Leticia Ruiz, directora de las Colecciones Reales; "Mostramos lo mejor que ha dado la relación entre arte y poder"
Ideado hace 25 años y tras una década de parones, el nuevo museo abrirá sus puertas el 28 de junio con solo 650 piezas de las casi 170.000 de Patrimonio Nacional


Publicado el 18/06/2023 a las 06:00
Leticia Ruiz Gómez (Santander, 62 años) está al frente de la Galería de las Colecciones Reales, que se dispone a abrir sus puertas el próximo 28 de junio tras diez años de aplazamientos y parones. Ha debido elegir 650 piezas de las casi 170.000 que atesora Patrimonio Nacional para su gran escaparate, el heterogéneo museo que "ofrece lo mejor de la relación entre arte y poder". Quiere acercar a la ciudadanía una institución "tan de todos como el Prado" y situar a la galería en un nuevo eje del arte alternativo al Prado-Recoletos.
¿Cuánto tardó en aceptar su nombramiento en 2020?
Me lo pensé. Estaba feliz en el Museo del Prado. Pero el reto de abrir la Galería de las Colecciones Reales merecía la pena. Es algo que solo sucede una vez cada seis vidas. Había estado en Patrimonio Nacional ocho años y tras veintidós en el Prado, volvía a casa.
¿Conocemos el valor de la colección de Patrimonio Nacional?
No. Y eso hace necesario este museo, que muestra la esencia de las colecciones reales y visibiliza a la institución cultural pública más importante de Europa. Patrimonio Nacional son un montón de palacios y monasterios con sus bienes en seis comunidades autónomas. Se sabe que El Escorial es un tótem de nuestra cultura o que el Palacio Real es uno de los mayores de Europa, pero se ignora que una institución única vela por ellos. Y es tan de todos como El Prado, el Reina Sofía o la Biblioteca Nacional.
Será un museo de síntesis. ¿Eso lo hace distinto?
Sin duda. Estamos en un contenedor muy novedoso que dialoga muy bien con el contenido. Cubre desde el siglo XI hasta hoy en un espacio fabuloso.
Son 650 piezas de las 170.000 de la colección de Patrimonio Nacional. ¿Una elección dolorosa?
Sí, pero también fascinante. Heredé una gran labor previa. Hice mis matizaciones y reduje piezas para aumentar el aparato informativo y formativo. Quien me suceda tendrá sus argumentos y todos sirven. Un museo es buscar un relato coherente.
Ser una colección tan heterogénea: ¿problema o virtud?
Virtud, sin duda. Es variado y ameno. Hay pintura, escultura, armaduras, tapices, carruajes, muebles, bordados, joyas... Puedes estar en el mejor museo de tapices del mundo, en la mejor armería, en una sala a la altura del Prado o en el mejor museo europeo de artes decorativas en el espacio de los Borbones.
¿La relación arte-poder es el alma de la colección?
Sí. Mostramos la parte más positiva de esa relación, que fue y es crucial. Y no solo poder político. Está el poder de los grandes críticos, los marchantes y los museos que trazan el camino. En cada época el poder es un concepto. Aquí hablamos del poder de la realeza, de cualquier monarquía. Un poder que requiere de ritos y formas de presentación que hacen que todo esto sea necesario.
¿Algo que envidiar a la de la corona británica?
No. Las colecciones británicas están en manos privadas: las del rey. Es muy distinta en cuanto a gestión y visibilidad. Siendo importante, es más pequeña, y no cuenta un acervo como el de los reales monasterios.
El apellido "Nacional" de Patrimonio suena a institución franquista, pero lo creó Azaña.
Es básicamente una creación de la II República, que decide abrir al público varios palacios reales. Fue Patrimonio de la República hasta que Franco cambió por Nacional. Refleja bien lo que es, pero nos confunden con Patrimonio del Estado o Patrimonio Histórico Artístico.
El museo se ideó hace 25 años y debió abrir hace 10. ¿Por qué tantos retrasos?
La tramitación administrativa y los concursos públicos son largos y complejos. El fallo del primer concurso se recurrió y se convocó otro. Ha sido una obra faraónica de alta ingeniería. Son 40.000 metros, con 9.000 para exposición en tres plantas. Se removieron miles de metros cúbicos de tierra y se salvaguardaron los hallazgos arqueológicos, la primera muralla árabe de Madrid, incorporada al museo.
¿Qué sorprenderá al espectador?
Lo primero el edificio. Su aparente punto débil es su fortaleza: no tiene visibilidad plena hasta que no llegas a él. Por sus dimensiones y la austeridad de sus materiales básicos: granito, madera y hormigón. Y por cómo convive con las piezas palaciegas, monásticas, a las que damos un contexto aclaratorio. Es un museo que forma deleitando.
El éxito de los museos se mide por su cifra de visitantes. ¿Cuántos esperan?
Es verdad que esa es la medida, como lo es que con exceso de afluencia la visita deja de ser placentera. Aspiramos, al menos, a los visitantes del Palacio Real, 1,5 millones antes de la pandemia. Pero me conformaría con un millón. Vamos a generar el centro neurálgico de un nuevo eje cultural alternativo al Prado-Recoletos: el Palacio Real, la catedral, los monasterios de las Descalzas y de la Encarnación, además del Palacio de Liria y el Museo Cerralbo. -¿Le inquieta que un giro político desbarate su proyecto? -No. Mi preocupación es el montaje que hemos hecho. El gran desafío es el rodaje de la galería, y para eso necesitamos estabilidad.
¿El precio de la entrada?