sebastián, hicieron una especie de suscripción. Una peseta de aquí, 5 de allá, 10 de allí... reunieron 800 y pico pesetas y pudieron hacer ese viaje.

¿O sea que el propio Otaño le inspira el modo de salvar la financiación?

Sí. Viendo esa hilazón digo: “Me voy a lanzar” y fui a contar con los ayuntamientos de la Comunidad Autónoma Vasca, Navarra y también de Iparralde, pero también, gracias a la diáspora hemos sacado el auzolan fuera, a Galicia, Madrid y Argentina. Voy a producirlo de esa manera, con ayudas de los ayuntamientos, las entradas-bono y también he tenido que recurrir a las ayudas de la Diputación de Gipuzkoa, algo de ETB y del Gobierno Vasco.

¿Qué presupuesto tiene?

Todavía falta por completar un cachiño. Tiene un presupuesto muy mínimo, 700.000 euros, más o menos la mitad de lo que es un rodaje de los modestos. Para cubrir el presupuesto faltan aún unos 100.000 euros aproximadamente, que confío que vendrán en una parte importante de Televisión Española y lo que vayamos recuperando, de aquí al estreno.

Más que como director es conocido como actor, y ahí es inevitable hablar de Tasio. ¿Cómo ha vivido el renacer de la película con la versión restaurada que se ha estrenado en Cannes, 40 años después?

Tasio fue una película que marcó una etapa, teniendo en cuenta que el cine vasco estaba iniciándose aquellos años. Fue una película muy bien recibida, no solo aquí, sino que por su contenido se ha convertido en universal. Yo no he escuchado en ningún lugar del mundo que esa película no les guste. Cuando se estrenó en San Sebastián, en el festival, recuerdo que hubo dos periodistas, cada uno con un acento más llamativo, porque uno era de México D.F. y el otro, porteño de Buenos Aires. Y dijeron “¡peliculónnn!”, todo muy exagerado. Estábamos en el Hotel María Cristina, y ellos vinieron a buscarnos a nosotros, en vez de esperar a la rueda de prensa. Estaban alucinados. Les pareció una película soberbia, magistral. La comparaban con Dersu Uzala. Tasio tiene esa universalidad.

Y a usted ese personaje le va a acompañar toda la vida, como Tarzán a Johnny Weissmüller.

Pues sí. Todavía hoy, aquí en Navarra, no me llaman por Patxi, me llaman Tasio. Ahora mismo llevo casi dos años viviendo en Marañón y cuando llegué allí decían: “¡Ha venido Tasio a vivir aquí, a Marañón!” Uno ya es Tasio para toda la vida.Ese hombre, de alguna forma, imprime un espíritu de libertad. Esa ascendencia que todos tenemos, o soñamos, con la libertad del hombre libre. Eso es lo que representa un poco el buen salvaje de Rousseau. Tasio es un alimañero, pero es respetuoso con la naturaleza. Va poniendo cepos y trampas para, al final, arrancarles la piel y vender la piel. Con eso él tiene que sacar adelante a la familia. Pero no es un depredador en el sentido bestial, sino que mantiene el equilibrio con la naturaleza. Y, además, educa en eso a sus hijos.

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