Investigación
Navarra homenajea a los padres de las vacunas españolas: "Habrá una nueva ola, quizá más pequeña"
El festival de cine científico que organiza el Museo de Ciencias de la Universidad de Navarra entrega este jueves el premio Pasión por la Ciencia a Luis Enjuanes, Mariano Esteban y Vicente Larraga


Actualizado el 23/02/2022 a las 14:24
Son los padres de las vacunas españolas contra la covid-19, tres científicos del CSIC que, con la edad de jubilación ya bien cumplida, decidieron liderar tras proyectos de protección contra el virus con características muy distintas, pero que coinciden en que aportan ventajas contra las que ya existen. Los tres son cautos ante la sensación de que la pandemia está cerca de su fin. Reconocen que en Europa la variante ómicron ha contagiado muchísimo más de lo que ha dañado, y gracias a eso se ha elevado el nivel de inmunizados. Sin embargo, recuerdan que las cifras de fallecidos son todavía altas y que en muchas zonas del mundo, donde las vacunas todavía no han llegado como deberían, el virus puede evolucionar y mutar hacia variantes temibles. Los tres recibirán este jueves en Pamplona el galardón Pasión por la Ciencia, que se entrega en el marco del festival de cine científico #LabMeCrazy, que organiza el Museo de Ciencias de la Universidad de Navarra. Al día siguiente, a las 10 horas, ofrecerán una mesa redonda en la Facultad de Ciencias .
Son Luis Enjuanes Sánchez (Valencia, 1945), director del laboratorio de coronavirus del Centro Nacional de Biotecnología y considerado el mayor experto español en estos microbios, Mariano Esteban Rodríguez (Villalón de Campos, Valladolid, 1945), jefe del Grupo de Poxvirus y Vacunas del Centro Nacional de Biotecnología , y Vicente Larraga Rodríguez de Vera (Madrid, 1948), del Laboratorio de Parasitología Molecular de mismo centro.
Luis Enjuanes cree que habrá "una nueva ola del virus, quizá más pequeña”
¿Hasta que punto se puede decir que hemos salido de la pandemia?
En este momento el número de inmunizados, por vacuna o por haberse infectado, es muy elevado. En España más del 90% tiene una inmunidad, que no te exime de que te infectes, pero sí te protege y si te infectas, diseminas menos el virus. Esta sexta onda subió vertiginosamente y baja también a toda velocidad. Tengo la sensación de que el virus entra donde hay bolsas de gente no vacunada, y cuando se le acaba esa bolsa, deja de extenderse con facilidad. Si sigue la liberación de restricciones creo que habrá otra onda, más baja, porque el virus está aquí e infecta muy fácilmente. Pero irá decayendo, porque viene el verano, y el aumento de la temperatura y de la luz solar lo inactiva, y porque la gente sale a espacios abiertos y ventilados.
¿Cómo va su proyecto de vacuna?
Bien, pero lento. Hemos demostrado en el modelo en ratones que protege con una sola dosis. Estamos en la fase de optimizar la producción de la vacuna, para pasar a monos macacos y personas. Vamos lentos, pero convencidos de que será una vacuna de interés. Expresa varios antígenos, la dosis se multiplica , a ver si conseguimos que se administre nasalmente. Nuestra vacuna es completa y efectiva, pero más compleja y más cara probablemente, y ocurre que a las compañías y a los gobiernos les gustan las cosas más baratas y económicas. A las vacunas actuales les estamos muy agradecidos, han sido una cosa magnífica y han salvado vidas, pero hay que mejorarlas.
¿Qué piensa un científico cuando ve las caravanas de antivacunas en Canadá o Bruselas?
Es un tema tristísimo, es gente muy mal informada, aunque entre ellos haya gente con mucha cultura. Son creencias, están fuera de la razón y el que quiere creerlo, lo cree. Hay incluso quien niega la existencia del virus cuando se han infectado más de 400 millones de personas de todo el mundo, de todas las razas. Son cosas que han existido siempre, lo dramático es la dimensión que ha tomado. Habrá que reunirse con medios y líderes de comunicación, y hacer programas de información para personas equivocadas. Requiere estudios urgentes.
Recibe en Pamplona un premio que se llama Pasión por la ciencia. ¿Cómo le llegó esa pasión?
Tuve la suerte de ir al instituto público Luis Vives de Valencia, con profesores excelentes, que daban clases haciendo experimentos y explicaban muy bien la física. Eso me influyó mucho. Luego en la universidad, teníamos muchas prácticas. Siempre tuve tendencia hacia la la química de la vida, y cuando me metí a trabajar con virus, me fascinaron. Vine a Madrid para entrar en laboratorios avanzados que estudiaban virología y tras algún tiempo , tuve la suerte de entrar al de Eladio Viñuela. y Margarita Salas.
¿Por qué los coronavirus?
