Directora
Ione Atenea: “El cine es una herramienta que utilizo para pensar”
Ione Atenea inaugura hoy el festival Punto de Vista con ‘Los caballos mueren al amanecer’, la historia que su actual casa le tenía guardada sobre sus anteriores moradores, tres hermanos que eran artistas y aparentemente no se aburrían


Publicado el 14/03/2022 a las 06:00
Barcelona le ha dado mucho a Ione Atenea. La cineasta pamplonesa se mudó allí para cursar el máster en Documental de Creación de la Pompeu Fabra, lo que originó su primer largometraje, Enero. El proyecto trabajado en clase consistía en hacer un retrato de sus abuelas que habían nacido a 800 kilómetros de distancia el mismo mes de enero de hacía entonces 91 años. Pero, mientras tanto, la casa en la que se instaló le brindó otra historia que no pudo ignorar. En la casa habían vivido Antonio, Rosita y Juan García, tres hermanos sin descendencia, ni familia, que al morir dejaron un rastro de objetos que hablaban por ellos. Tirando del hilo de aquel piano, los cientos de dibujos de cómic, miles de fotos, decenas de casetes y cintas de vídeo, Ione Atenea encontró la curiosa vida de unos artistas -Rosita era cantante de ópera y Antonio dibujante de la editorial Bruguera- que ante el gris panorama del franquismo optaron por hacer sus divertimentos para dentro, para ellos mismos, vestidos de vaqueros a caballo, de astronautas o de gángsteres. El resultado es Los caballos mueren al amanecer, producido por Zazpi T’erdi e Hiruki Filmak, la productora que fundó Ione Atenea junto con su hermana Marina Lameiro y Garazi Erburu; tres espectadoras del Punto de Vista que con el tiempo han pasado a nutrir al festival de contenido.
La inauguración de Punto de Vista ya parece una tradición familiar. Lo abre usted este año después de que lo hiciera su hermana, Marina Lameiro, el año pasado con Dardara.
Me hace mucha ilusión porque es un festival que me encanta. Diría que es mi favorito. Pero también tengo que confesar que me abruma un poco, en una sala tan grande que además al ser la inauguración siempre suele estar llena. La primera vez presentar la película así me da un poco de cosa.
Ya presentó su primera película, Enero, en los Golem y en el propio Punto de Vista.
Sí, en Punto de Vista también se proyectó en esa sala e impresiona. Hablar en público es algo que me cuesta, pero me voy acostumbrando. En casa te sientes arropada y querida, pero también es un poco de presión.
En la película sale la propia Marina Lameiro asesorándole sobre cómo hacer. ¿Es un referente?
Sí. Marina me ha enseñado muchísimo porque ella en el cine ha ido por delante de mí. Es una persona super influyente para mí y de la que he aprendido muchísimo.
Otros hermanos con sensibilidad artística tienen el protagonismo de su película. ¿Es el azar el que le hace llegar esta historia?
Sí, totalmente. Yo entré a vivir en esa casa con un amigo y encontramos todo tal cual se quedó cuando Rosita murió, que fue la última. Había una presencia muy fuerte de esos hermanos a través de sus objetos.
¿Y vio que había ahí una película?
La idea surgió enseguida porque había esa presencia tan fuerte. Mi amigo y yo empezamos a encontrar los nombres, imágenes... y poco a poco nos íbamos construyendo a esas personas en la cabeza. Teníamos mucha afinidad con ellos y empezamos a jugar usando sus nombres, él me llamaba Rosita, yo le llamaba Antonio, y creo que fue la segunda mañana de dormir allí que me dijo: “¿Te imaginas que se nos va la olla y nos empezamos a creer que somos ellos?”. Claro, yo estaba empezando a estudiar cine, cogí la cámara y empecé a documentar el proceso de descubrimiento.
¿La casa la dejaron tal cual?
Sí, como si hubiesen salido a comprar el pan. Impresionaba mucho porque era como si estuvieran ahí todavía.
¿Cómo llegan allí?
Era una casa que estaba vacía, entramos y descubrimos todo ese mundo. Quizá lo normal hubiese sido tirar todo y hacer nuestro espacio, pero sentía que eran unas personas que estaban muertas y que no había nadie que recogiese esa historia. Tirar todos esos objetos a la basura era como dejarlos morir. Decidí hacer la peli para conservar todas esas cosas y, con ellas, la memoria de estas personas.
Ellos hacían películas por divertimento personal, no iban a ser mostradas... hasta ahora.
Esa es la interpretación que yo hago porque obviamente no he podido hablar con ellos, pero el material a mí me habla mucho de unos hermanos que estuvieron toda la vida jugando, y muchas de las cosas que hacían veo claramente que no eran hacia afuera, buscando fama, dinero o lo que sea; eran cosas que tenían más que ver con procesos personales o con diversión. Está todo ese material que podían ser películas. En la película lo que hago es intentar acabarlas.
¿Se llegó a obsesionar con ellos?
Sí, sobre todo al principio, pero me fui desgastando también porque fue un proceso muy largo en el que muchas veces me he perdido. Había una cantidad increíble de material que no se acababa. De hecho ha sido cerrar el montaje y seguir descubriendo más cosas, imaginar otros finales... pero necesitaba terminar ya.
¿Cómo le pone fin?
Fue más una necesidad de ir cerrando. Iba clasificando lo que me servía, lo que me interesaba, ahondando más en lo que me parecía más importante... pero había cosas a las que no he podido llegar. Llegó un momento en el que ya no podía más y contacté con Diana Toucedo, que montó la película al final, y ahí tomamos algunas decisiones como hacer incorporar la voz en off, que es algo en lo que no me veía mucho, y así empezamos a construir la peli.
En sus dos largos hay una preocupación por el paso del tiempo, en Enero intenta captar los últimos años de sus abuelas y aquí ya hace una labor de arqueóloga.
Totalmente. De hecho esa imagen la tenía, como de una arqueóloga que entra a una tienda egipcia y se encuentra con todos los objetos de los muertos. Pero en realidad las dos pelis se relacionan mucho a través del tema del legado y de las herencias. De una forma muy diferente. Y también tienen en común que parten de una necesidad de documentar experiencias que me están pasando.
¿Ha pensando alguna vez en lo de pasar a la posteridad o en qué dejará a su paso por el mundo?
No me preocupa mucho, de hecho me da hasta cosa, qué responsabilidad que se quede algo ahí para siempre. Yo lo hago en el momento. Lo importante del trabajo para mí es el vivir el proceso. El cine es una herramienta que uso para pensar. Luego, a lo que queda no le doy tanta importancia.
DNI
Ione Atenea (Ione Lameiro Garayoa) nació en Pamplona en 1985. Trabaja con fotografía y cine. Ha exhibido su obra en espacios como La Ciudadela de Pamplona, Centro Huarte, galería Cámara Oscura (Madrid), Espacio 55 de Valencia, SCAN PhotoBooks de Tarragona, galería SKALA (Polonia) y proyecto mARTadero (Bolivia). Ha escrito y dirigido los largometrajes Enero (2019), mejor ópera prima europea en el 57 Festival Internacional de Cine de Gijón; y Los caballos mueren al amanecer (2022), que verá la luz hoy en Pamplona. Licenciada en Bellas Artes por la UPV. Máster en Fotografía, Arte y Técnica en la Universidad Politécnica de Valencia y Máster en Documental de Creación en la Pompeu Fabra.
EN FRASES
“Tirar esos objetos a la basura era como dejarlos morir. Decidí hacer la peli para conservar la memoria de estas personas”
“Mis películas parten de una necesidad de documentar experiencias que me están pasando”