Muere a los 96 años Patxi Buldain, el artista libertario de Huarte

Exiliado en Francia y alma del recordado Taller de Pintura y Escultura de Huarte, Buldain fue un ser libre personal y artísticamente

Patxi Buldain en una exposición de la propia fundación Buldain de Huarte
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Patxi Buldain en una exposición de la propia fundación Buldain de Huarte
Patxi Buldain en una exposición de la propia fundación Buldain de Huarte

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Ion Stegmeier

Actualizado el 21/01/2024 a las 19:34

La localidad de Huarte perdió ayer a uno de sus vecinos más singulares y queridos. El artista Patxi Buldain Aldave falleció a los 96 años de edad como consecuencia de una caída sufrida la noche del 6 al 7 de enero en su casa. Deja así un hueco difícil de reemplazar en el panorama cultural local. Buldain fue una figura única del arte navarro, experimentó durante toda su vida con materiales inusuales como los somieres de las camas o las ruedas de bicicleta; desarrolló técnicas propias como un puntillismo con el que retrataba a la gente de la calle; fue protagonista de una vida agitada que le llevó a exiliarse en Francia, donde entró en contacto con las vanguardias europeas, y dejó una enorme huella entre los pintores que se formaron con él en el Taller de pintura y escultura que impartió en Huarte.

Buldain nació en la calle Zapatería de Pamplona en 1927. Eran seis hermanos. Su primer empleo fue de guarnicionero en la calle Ansoleaga pero desde bien pronto empezó a pintar y se apuntó a la Escuela de Artes y Oficios. Para evitarle problemas por sus incipientes ideas de izquierda en pleno franquismo, su padre logró convencerle de que se alistara en el ejército. Entró en el Batallón de Montaña de Montejurra nº20 con 19 años y en Eugui fue testigo de un hecho que le marcó profundamente: unos militares mataron delante de él a dos maquis y les quitaron la ropa y las botas. Buldain se ofreció a ser corneta mientras pensaba ya cómo podía desertar. En 1948 robó una pistola y una bomba Lafitte y se escondió en una oquedad tras una cascada del monte Larrun. “Me escapé por no cazar maquis”, decía en una entrevista de 2009. Cruzó por Bera, a pie, vestido de militar, y fue apresado por los gendarmes franceses, que le llevaron al calabozo en Bayona. Ya con un carnet de refugiado, las autoridades galas le dieron un billete de tren a Lonwy, en la frontera con Luxemburgo, y consiguió trabajo en una fundación de Amberes. Allí permaneció un año, pasando frío y durmiendo en barracones de madera. Él se quería ir pero no le indemnizaban, de modo que junto con dos amigos hicieron una huelga de brazos caídos hasta conseguir lo que querían.

Patxi Buldain lanza el cohete en fiestas de Huarte de 2019
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Patxi Buldain lanza el cohete en fiestas de Huarte de 2019calleja
Patxi Buldain lanza el cohete en fiestas de Huarte de 2019

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Una de sus mayores aventuras tuvo lugar cuando se coló como polizón en un barco rumbo a Nueva York, con otros dos amigos. Accedieron al barco trepando por una cuerda, en el puerto de Dunkerque. Cuando llevaban 24 horas a bordo salieron de su escondite, fueron llevados a presencia del capitán y, contra todo pronóstico, les pusieron a trabajar, con sueldo, porque hacía falta gente. Pero al llegar a Nueva York, tras pasar por el calabozo, les dieron un saco de ropa caqui, pantalones, camisetas y paquetes de Lucky Strike y los devolvieron a Francia.

A la vuelta, Buldain se instala en Lille, se apunta a la escuela de L’Art Libre y trabaja en una fábrica de cuchillas de afeitar. Empieza a vender sus primeros cuadros. Su fama se dispara y el Ministerio de Cultura francés le concede una pensión. En 1948 llega por fin a París, su meta, y se instala en Montmartre. Estudió Bellas Artes en la academia de la Grande Chaumière, convivió con surrealistas, cubistas y dadaístas, pero él iba siempre por libre. Conoció entre otros a Sartre, Camus o Picasso, pero también a gente como Django Reinhard, un músico de jazz gitano -a pesar de tener solo dos dedos en la mano- con el que hablaba mucho y al que muchos años después dedicó un cuadro. “Allí me creé mi mundo”, solía decir.

En París pintaba de día y fregaba los platos en un restaurante de noche. A los 34 años, en 1961, obtiene el diploma de honor del Salón Internacional de París. Y con ocasión del viaje del general De Gaulle a Senegal y Dakar, el Gobierno de Malí solicita varias de sus obras para ser expuestas en las galerías de arte de Dakar.

Participó en una exposición en Saint Antoine de artistas expañoles, entre los que él era el más joven, junto con Millares o Picasso. “Tenía un montón de gente detrás, era como un dios”, recordaba sobre este último.

