Yacimiento
Hallan en Irulegi la primera casa con escalera de la Edad de Hierro del Pirineo occidental
El emplazamiento muestra el mestizaje cultural y la romanización de los vascones al final del periodo


Actualizado el 14/09/2023 a las 17:35
La excavación de este verano en Irulegi ha sacado a la luz miles de fragmentos de cerámica, huesos de animales, armas y enseres domésticos que muestran que la romanización fue menos brusca. Pero confirman que todo el poblado fue atacado y abandonado
La mano de Irulegi, la pieza de bronce descubierta en una de las campañas arqueológicas que desde 2007 se llevan a cabo en la peña de Laquidáin, en el valle de Aranguren, abrió una nueva línea de investigación sobre los orígenes de la lengua vasca. Tres años después de aquel hallazgo y diez meses después de que se hiciera público, el poblado vascón de la Edad de Hierro sigue descubriendo la historia que quedó enterrada al inicio de las guerras Sertorianas a 893 metros de altura, en Irulegi. Así quedó claro este jueves 14 de septiembre, cuando Aranzadi y el Ayuntamiento de Aranguren hicieron balance de la más larga y numerosa campaña de excavación, regada con fondos estatales y europeos sumados a las aportaciones que desde hace quince años hace el municipio comarcano. Lo contó el director del proyecto y miembro de la sociedad de ciencias, Mattin Aiestaran. “Resuelve una pieza del puzzle que desconocíamos y muestra un mestizaje cultural importante y la romanización del pueblo indígena, los vascones, que es más paulatina y compleja y no tan brusca como se creía”, explicó ante un enjambre de micrófonos, cámaras de televisión y de fotografía que rodea, desde noviembre, casi todas las acciones de cara al público relacionadas con Irulegi.
Antes habían enseñado la nueva vivienda que ha salido a la luz. Las escaleras, siete peldaños perfectamente conservados, que le dan paso desde la calle. Y algunas de las cientos de piezas de cerámica, metal y restos óseos que han recogido estos tres últimos meses los 100 voluntarios y arqueólogos de Aranzadi que han subido semanalmente hasta la peña desde el palacio de Góngora, centro de operaciones y pernoctación para voluntarios.
SINGULARIDADES
No contaron si entre los restos ha salido una nueva “mano” o alguna pieza arqueológica que pueda tener el valor de aquella, la primera declarada Bien de Interés Cultural por el Gobierno de Navarra. Una figura de protección que también han dado en los últimos meses a toda la excavación, tal y como pedían desde Aranguren, que de la mano de la sociedad de ciencias Aranzadi sacó a la luz primero el castillo medieval, atalaya para ver buena parte de Navarra y también ahora el poblado semienterrado.
Quizá no se sepa todavía, puesto que los restos se van depositando en Cordovilla, en el archivo arqueológico de Navarra. Pero eso no resta valor al trabajo realizado, según Mattin Aiestaran. A veces en su euskera materno, a veces en castellano, según las preguntas de sus interlocutores, fue desgranando el estado de la excavación y los logros. Y habló de singularidades.
La campaña, iniciada el 19 de junio, tenía como objetivo conocer el urbanismo de Irulegi y su configuración. Se extendieron hacia el este, respecto a los trabajos de otros años y la calle principal que se había encontrado con anterioridad. Las exploraciones geofísicas de 2010 y 2018 y otras repetidas este año con radar y otros métodos ya enseñaban que los signos de combustión eran menos evidentes y hacían pensar que igual se libró de ataques y del incendio en alguna de las batallas de las guerras Sertorianas.
Tres meses después, la conclusión es otra. Se ha constatado que también fue atacada y abandonada en la misma época. Han aflorado, cuentan los técnicos, indicios de combustión muy notables. Y un gran número de armas que demuestran un contexto de ataque.
Respecto al urbanismo, la tercera de las viviendas encontradas en Irulegi presenta características singulares, como su construcción por fases. Primero una planta rectangular más pequeña y ampliaciones hasta duplicar su tamaño. Y la ampliación ha mostrado unas escaleras de piedra en su entrada desde la calle principal. “Son las únicas de este tipo recuperadas en un poblado de la Edad del Hierro entono el Prieto Occidental y destaca la buena conservación de sus siete peldaños”, resumía la nota de Aranzadi. Mattin Airestaran, sobre el terreno, mostraba el estado de la estructura.
Ánforas con vino y aceite
El incendio que sucedió a los ataques a Irulegi permitió, a la vez, conservar decenas de restos, de la vida cotidiana y de la guerra, que 2.100 años después permiten entender mejor el contexto histórico y la forma de vida. Algunos se mostraban en Irulegi, a pie de excavación. Como un molino de piedra como los que había en cada casa. “No había un edificio para el molino, lo que da muestra de la condición socioeconómica de las familias y muestra el reparto de tierras”, explicó Aiestaran. Han aparecido unas 70 puntas de flecha incendiarias, lo que no es muy común y habla del ataque. Hay adornos de pasta vítrea, piezas de espadas y la punta de un báculo que denota la autoridad del que lo poseía.
Las piezas, explicó el director de la excavación, muestran los influjos del norte (Aquitania) y del sur, (Valle del Ebro). “Hay singularidades, como ánforas de uso culinario, una para aceite del Adriático y otra para vino de Tricia (Italia). Un vino que se consumía en vasos de cerámica cartaginense. Se ve un mestizaje cultural, la romanización del pueblo vascón y hay que ahondar en esta idea”. “Se han visto importaciones de objetos y en el urbanismo. Imitan técnicas de construcción romanas y demuestra que los vascones ya saben sorbe los romanos, han visto el mediterráneo y l intentan traer y adaptar sin perder sus peculiaridades”.
Lo que sigue sin aparecer son restos humanos, más allá de los de un bebé perinatal enterrado en una de las primeras casas y que salió a la luz en 2019. Sí se han encontrado huesos de animales. Quizá más adelante. El conjunto del poblado pudo ocupar 14 hectáreas por el monte, pero se han excavado 2,2. Sitio hay para más descubrir más historias.