Esteban Moneo, escritor: "Tener sensibilidad no significa que escribas una novela de lágrima fácil"
Tras el libro autobiográfico ‘Una mañana cualquiera’, el pamplonés Esteban Moneo publica ‘El balcón del olvido’, una novela en la que no falta la intriga para abordar temas como la soledad o los egoísmos personales


Actualizado el 20/12/2023 a las 11:25
Las expectativas de futuro y las prioridades en la vida pueden cambiar de un día para otro. Puedes llevar más de dos décadas trabajando como financiero en una multinacional y, sin pretenderlo, convertirte en el autor de dos novelas en tres años. Incluso puedes aprender a valorar la vida de otra manera y a disfrutar de los pequeños momentos cuando sufres una enfermedad con la que inicias un calvario de dos años por distintas consultas médicas. Así le ocurrió al pamplonés Esteban Moneo Gil que cambió los números y balances financieros por las letras, que no pudo volver a su oficina en la empresa y que descubrió el placer por la escritura desde el despacho que se habilitó en su casa de Madrid. El autor de Una mañana cualquiera, novela de carácter autobiográfico que publicó en 2020, ha dado un giro a la ficción contemporánea con El balcón del olvido, novela en la que aborda temas como la familia, los egoísmos personales, la soledad, la necesidad de encontrarse a uno mismo o la incapacidad de las personas para gestionar los conflictos. El próximo martes, 26 de diciembre, Esteban Moneo presentará su libro en el Club de Lectura de Diario de Navarra en Tudela.
El balcón del olvido, su novela, ¿es un “thriller”?
Esta novela no tiene nada que ver conmigo ni con el libro anterior. Tampoco es un “thriller”, aunque haya una mujer fallecida. Tiene misterio, intriga, pero creo que es una novela de sentimientos. Cuando empecé a escribir quería hacer un “thriller”, pero una vez que la terminé y después de trabajar ocho meses con una editora sobre la consistencia de la trama cambié de opinión. Te identificas tanto con los personajes, te sensibilizas tanto con ellos que deja de ser un “thriller” puesto es que más un drama.
Todo comienza con el hallazgo del cadáver de una mujer que llevaba 15 años fallecida sin que nadie hubiera denunciado su desaparición . ¿Cómo llega a articular la historia?
Porque leí en la prensa este hecho, que ocurrió en Madrid. En 2019, cuando estaba inmerso en la escritura de Una mañana cualquiera, leí que habían encontrado el cadáver en un piso a dos manzanas de la calle en la que yo viví cuando llegué a Madrid. La historia me impactó, me pareció muy triste. Estaba todo el día pensando en esa mujer, en que durante el tiempo que estuvo fallecida nadie se preocupó por ella. Y así surgió un deseo de llevar a una novela lo que me estaba inquietando. La pregunta era: qué sucede en la vida de una persona para que nadie te eche de menos durante 15 años.
¿Ha encontrado la respuesta a esa inquietud tras varios meses de lectura y escritura?
Desde que hice el pantallazo a la noticia del periódico hasta que terminé la novela, no dejé de pensar en ese tema, le daba vueltas y vueltas. Me afectó como si fuese un familiar. Me dio un punto de pena, de tristeza, y no dejaba de pensar en personas mayores que conocía. No sé si he encontrado la respuesta, pero está claro que tiene que ver con las miserias personales que pueden arrastrar las personas. Por ejemplo, como se puede destruir una familia por una herencia de cuatro duros. O como puede ser la relación y la convivencia de una pareja cuando el hombre no se quiere jubilar porque su mujer no le deja fumar puros en casa.
¿Ha sido un salto al vacío pasar de un libro autobiográfico a esta novela?
No sé si es un salto al vacío, era yo quien sentía esa vacío. Con mi libro anterior viví una especie de sprint pues el último mes estuve 6 ó 7 horas diarias revisando y trabajando en la obra. Cuando lo publiqué, sentí un agujero, un tiempo desierto. Tuve esa sensación y la necesidad de volver a escribir. Es cierto que la experiencia ha sido diferente entre ambas publicaciones.