He estudiado también virus DNA o retrovirus. Pero cuando formé mi grupo en España, la idea era tomar un virus para hacer terapia génica. Si uno tiene un defecto en el corazón, el hígado… los virus te permiten llevar la terapia génica a ese órgano concreto. Pero entre los virus los coronavirus son una familia muy amplia y cubren todos los órganos. Por eso tiré por ahí. Ya van casi 36 años. Es un estudio apasionante por su gran precisión. Los coronavirus no tienen vida, pero son capaces de tomar el control de la célula para replicarse. Se les puede atenuar para crear una vacuna, se puede hacer terapia génica con ellos, se puede hacer que maten tumores en zonas delicadas que no puedes operar...
¿Cree que la posición de la ciencia mejorará tras la pandemia?
La inversión en investigación científica se había reducido en más de un 30%. Con la pandemia el aumento de financiación, de fuentes gubernamentales y de privadas, tanto de industrias como personales, ha sido tremendo. Ahora los parkings de los centros de investigación están llenos, el número de becarios se recupera
Vicente Larraga vaticina que pronto habrá medicamentos basados en ARN "contra muchas enfermedades”
¿Hasta que punto se puede decir que hemos salido de la pandemia?
Quien diga eso no mira las cifras de fallecidos. Otra cosa es que el virus esté evolucionando. Tenemos una cepa dominante en Europa occidental que infecta a muchas personas, que pero pocas desarrollan una enfermedad grave. El problema es que, entre quienes entran en el hospital, el porcentaje de los que van a la UCI o mueren es el mismo. La enfermedad parece evolucionar a estacional, ojalá sea así, pero aunque ocurra, es una enfermedad más grave que la gripe: ésta viene a matar a 6.000 personas al año y la covid ha terminado con 50.000 al año.
¿Se ha ponderado lo suficiente el hito de tener vacunas tan pronto?
Han sido importantes: han frenado la mortalidad, los ingresos en hospitales y UCI. Además las vacunas de ARN y las de ADN que se están desarrollando, entre otras, nos han dado un nuevo arsenal de medicamentos preventivos. También han hecho caer tabúes de la ciencia que impedían su avance. Uno decía que si introduces ADN podría integrarse en la célula y producir vete a saber qué; otro que con el ARN no se puede trabajar porque se degrada en cuanto lo miras. Eso supondrá que en cinco, diez años, va a haber infinidad de medicamentos basados en ARN o ADN que servirán para muchas otras enfermedades.
¿Qué piensa un científico cuando ve las caravanas de antivacunas en Canadá o Bruselas?
¡Hasta qué punto puede llegar la cerrazón de las personas! Cuando me he encontrado con alguno de estos antivacunas le digo: “Ah, usted entonces también cree que la Tierra es plana”. Porque lo que está negando es el conocimiento científico.
¿Cómo va su proyecto de vacuna?
Razonablemente bien. Hay otros que han llegado antes, las grandes compañías que tienen más potencial, y no solo es dinero. Yo, cuando tengo que hacer un experimento para comprobar mi vacuna funciona, tengo un box en el laboratorio de alta seguridad. Pero en Pfizer y otras empresas tienen diez, pueden hacer diez experimentos en paralelo. Eso se nota. El caso es que no tenemos duda con nuestra vacuna en ratones: protegemos al 100% frente a una dosis letal del virus. Estamos repitiendo todos los datos con hámsters y tendremos que ir a la Agencia del Medicamento, y como la vacuna es novedosa, nos pedirá probarla en primates inferiores. Pero ahora los únicos que tienen esos primates son los chinos, y ¡hay una cola…! En resumen, si fuera todo muy bien ojalá pudiera pedir permiso para una prueba clínica a final de año. La ventaja que la vacuna es resistente a temperatura ambiente. Nos hemos planteado no olvidar a persona abandonadas. En la África subsahariana la capacidad de congelación para la vacuna es mínima. Nuestro objetivo es crear una vacuna útil para estas personas y que sea más barata. Una dosis de vacuna de ARN cuesta o 21 o 25 dólares. Es muchísimo.
¿Si no se protege a todo el mundo habría riesgos de que alguna mutación viniera contra nosotros?
Hay muchos millones de personas en el mundo con otras cepas y van a evolucionar. Ya veremos lo que nos viene. Hay que tener un poco de visión global.
Recibe en Pamplona un premio que se llama Pasión por la ciencia. ¿Cómo le llegó esa pasión?
Yo de niño ya hacía experimentos en casa, con mis amigos mezclábamos pastillas en tubos para que cambiara su color. Pero el interés por la investigación me llega mayor. Pero si uno tiene la opción de algo, la hace. En aquellos años, tuve becas y gente que me ayudo y pude hacer lo que me gustaba. No me considero mejor por ser investigador.
¿Cree que la posición de la ciencia mejorará tras la pandemia?
