Ciencia
David Aguilar, bioingeniero: "Bromeaba con mi falta de brazo para que otros no lo hicieran"
Tenía 9 años cuando con piezas Lego se fabricó una prótesis para el antebrazo derecho que le faltaba, y ya no paró. Hoy, con 24 años, defensor de la inclusión y de la innovación, imparte charlas sobre su historia. Este viernes estuvo en Pamplona.


Publicado el 25/06/2023 a las 06:00
Fue a construir un barco con piezas de Lego y acabó fabricándose con ellas una prótesis para el antebrazo derecho que le faltaba desde nacimiento, por el Síndrome de Poland, una enfermedad congénita que impidió que se desarrollara su antebrazo y músculo pectoral derechos. David Aguilar Amphoux, nacido en Andorra el 25 de febrero de 1999, tenía entonces 9 años, y hoy, con 24, es reconocido internacionalmente por ser el creador de la gama de brazos protésicos MK de LEGO. En las redes 'Hand Solo' (solo una mano) y defensor de la inclusión y de la innovación, en los últimos cinco años ha impartido un centenar de charlas en las que narra su historia, que incluye el 'bullying' al que se vio sometido en la escuela y que encerrarse de pequeño en su habitación a construir modelos de Lego le ayudaba a no pensar continuamente en los comentarios, las risas y las mofas de los que se querían divertir con el chico ‘raro’. “Era mi objeto de refugio”, cuenta ahora. Embajador de la Fundación Adecco, este viernes habló en el CIMA, dos días después de haber presentado en la Universidad Internacional de Catalunya el Trabajo Fin de Grado de Bioingeniería -“ya soy bioingeniero”-. Ha protagonizado el documental 'Mr. Hand Solo' y publicado el libro 'Pieza a pieza. La historia del chico que se construyó a sí mismo'. En él cuenta, por ejemplo, que cuando aprendió a atarse los cordones, ya no se quitó las zapatillas de deporte.
He mirado cómo va calzado y sí, lleva zapatillas de deporte.
[ríe].
¿Cuándo aprendió a atárselas?
A una edad bastante temprana, la verdad. Empecé a practicar en la escuela, con estos juguetes que te daban para atar, y desde entonces lo hago solo. Pero cuando necesito un buen nudo, se lo tengo que pedir a alguien, porque con mi condición me cuesta un poco hacer un nudo con fuerza y que resista. En mi caso, el nudo se queda atado seis o siete meses, hasta que se deshace.
Ha contado que las miradas de lástima han sido como viejas amigas. ¿Cuáles recibe ahora?
La mayoría son de asombro y algunas siguen siendo de confusión porque hay gente que, por desgracia, no conoce aún este juguete [en referencia a Lego] y se pregunta si son piezas. Les cuento que sí y que he montado con ellas un brazo. Sobre todo me lo dice gente un poco más mayor, pero también jóvenes que aún no conocen el Lego y se preguntan cómo puede funcionar algo así. Les explico con más detalle cómo, y se interesan, porque muchas veces veo que, cuando llegan sus padres para recogerlos después de una de mis conferencias, se ponen a mirar en Amazon juguetes de Lego para construir. Soy, entre comillas, como un promotor, pero no me pagan [ríe].
¿Recuerda la primera vez que le llamaron para dar una charla?
Sí, fue en mi escuela, para alumnos de 3º de la ESO [14-15 años]. Como curiosidad, justo ahí encontré una nomenclatura para mis prótesis. Como la primera que construí y que llevé es de color amarillo y rojo, como la primera armadura de Iron Man, un chaval me dijo: “Es que te pareces a Iron Man”. Aquello me dio una idea para los nombres: MK1, MK2...
Con 17 años y la prótesis puesta, se plantó delante del espejo e hizo posturas con los brazos, en plan forzudo. Esa imagen podría ser tranquilamente la portada de un cómic de superhéroes.
[sonríe] De hecho, mi padre está empezando a redactar el texto y creo, porque mi padre no me ha dicho mucho, que nos hace falta un artista que lo dibuje.
¿Y qué siente si se le une con la palabra superhéroe?
Mucha humildad porque para nada soy capaz de volar, de levantar un coche... Sin embargo, creo que, teniendo el poder de cambiar la mentalidad de muchas personas, es como si fuera Charles Xavier, de los X Men, con la habilidad del control mental. Me siento casi casi un Charles Xavier con armadura de Iron Man en este caso [ríe]. El poder de cambiar la mentalidad sí que significa muchísimo: es lo que mueve a las personas y demuestra a la sociedad que se puede recapacitar, reconocer que hiciste mal a un chaval, disculparte con él y saber cómo está, si lo ha superado y, si no, ayudarle.
¿Qué tenía que contarles en aquella charla?
Las situaciones de 'bullying' que sufrí y cómo lo arreglé con los chavales que me molestaban, y con los profesores, y cómo conté a mis padres todo lo que me pasaba en la escuela, que al final me ha ayudado muchísimo. Porque contarlo es un impulso que la gente que sufre bullying necesita para no estar solo y para no acabar en una zona tan oscura que, por desgracia, lleva a veces a decisiones muy incorrectas. Dentro de lo que acabe, me adapté muchísimo a mi situación y acepté que había gente que me quería hacer bromas. ¡Incluso yo las hacía para intentar evitar que los demás las hicieran antes! En aquella primera charla estaba al principio un poco nervioso porque no tenía la seguridad de si haría una buena presentación. Pero, por suerte, en mi escuela nos han hecho hacer muchísimas presentaciones, y yo tenía ya la costumbre, solo que esta vez lo tenía preparado desde hacía 15 años.
Cuando se puso frente al espejo se dijo “¡estoy completo!” ¿Hay que serlo?
Ese “estoy completo” fue como una broma interna que me hice. Porque no hay que ser completo, no hace falta serlo. A mucha gente le falta un miembro, un brazo, una oreja, un dedo, un ojo... La normalidad que considero normal es tratar a todo el mundo con respeto, dándonos igual la condición física, por muy diferente que sea y muy compleja que sea su rutina debido a adaptaciones en la vida que puede necesitar. Porque una persona que necesita vivir más adaptada por no estar completa es normal. Las diferencias existen. Si fuéramos todos iguales, seríamos como los droides de Star Wars, y el planeta sería muy aburrido.
Creó dos prótesis para un niño de 8 años, Beknur. ¿Ha creado más para otras personas?
Me han llegado bastantes casos, pero no todos los puedo coger como un diseño de Lego porque me piden funcionalidad y las piezas de Lego tienen la limitación de que se pueden romper con facilidad y no es aconsejable para movimientos finos. Pero tengo un amigo que trabaja en Madrid en Ayúdame 3D, una compañía que, completamente gratis, envía a África prótesis para personas que necesitan un brazo funcional, y me dijeron que les derivara personas. De momento les he derivado diez.