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Las mujeres en las artes y las letras en Navarra (2)

La primera navarra en la Real Academia de San Fernando

Se trata de Agustina Azcona, autora de dos dibujos de roncaleses para la colección de trajes de Juan de la Cruz Cano Olmedilla y primera académica de Bellas Artes Navarra

Ampliar Grabados de la Colección de Trajes de Juan de la Cruz Cano y Olmedilla, con dibujos de Agustina Azcona
Grabados de la Colección de Trajes de Juan de la Cruz Cano y Olmedilla, con dibujos de Agustina AzconaBiblioteca Nacional
  • José Ignacio Riezu Boj
Publicado el 03/10/2022 a las 06:00
Hace siete años dimos a conocer en la pieza del mes de marzo de la Cátedra de Patrimonio y arte navarro unos pequeños apuntes biográficos sobre Agustina Azcona, autora de dos dibujos de roncaleses para la colección de trajes de Juan de la Cruz Cano Olmedilla y primera académica de Bellas Artes Navarra. En este artículo completamos datos de su biografía.
DE ALTA CUNA
Agustina Azcona fue bautizada el primer día de octubre de 1755 en la parroquia de San Saturnino de Pamplona como María Agustina Remigia Fermina de Azcona y Balanza. Será la única fémina de la familia y ocupará la tercera posición de seis hermanos. Era hija de don Ignacio Azcona y Carrillo, oídor (juez) del Consejo Real y corregidor de Guipúzcoa, y de doña Córdula Balanza y Olaegui, camarera de la Virgen del Camino en San Saturnino. La familia vivía en la calle Mayor de Pamplona. El prior del barrio de la calle Mayor y Bolserías anotó en la lista de vecinos de 1755 que en la residencia de don Ignacio Azcona convivían con su mujer e hijos “dos doncellas, un paje, una nodriza y una criada.” La familia de Agustina rezumaba hidalguía navarra por los cuatro costados. Sus abuelos por parte paterna era don Gerónimo Azcona y Senar, caballero de la orden de Santiago y señor de palacio de Echarren de Guirguillano y doña Francisca Carrillo y Eguía. Por parte materna eran don Miguel de Balanza y Almoravid, señor de los palacios de Elcarte y Ecay y doña María Antonia Olaegui y Eraso. Numerosos familiares completaban el linaje de Agustina: su tío, don Esteban Francisco Azcona, era el señor del palacio cabo de Armería de Echarren de Guirguillano. Otro tío, don Gaspar de Eslava y Monzón, era el marqués de la Real Defensa, casado con una hermana de su madre, Fermina Balanza y Olaegui. Otro tío era el oídor del Consejo Real Francisco Leoz, casado con Catalina Azcona, una hermana de su padre. Su tío Juan Rafael Balanza y Olaegui era diputado en la Diputación del Reino por el brazo militar y señor de los palacios de Ecay, Elcarte y Noáin. Su tío Pedro Pablo Balanza y Olaegui era arcediano de Valdeaibar. Sus hermanos conseguirán también importantes cargos. Don Genaro será caballero de la Orden de Carlos III, oficial de la secretaría de Gracia y Justicia y secretario del Consejo de las órdenes militares en Madrid. Otro hermano, don Manuel, será canónigo de la catedral de Pamplona. Por último, su hermano pequeño, don Ignacio Luis, será caballero de la orden de San Juan de Jerusalén. El escudo heráldico de la familia, cuartelado con sus cuatro primeros apellidos y fechado en 1774, luce flamante en el expediente de pruebas para ingresar en la orden de su hermano Ignacio Luis.
Escudo de la familia de Agustina Azcona y Balanza. Expediente de pruebas de Ignacio Luis Azcona
Escudo de la familia de Agustina Azcona y Balanza. Expediente de pruebas de Ignacio Luis AzconaArchivo Real y General de Navarra
ACADÉMICA DE HONOR
No conocemos nada de la niñez y adolescencia de Agustina. Su alto nivel social nos permite pensar que recibió una refinada educación, que bien pudo ser con algún preceptor particular o en el Beaterio de las Dominicas, única institución dedicada a la enseñanza de niñas en esa época en Pamplona y “donde muchas personas principales envían a sus hijas”. El 13 de enero de 1781 Agustina, con 25 años, escribe desde Pamplona a don Antonio Ponz, secretario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Solicita ser miembro de la institución y envía un dibujo realizado por ella. La carta dice: “Muy señor mío: La afición que he tenido siempre a las nobles artes y especialmente al dibujo, ha suscitado en mí el deseo de ser miembro de esa Real Academia a cuyo fin he sacado la adjunta copia de una figura de Anibal Caraci que remito a usted para que me haga el favor de presentarla a la academia y que se sirva, en su vista, concederme la gracia, que acostumbra, con las señoras aficionadas de mi sexo”.
Carta de Agustina Azcona solicitando ingreso en la Academia. Archivo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
Carta de Agustina Azcona solicitando ingreso en la Academia. Archivo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
Agustina es nombrada académica de honor el 6 de mayo de 1781. Poco después, el 13 de junio, Agustina contesta agradecida: “Muy señor mío y de mi mayor estimación, he recibido la apreciable carta de usted, su fecha de abril próximo, en que me comunica la distinción que he merecido, a la Real Academia de San Fernando, nombrándome individuo suyo en el grado de Académica de Honor. Bien conozco no soy merecedora de tanta honra y la atribuyo al exceso de bondad de la Academia a quien se ha de servir usted dar en mi nombre las debidas gracias. Y se las doy a usted también por la enhorabuena que le merezco ofreciéndome a servirle con fina voluntad”.
