La artista navarroamericana Maite Iribarren muestra en Pamplona sus piezas en busca de contexto
El Horno de la Ciudadela acoge la exposición 'Lo que queda' con sus esculturas y fotografías satíricas


Publicado el 05/02/2022 a las 06:00
Con el tractor de la familia se propuso peinar un enorme prado de Abaurrea Baja, pero no de cualquier modo; Maite Iribarren Vázquez quería imprimir a ese campo un corte muy popular en las peluquerías de Cuba y Estados Unidos. Lo hizo con ayuda de su tío abuelo, “el Ángel Mari”, dice con su acento cubano-estadounidense, y luego con un dron, “de Joxe, también del valle”, tomaron fotos áreas. La artista de 24 años afincada en Nueva York presenta en el Horno de la Ciudadela de Pamplona su primera exposición individual, Lo que queda, hasta el próximo 27 de marzo. Su propia historia personal explica en buena parte esas experimentaciones con forma de fotografías, esculturas, orfebrería y vídeo.
Su familia paterna es aezkoana de toda la vida, “de Abaurrepea”, como dice ella, de donde nunca han salido excepto su padre, que ahora vive en Estados Unidos. El lado materno proviene de diferentes lugares como Aragón y Galicia pero “escapando del fascismo fueron a Cuba, luego escapando del comunismo se fueron a Miami, y acabarán teniéndose que ir de Miami huyendo del capitalismo y del cambio climático, porque eso acabará debajo del agua”, pronostica Iribarren. Ella vive y trabaja en Nueva York, pero sigue vinculada fuertemente a sus raíces familiares. Lleva toda la vida viajando todos los años a Navarra, donde continúa la familia paterna y donde su tía ha convertido la casa familiar en una casa rural. El año pasado, además, lo pasó íntegramente entre Abaurrea y Pamplona, con una estancia en el Centro Huarte de Arte Contemporáneo que recuerda como “una experiencia muy rica” que dio lugar a estas piezas que muestra ahora.
CUADRA Y BAZAR CHINO
Iribarren se plantea en esta exposición cómo traer esa agitada historia familiar, ese choque entre el Valle de Aezkoa y el exilio, al origen de todo, al mundo rural de Abaurrea Baja. Habla de “cómo la recontextualización repetida crea una desorientación cultural, mezcla todas las cosas y lo que queda son cosas raras a las que le das el sentido tú”, explica la artista. Es algo en lo que trabaja también en los embudos autoparlantes mudos que muestra en el centro del Horno, unas piezas que simbolizan esas tres migraciones que se han tenido que hacer por diferentes razones. “Todo el proceso termina contextualizándolo una vez más al traerlo a la Ciudadela”, añade.
Iribarren emplea fauna y flora local, herramientas agrícolas y objetos de culto religioso. El material lo ha obtenido por un lado en la antigua cuadra familiar, que ahora está abandonada, y del bazar chino de la Milagrosa.


Son hipérboles de lo convencional, piezas llenas de humor y sátira con las que habla de las convenciones sociales en las distintas tierras que ha habitado su familia. “Suelo trabajar en mis obras con la idea de cosas que están estandarizadas y por qué lo están; es como sacarle un poco el humor, no se trata de criticar ni nada, simplemente sacarle un poco la luz como algo interesante”, apunta.
Iribarren es licenciada en Ingeniería Civil y Bellas Artes por la Universidad de Michigan y está especializada en escultura y orfebrería, que aprendió en la Joyeria Oscar Gracia de Pamplona. Trabaja principalmente con materiales de construcción como el acero y polímeros utilizados en bienes de consumo producidos en masa, como el plástico.
En la exposición las propias obras se adaptan al formato circular del Horno, según señaló en la presentación el director de Cultura e igualdad del Ayuntamiento de Pamplona, Jorge Urdánoz, convirtiendo de ese modo la construcción circular en una particular borda familiar cubano, estadounidense- aezkoana.