Obras hechas con somieres de cama en la exposición del Condestable
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Obras hechas con somieres de cama en la exposición del Condestablecalleja
Obras hechas con somieres de cama en la exposición del Condestable

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A finales de los años 60 volvió a Navarra. Resultó duro. Llevaba veinte años en Francia, donde gozaba de cierto prestigio, y al volver a cruzar la frontera encontró un ambiente cultural y artistico que no tenía nada que ver. Le llamaba la atención que las mujeres en Pamplona iban “muy bien peinadas y con mucho oro”, según señaló después. “Yo retrato la calle, no voy a pintar a un señorito de corbata, no tiene ninguna personalidad”, solía decir. En sus cuadros y esculturas le interesaba retratar a la gentede barrio, obrera, que él llamaba “la comedia humana”. “Yo soy de la puta calle, la vida está en la calle”, repetía al presentar sus exposiciones.

Buldain se instaló en Huarte, la localidad de su mujer, Sara Paternáin. Ella había sido enviada por su familia a París en 1955, con su hermana monja, porque en el pueblo no seguía los patrones convencionales, pero lejos de ser enderezada acabó siendo expulsada del convento y entabló amistad con los anarquistas y republicanos refugiados, como Patxi, con el que se casó y tuvo dos hijas, Celaida y Nuria. Huarte contaba entonces unos mil habitantes, siete veces menos que ahora.

Al volver Buldain practicó una pintura más abigarrada, en los 80 recuperó el óleo, su pintura se alegra, sale más expresionista y surgen las planchas de zinc. En los 90 recupera el acrílico y brotan los puntos, una técnica característica suya que surgió por necesidad, ya que le operaron el hombro y no podía levantar el brazo. Más tarde les insertó arenilla para darles volumen.

Buldain en la exposición que reunió a exalumnos de su taller en el Centro Huarte
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Buldain en la exposición que reunió a exalumnos de su taller en el Centro Huartejosé carlos cordovilla
Buldain en la exposición que reunió a exalumnos de su taller en el Centro Huarte

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Nunca tuvo problema en experimentar y adaptarse a las circunstancias, como cuando empezó a utilizar los somieres. Decía que la pintura era para el verano, porque había más luz y veía mejor -le operaron de cataratas- y los somieres, cuyas mallas metálicas retorcía para darles apariencia humana, para el invierno. La cama es donde se hace todo, solía explicar, donde se nace, se muere, se piensa, se ama y se sueña, y le interesaba trabajar con esa parte de la vida que el ser humano no controla del todo. También utilizó ruedas de bicicleta.

Buldain es muy recordado por los alumnos del taller de pintura que impartió en Huarte. Los alumnos tenían una copia de la llave, e iban cuando quería cada uno. La libertad la aplicaba en todos los sentidos. Allí tuvo de pupilos a artistas como Koldo Agarraberes, Natxo Barberena, Pablo Juarros, Luis Morea, Arturo Navaz o Oskar Paternain; convivían alumnos de 60 años con gente de 17. Oficialmente se llamaba Taller de pintura y escultura municipal de Huarte, pero Buldain lo llamaba el “movimiento pensante”.

Para su propio trabajo, el artista se construyó lo que llamaba “el monasterio de manzano”, una chabola en la zona de las huertas de Huarte donde trabajaba en silencio, con la única compañía de los frutales. Compatibilizó esa sede como lugar de trabajo junto a una bajera en el pueblo.

Desde que ingresó en las juventudes libertarias con 20 años, Buldain siempre tuvo ideas anarquistas, antes incluso de saber que se llamaban así. Estando en París conoció al mítico anarquista navarro Lucio Urtubia y años después fue homenajeado por la asociación anarquista Anselmo Lorenzo de Madrid. Él se declaraba bohemio, soñador y, según recuerda su hija Nuria, solía recordar que él no se metía en la vida de nadie, de modo que pedía lo mismo a la inversa.

Después de enviudar en diciembre de 2014, y de ser abuelo en tres ocasiones, Buldain recibió algunos reconocimientos. En 2019 lanzó el cohete en las fiestas de Huarte a los 92 años. “¡Cebolleros, cebolleras, viva las fiestas de Huarte! ¡Qué lo paséis bien!”, proclamó desde el balcón. Además fue protagonista de un documental titulado Patxi, de Ezequiel Degastaldi, y el Ayuntamiento de Huarte publicó su biografía, Lienzos libertarios, escrita por Pili Rubio Carmona. El Centro Huarte de Arte Contemporáneo recordó el taller de Buldain en 2017 y el Condestable de Pamplona le dedicó una muestra antológica en 2018, Ensoñaciones del maestro solitario. Un año después una exposición suya formó parte del ciclo Arte Nuevo en el hotel Maisonnave de Pamplona.

No paró de pintar hasta principios del 2020, cumplidos ya los 92 años, cuando hacía cuadros de pequeños formato. “Trasteaba en la bajera”, recuerda su hija Nuria.

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