Punto de Vista
Arantza Santesteban: “Después de la cárcel entiendo que es necesaria una retirada”
Después de haber sido premiada en el Festival Novos Cinemas de Pontevedra, DocLisboa y el festival de Turín, la cineasta pamplonesa llega este jueves a la Sección oficial de Punto de Vista con ‘918 Gau’, en torno a su experiencia en la cárcel


Publicado el 17/03/2022 a las 06:00
El 4 de octubre de 2007 Arantza Santesteban fue detenida junto a otros dirigentes de Batasuna -en aquel momento ilegalizada por la Ley de Partidos- mientras mantenían una reunión clandestina. El juez Garzón le imputó un delito de integración en banda terrorista y pasó casi tres años en prisión preventiva. En 2016 los encausados llegaron a un acuerdo con la Fiscalía y las acusaciones populares por el que reconocían la ilegalidad de sus actividades y renunciaban expresamente a la violencia. Ahí empezó a surgir la idea de hacer algo con las 918 noches (918 Gau) vividas en prisión. La cuestión era cómo contarlo. Santesteban optó por mirar a su interior.
La película empieza escaneando documentos de su paso por la cárcel, las cartas que recibió allí y recoge en una grabadora los recuerdos que le vienen... ¿es un intento de pasar a limpio esa etapa?
Era un archivo al que yo estaba buscando darle un sentido nuevo. Hice muchas pruebas, probé a que las cartas las leyese la gente que me las había escrito, probé a filmar la carta de mil maneras... dos años de pruebas. El escáner fue una forma de digitalizar las fotos y había algo en esa luz. Al final es como volver a dar luz a ese archivo pero desde otro lugar, más frío, hay algo distante que me aleja y le quita emocionalidad. Filmarlo de otra manera era como romantizar ese archivo y justo era lo que yo no quería.
¿Cómo se dio cuenta de que había cambiado el sentido de aquello?
Durante unos años no quise mirar ese archivo. Cuando me enfrento a él unos años después, y ya entiendo que no voy a volver a la cárcel, abro esa caja donde están todas esas cajas y esas fotos.
La caja de Pandora.
Total. Y cuando se empiezan a desplegar todas esas caligrafías, esas frases, esas fotos... hay algo que me confronta mucho. Entiendo que en su día había tenido un sentido toda esa gestualidad pero de repente es como si hubiese descubierto un dispositivo que era parte de él y ahora de repente lo veo.
Desde fuera.
Sí. Es ahí cuando necesito hacer la película.
Al salir de la cárcel no le cobraban en algunos bares y no le gusta. ¿Rechaza esa figura de heroína que se le atribuye?
Sí. Hay algo doloroso en eso también porque si no lo matizo siento que corro el riesgo de banalizar mucho una serie de afectos que son muy complejos para mí. Es esta contradicción de la gente del barrio. Al final somos personas que nos conoce todo el mundo, de repente desapareces y mucha gente quiere decir que está ahí. En el momento me parecía muy bonito pero a la vez era como, “uf, a mí esto me va a seguir cuadrando en un lugar en el que estaba antes”. Yo tenía una necesidad de salir, de elaborar otras cosas desde otro lugar, de otra manera. Es por lo que decido irme a Barcelona a estudiar Cine.
Y luego a Berlín. Allí unos amigos se muestran fascinados con su experiencia y le intentan convencer para hacer una película pero usted se enfada. ¿Quería hacer su propia película?
Me enfadé mucho. En ese momento me cuesta mucho contar de dónde venía pero una vez que lo hago noto que resuena. Entiendo que en unos círculos generaba muchísimo rechazo y en otros generaba una especie de fascinación. La cuestión es que sentía esa incomodidad, como que estaba intentando elaborar un duelo, un cambio, y sin embargo cada vez que cuento de dónde vengo estoy condicionada por eso. Entonces yo les digo que no quiero que hagan esa película, me enfado muchísimo. No me apetece elaborar mi historia desde la fascinación de los demás. Yo estaba haciendo otro proceso, más anónimo, más íntimo y más contradictorio.
¿Que intentaba elaborar un duelo, dice? ¿Ha muerto algo?
Sí, es un proceso que para mí tiene que ver con lo político, pero tiene que ver con una fase solitaria, anónima y desde un lado mucho más humano. Me doy cuenta que lo humano, tras la experiencia en prisión pero también la experiencia de una militancia muy activa, adquiere un peso y se manifiesta de una forma que no pasa tanto por lo ideológico. Lo que me sostiene no es tanto lo ideológico, sino lo humano, cuestiones mucho más profundas. Eso es lo que de verdad nos da un lugar político en el mundo. Tengo que buscar cuál es el significado de mi vida desde ese lugar, no tanto desde unas directrices políticas, sino cómo me relaciono con los demás, dónde están los demás, dónde estoy yo, cuál es el sufrimiento que he podido generar, que me han generado a mí... Ahí entiendo que es necesaria una retirada. Quizá es más una retirada que un duelo.
Ahora la película va a dificultar esa búsqueda del anonimato
Claro. Es contradictorio. No deja de ser incómodo tener que volver a hablar de eso o revivir eso. Pero a la vez lo que yo tenía muy claro es que no quería una peli hecha por los demás, viendo que la mirada de los demás era la mirada de la fascinación y de lo peculiar. Yo justo lo que intento es hacer contra esa mirada. Cuando abro esa caja y veo el archivo justo lo que hago es decir: “Ah, vale, la película que hay que hacer de esto es la película que confronte este archivo, y me confronte a mí con este archivo, y me ponga a mí en un lugar incómodo, y también al espectador. Es lo que he intentado hacer.
¿Enseñarla en el Punto de Vista, en casa, es especial?
Muy especial. A nivel internacional funciona muy bien y es verdad que el diálogo que se ha generado cuando la he mostrado en Turín o en Lisboa o en Pontevedra o en Barcelona ha sido muy interesante. En casa me da más vértigo, la verdad.
Además en Punto de Vista ha participado y ha sido espectadora, ¿se siente una de sus hijas?
Sí, creo que somos unas cuántas hijas, que además somos hijas.
Y que colaboran algunas de ellas en la película.
Sí, Maddi Barber, Irati Gorostidi, Marina Lameiro... somos un grupillo que hemos crecido un poco juntas en todo. No es casualidad que estemos un grupo de chicas participando un poco todas en los proyectos de todas. Creo que Punto de Vista nos ha dado referencias visuales que de otra forma no habríamos podido ver y también nos ha dado unos lugares en los que juntarnos y hacernos cómplices.
DNI
Arantza Santesteban Perez (Pamplona, 1979) es historiadora, cineasta e investigadora. Ha dirigido películas como Passatgeres (2012) o Euritan (2017). Licenciada en Historia, prepara su doctorado en la U. de Lisboa en torno a la voz en off como elemento narrativo y el silencio. Ha trabajado como coordinadora en Hiriartea (Pamplona) y como coordinadora de Máster Prácticas Artísticas en el Centro Huarte.