Ha comentado que se sintió removido por el suceso que originó su novela. ¿Es fácil mantener esa línea tan fina entre lo emocional y la narrativa?
En cada historia vas dejando pinceladas tuyas. Vas añadiendo a los personajes y la trama retazos de tu propia vida, de tus experiencias y tus recuerdos. Aparte de la historia, vas transmitiendo cosas tuyas, personales, también de tu entorno, de tu familia, amigos o personas que has conocido. No lo haces de manera premeditada, pero ocurre inconscientemente, lo vas soltando como algo tuyo. Con una novela, te sientes que formas parte de la historia, que vas acompañando a algunos personajes. A veces escuchas a escritores y compositores que forman parte de su obra. Y es verdad, yo lo he sentido así.
Apela a los sentimientos, tanto en su anterior libro como en esta obra. ¿Hay que tener sensibilidad para narrar historias humanas?
El ser humano es complejo, también sus comportamientos y muchas decisiones. Pero así somos, así convivimos y así estamos en esta sociedad. La gente de mi alrededor me dice que sorprendo por mi sensibilidad y he escrito una novela muy humana, de sentimientos. Tener sensibilidad no es malo, todo lo contrario, pero ser sensible no significa que hagas una novela dramática y de lágrima fácil. Lo que todos debemos tener en cuenta es que la vida son dos días y que no merecen la pena los enfrentamientos, las discusiones y las enemistades. ¿Es necesaria la narrativa para apelar a una reflexión sobre cómo pensamos y vivimos?
No es fácil escribir sobre el ser humano, ir descubriendo cómo podemos llegar a ser las personas. Es duro acercarte al trasfondo de mucha gente, pero es cierto que todo lo que narras en una novela se nutre de lo que has ido observando durante mucho tiempo, tanto en las personas de tu entorno, como en el trabajo, en el vecindario, incluso la gente que no conoces y ves pasar por las ciudades y sus calles.
¿Escribir le ha convertido en una persona más observadora?
Siempre he sido muy observador, demasiado. De hecho, era un estudiante normal, ni muy bueno ni muy malo, pero iba al examen y cuando me hacían la pregunta, me acordaba más de la ilustración que había en la página del libro que en el texto que tenía que contestar. En la oficina en la que trabajaba también me decían que me fijaba en todo. Ese proceso de observación y, sobre todo, tener bastante memoria, te permite hacer un puzzle con muchas piezas que vas mezclando.
Su vida cambió con la enfermedad y emprendió un camino hasta entones desconocido para usted. ¿Qué le supone escribir?
Me ha ayudado mucho en la rehabilitación anterior. Vengo del mundo financiero, soy bastante cuadriculado, todo tiene que estar medido, por eso intento tener todo en orden. Escribir me apasiona y también leo mucho, lo disfruto. Estuve varios años no pude hacerlo porque no entendía lo que leía, no se me quedaban las cosas, se me olvida. Fue un proceso extraño. Y como tengo mucho material atrasado, todos los días dedico una hora a la lectura, más las 5 ó 6 horas que escribo todas las mañanas.
Está en plena promoción de El balcón del olvido, pero ¿ha pensado ya en su tercera novela?
Ya está escrita y estoy en proceso de revisión. Escribir es una de mis labores fundamentales. No puede ser un trabajo ni tampoco voy a vivir de ello, pues solo lo consiguen 12 o 15 escritores del mercado, pero es una ocupación en la que me siento bien. Me ayuda emocionalmente.
DNI
Esteban Moneo Gil nace en Pamplona el 3 de marzo de 1970. Estudia en el colegio Jesuitas y en el Instituto Príncipe de Viana. Realiza Empresariales en la UPNA y un máster en Dirección Financiera en Madrid. Desde 1992 vive en Madrid y desarrolla su vida profesional en la corporación financiera de Union Fenosa, Gas Natural y Naturgy. Casado con la pamplonesa Marta Machicot, tienen cuatro hijos: Gonzalo (21 años), Álvaro (18 años), Íñigo (15 años) y Jaime (12 años).