Ojalá. Llevo 52 años en esto de la ciencia y he visto subidas y sobre todo bajadas. Pero una cosa ha cambiado: la sociedad se ha dado cuenta de que hacemos cosas importantes. Eso ayuda. Nuestro trabajo es a largo y medio plazo, y el de los políticos es a corto. Ahora estamos teniendo un incremento de fondos, pero a cinco años vista…. No me atrevo a pronosticar.
Mariano Esteban alerta de que “las bacterias superresistentes pueden suponer una catástrofe”
¿Hasta que punto se puede decir que hemos salido de la pandemia?
Hemos puesto las herramientas más importantes para el control de una pandemia: vacunas con distintos modos de acción que están demostrando su seguridad y eficacia, considerando los miles de millones de personas que han sido vacunadas. Nunca en la historia de ningún medicamento, se ha administrado a una población tan larga en un espacio de tiempo reducido, y eso nos está permitiendo evaluar los beneficios en población de distintas edades, desde 5 a 90 años. Se ha demostrado que el beneficio es mayor que el riesgo. Se ha podido reducir los efectos de la infección en la población y estamos consiguiendo controlar la enfermedad en los países donde las pautas vacunales han seguido hasta la tercera dosis. Pero la vacuna tiene que llegar a todas las partes del mundo, para poder controlar la pandemia, no su erradicación .
¿Se ha ponderado lo suficiente el hito de tener vacunas tan pronto?
La ciencia ha salido en defensa de la humanidad. En ausencia de vacunas hubiera muerto una gran parte de la población. En marzo de 2020 el 10% de la población infectada moría, hoy es un porcentaje centesimal. La ciencia ha traído nuevas formas, hemos incorporado vacunas de nuevas generación al armamento contra esos agentes infecciosos que tantas pérdidas de vida y de economía pueden suponer. La vacuna ha salvado muchas vidas.
¿Qué piensa un científico cuando ve las caravanas de antivacunas en Canadá o Bruselas?
La ignorancia es atrevida. Es fácil ser detractor, porque se puede decir que no se habían utilizado antes estas vacunas de ARN en grandes poblaciones. Pero es una molécula sencilla y son miles los ARN que hay en una célula. No se está metiendo un elemento extraño. Es solo un caso de la ciencia avanzando, que va entendiendo los procesos biológicos, las interacciones entre virus y célula. Y si hemos conseguido la vacuna porque estábamos preparados. En mi laboratorio, habíamos trabajado contra VIH, con buenos resultados pero no suficientes, contra ébola, zika, enfermedades parasitarios.... Teníamos la metodología, así que en dos meses teníamos un candidato vacunal.
¿Cómo va su proyecto de vacuna?
Acabamos de publicar dos artículos sobre ensayos preclínicos en ratón, hámster y macaco, que demuestran que la vacuna es eficaz en todos los modelos. Son resultados muy claros con los que estamos contribuyendo a nivel global. No hemos llegado a fase clínica, pero estamos muy satisfechos de todo este proceso. Hemos establecido contacto con una empresa que la produce y se están viendo canales de colaboración y distribución.
Recibe en Pamplona un premio que se llama Pasión por la ciencia. ¿Cómo le llegó esa pasión?
Crecí en la botica del pueblo (Villalón de Campos, en Valladolid). Mi padre era farmacéutico y mi madre maestra. Veía que la gente que hablaba con mi padre percibía la farmacia como alivio, porque que se iba a curar. Eso me produjo un entendimiento de cómo funcionan los medicamentos y la enfermedad. Después estuve en los Maristas, hice Farmacia, Biología... La microbiología era lo que más gustaba. En un principio trabajé con bacterias, y uno de mis primeros trabajos fue ver los mecanismos de resistencia de los estreptococos a los antibióticos. La resistencia a los antibióticos puede ser una gran catástrofe humana. Me fascinaba ver cómo las bacterias actúan sobre la célula y el organismo. Me interesa cómo actúa el sistema inmune, esa máquina maravillosa, ante un patógeno, cómo lo bloquea cuando aparece o como logra penetrar en la célula. Si entiendo ese proceso, mato dos pájaros de un tiro: entiendo los mecanismos de los microbios para escapar de los misiles que le manda el hospedador y también los mecanismos de la célula para contrarrestarlos. Eso nos ayuda a conocer las enfermedades.
Hablaba del problema de las bacterias superresistentes. ¿Es la sociedad consciente de su gravedad?
No. Tomamos las antibióticos como si fueran pastillas Balda. Son muy eficaces pero la gente acude a ellos para todo. Y las bacterias tratan de evadir su eficacia, inactivando su acción. La ciencia ya trabaja en modificar los antibióticos, en generar otros nuevos, pero la sociedad está muy tranquila,. Hasta que llegue el golpe, como ha pasado con esta pandemia.