Crítica musical
'Ballo in maschera' en Baluarte: las voces estuvieron a la altura
Uno de los aspectos más complejos cuando se pone en escena una ópera de Verdi es encontrar un reparto vocal adecuado


Publicado el 08/02/2022 a las 19:45
Muchos son los aspectos a tener en cuenta cuando se pone en pie una ópera sobre el escenario. Hace unos días, leíamos una interesantísima pieza en Diario de Navarra en la que se daban cumplidos detalles acerca de la infraestructura necesaria para preparar un montaje como este Ballo in maschera que se acaba de presentar en Baluarte. Sin embargo, uno de los aspectos más complejos cuando se pone en escena una ópera de Verdi es encontrar un reparto vocal adecuado. Las óperas de Verdi se representan constantemente en todo el mundo, pero las voces verdianas de calidad son muy, muy escasas y, por tanto, especialmente cotizadas.
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En el caso que nos ocupa, hablamos de Un ballo in maschera, una ópera del período central del compositor que ya anuncia algunas de las novedades que se ven en óperas como Aída. Este título no es una de sus obras más conocidas, pero necesita cuatro o cinco cantantes de primera fila para poder ofrecer una interpretación convincente. En esta ocasión, al menos tres de ellos han respondido a plena satisfacción y los otros dos han dejado detalles de calidad.
No empezó bien Sergio Escobar como Gustavo. Al principio, la voz parecía demasiado pesada para el papel y el timbre algo oscuro, lejos de la luz mediterránea y el canto aparentemente despreocupado que el papel exige. Después, el tenor toledano fue entrando en materia y ofreció una caracterización de su personaje bien medida, aunque los agudos no mejoraron.
Maria Pia Piscitelli tiene exactamente la voz y la sensibilidad necesarias para el papel de Amelia. La voz posee cuerpo y relieve y su calidad de fraseo fue espléndida durante toda la sesión. Alcanzó su punto culminante en el aria del segundo acto, apoyada también en una lograda intervención solista del corno inglés.
Los barítonos verdianos constituyen lamentablemente una especie en extinción, pero Artur Rucinski es realmente uno de ellos. Ya desde sus primeras intervenciones en el primer acto se pudo escuchar que su voz posee verdaderamente el brillo y la penetración necesarias en este tipo de personajes; después, en el tercer acto, se pudo ver que también es un cantante capaz de emocionar gracias a un fraseo bien entendido. Su aria del tercer acto fue lo más aplaudido de toda la sesión.
La voz de María José Montiel ha perdido algo de relieve, sobre todo en el registro grave, bastante exigido en un papel como el de Ulrica, pero la voz sigue manteniendo amplitud y brillo marcadamente verdiano a partir de la zona central; hablamos además de una cantante que siempre ha sido una gran artista. Nina Solodovnikova resultó plenamente convincente como Óscar, igual que todos los personajes comprimarios. Es evidente que Yves Abel domina el repertorio lírico y se encuentra especialmente cómodo en el aspecto más teatral de la partitura. El director canadiense condujo la obra con empuje y tensión dramática, cuidando en general a los cantantes y llevando el espectáculo a buen puerto sin descubrir tampoco detalles reveladores en la partitura. El Coro de la AGAO actuó con eficiencia, pero no con la decisión de algunas actuaciones escénicas anteriores.
En conjunto, fue ciertamente una buena función de Un ballo in maschera, donde se pudo apreciar la importancia de un reparto vocal bien escogido. Reunir tres voces verdianas de estas características para un título como éste es realmente infrecuente.
Telones y más telones
A la puerta de escena de una ópera hay que pedirle que sitúe la acción, la haga comprensible (lo que no siempre es sencillo en libretos más o menos enrevesados) y no entorpezca el canto de los intérpretes. La versión del belga Waut Koeken respondió a esos requerimientos. Sobre el escenario de Baluarte se vio una escenografía que se alejaba del minimalismo y modernizaba un montaje de tono clásico.
Sin embargo, pareció no aprovechar del todo algunas ideas que esbozaba: el telón de boca del Baluarte fue reemplazado por un panel con un telón pintado; cuando se levantó al empezar la música, veíamos al rey Gustavo ante otro telón, mientras jugaba con un teatrillo, maqueta del que se veía en escena minutos después… La idea del teatro dentro del teatro dentro del teatro era interesante, pero le faltó consistencia a lo largo de la representación, a pesar de que tanto telones como escenarios volvieron a aparecer.
Las interpretaciones, como no es infrecuente en las óperas, estuvieron descompensadas. El rey (a quien vistieron innecesariamente de marinerito en el primer acto, con una gorra que parecía robada a un niño de ocho años), Amelia y Ulrica sufrieron de un cierto envaramiento. Frente a ellos, Artur Rucinski destacó como un Renato, sólido y creíble, como ocurrió con los conspiradores David Lagares y Gianfranco Montresor.
Nina Solodovnikova, cuyo Óscar (convertido de paje en bufón) supuso un ágil y divertido alivio cómico a la trama, en ocasiones robó incluso el protagonismo de la escena desde un segundo a los cantantes principales.
Matices al margen, el público disfrutó el pasado domingo de una ópera en la que la parte teatral estuvo bien equilibrada con la musical.
Domingo, 6 de febrero de 2022.
Auditorio Baluarte de Pamplona. Un ballo in maschera: Drama lírico en tres actos con libreto de Antonio Somma y música de Giuseppe Verdi, estrenado en el Teatro Apolo de Roma el 17 de febrero de 1859. Sergio Escobar (Gustavo III de Suecia), Artur Rucinski (Conde de Anckarström), Maria Pia Piscitelli (Amelia), María José Montiel (Ulrica Arvidson), Nina Solodovnikova (Oscar), Darío Maya (Christian), David Lagares (Conde Ribbing), Gianfranco Montresor (conde Hord), Julen Jiménez (Juez y Sirviente). Coro de la Asociación Gayarre de Amigos de la Ópera. Íñigo Casalí, director del coro. Orquesta Sinfónica de Navarra. Waut Koeken, director de escena. Luis Carvalho, escenografía y vestuario. Nathalie Perrier, diseño de iluminación. Jean-Philippe Guilois, coreografía y reposición. Glen D’Haenens, iluminación. Yves Abel, director musical. Producción conjunta de la Ópera Nacional de Lorena, Teatros de la Ciudad de Luxemburgo, Teatro de la Ópera de Nantes y Angers y Teatro de la Ópera de Zuidas. Concierto inscrito en la temporada de la Fundación Baluarte 2021-2022.