La Real Academia era una institución predominantemente masculina, como la mayoría de las instituciones de la época. Sin embargo, desde su fundación en 1752, entre sus miembros, encontramos un número relativamente alto de mujeres. Este hecho lo podemos poner en relación con el tipo de formación que recibían las hijas de la nobleza en el siglo XVIII en la que se incluida la pintura, la música o la poesía como complemento de su educación. Esto permitió que algunas damas de la alta sociedad pudieran desarrollar sus habilidades artísticas, no desde un punto de vista profesional sino como una afición. Los principales títulos a los que podían acceder las mujeres en la Academia eran los de académica de honor, académica de mérito y académica supernumeraria. Los aspirantes a académicos de honor no tenían por qué ser artistas. Eran elegidos por el prestigio que podían aportar a la Real Academia. Los académicos de mérito, por el contrario, tenían que demostrar sus habilidades artísticas para obtener esta mención. Debian presentar a la Academia una muestra de su arte para que esta lo valorara. Agustina presentó, como ella mismo dice, una copia de un dibujo del importante pintor y grabador italiano del XVI Anibale Carracci. Esto da a entender que Agustina aspiró a ser nombrada académica de mérito. Sin embargo, parece que la Academia no consideró de suficiente calidad su dibujo y la nombró académica de honor.
DIBUJOS DE RONCALESES
Aunque la Academia guarda numerosas obras de sus académicas, desgraciadamente no se conserva el dibujo enviado por Agustina, tal vez por su nombramiento de honor. No obstante, sí conocemos dos grabados realizados a partir de dibujos de ella. El año 1777 el prestigioso grabador Juan de la Cruz Cano y Olmedilla comienza la edición de una colección de grabados titulada Colección de trajes de España, tanto antiguos como modernos. Se trataba de la primera colección de este tema, de autor español, aunque este tipo de colecciones llevaban ya siglos editándose en el resto de Europa con gran popularidad. Durante los cinco primeros años se publicaron 50 grabados de muy variada temática, aunque predominaron los de carácter geográfico (parejas con indumentaria regional española, o de las posesiones americanas). Todas las estampas estaban numeradas en la parte superior de la plancha y llevaban al pie una descripción en español y en francés.
El 9 de abril de 1782 el periódico la Gaceta de Madrid anuncia la publicación de los grabados nº 49 y 50 con la descripción en castellano de “roncalés” y “roncalesa” y en francés “Villageois du Royaume de Navarre” y “Villageoise du Royaume de Navarre”. Los grabados representan a un hombre con el típico capote roncalés, aún usado en la actualidad y una mujer con el atuendo típico de aquella época, muy diferente al traje de roncalesa actual. Los dos se muestran de pie, con las manos juntas y luciendo tocados ciertamente aparatosos, El hombre viste un gran sombrero y la mujer una gran toca blanca que cuelga por detrás. Son las primeras representaciones gráficas de la indumentaria roncalesa de la que tenemos noticias.
Los dos grabados aparecen firmados por el propio grabador y por una dibujante, la señorita doña Agustina Azcona. Probablemente Agustina conocía la solicitud que hizo el autor al comenzar la colección: “los curiosos de fuera ó dentro de la Corte que gustasen comunicar algun dibujo de vestuario poco conocido y existente en algun Pueblo, Valle, ó Serrania de la Peninsula, seran recompesados con otros tantos quadernos, como figuras remitan en Carta, ó sin ella, a dicho autor vive en Madrid Calle del Principe Nº 11 quarto segundo”.
Esta petición indujo posiblemente a Agustina Azcona a enviar los dibujos de la pareja de roncaleses. La mayoría de los grabados de la colección de Cruz Cano y Olmedilla están basados en dibujos de su sobrino Manuel de la Cruz y de los destacadores pintores Luis de Paret y Antonio Carnicero. Todos ellos revelan un estilo recargado, con movimientos y poses algo forzadas. Los personajes muestran numerosos utensilios en la mano y las telas de los trajes presentan movimientos muy patentes. Encontramos también recargados paisajes adornados con casas, grandes árboles, arbustos, puentes o animales. Por el contrario, los dos dibujos firmados por Agustina son mucho más sobrios, los personajes no portan ninguna herramienta y exhiben poses muy estáticas. Los trajes carecen prácticamente de pliegues y de movimientos. Así mismo en los paisajes apenas podemos encontrar unas pobres yerbas.
La colección de grabados de Juan Cruz Cano y Olmedilla concluyó inacabada con su muerte en 1790. Entre los 82 grabados publicados, solo los basados en los dibujos de Agustina Azcona están firmados por una mujer. La obra de Cruz Cano y Olmedilla tuvo una gran difusión nacional e internacional, aunque nuestra dibujante quedó relegada a una desconocida dibujante de dos grabados.
Agustina se casó el 1 de diciembre de 1871, en Pamplona, con el logroñés José Crespo y Vicente, que ejerció como ministro del Santo Oficio. Murió en esa ciudad el 11 de enero de 1808. No conocemos si Agustina pudo continuar con su trayectoria de dibujante, ni conservamos ningún otro trabajo de esta pintora navarra, una de las dos académicas navarra que conocemos junto con María Concepción García Gainza, académica desde 1975.
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