HIstoria
Los huesos desvelan que una epidemia azotó Tudela en el siglo IX
Una enfermedad respiratoria o digestiva, con alta mortalidad en poco tiempo, explicaría los enterramientos colectivos en la ‘maqbara’ de la ciudad, contrarios a la norma musulmana


Publicado el 29/01/2022 a las 06:00
Varios enterramientos musulmanes en la maqbara de Tudela parecen desvelar que la ciudad sufrió una epidemia, seguramente de carácter respiratorio o digestivo, en el siglo IX. A esa interpretación llegan la pamplonesa María Paz Patxuka de Miguel Ibáñez, experta en el estudio de los huesos, y Juan José Bienes Calvo, profesor de la Universidad de Alicante, en un estudio que se acaba de publicar en las actas del VI Congreso de Arqueología Medieval .
Las excavaciones de la calle Herrerías de la capital ribera desvelaron 236 enterramientos, que seguían el ritual islámico de inhumación: los cuerpos estaban colocados en posición decúbito lateral derecho (tumbado de lado, mirando hacia la izquierda), y con la cara mirando hasta el sureste, es decir, hacia la Meca. Se trataba de una maqbara que estaba situada en el extrarradio del casco antiguo del primitivo casco urbano de la ciudad y que se ha datado entre el siglo IX y XI. Era una época en que la cultura musulmana dominaba en toda esta zona de lo que más tarde sería Navarra, como consecuencia de la conversión en el siglo VIII del señor de todo aquel territorio, Casio.
En aquellas excavaciones sorprendió la presencia de enterramientos colectivos, cuando la costumbre islámica prefiere las sepulturas individuales. Pero en la maqbara tudelana se vieron nueve grupos, con entre dos y ocho cuerpos, que habían sido cuidadosamente colocados según la tradición musulmana. Eran en total 38 cuerpos, con más hombres que mujeres, y con niños incluidos.
María Paz de Miguel y Juan José Bienes han tratado de explicar esa rareza. Ninguno de los 38 esqueletos muestra signo alguno de violencia o traumatismos, por lo que los investigadores apuntan que esas muertes fueron causadas “por infecciones de rápida evolución, que pudiesen provocar un elevado número de fallecimientos en un corto periodo de tiempo. Ese acúmulo de cadáveres les debió obligar a su inhumación de forma rápida, para lo que se usaron fosas comunes, un modo práctico de enterrar varios cuerpos en un mismo sepelio”.
QUIZÁ UNA PESTE
Se sabe que en épocas anteriores la Península Ibérica sufrió varias catástrofes: una hambruna vinculada a la peste de 693 y otra asociada a malas cosechas en 707-709, pero los autores reconocen que se desconoce que pasó en los siglos IX y XI, cuando se usó la maqbara tudelana, y menos en el IX, fecha más probable de los enterramientos. En todo caso, los investigadores dudan que esas muertes se debieran a una hambruna, aunque no la descartan, porque los fallecimientos se hubieran distanciado más en el tiempo y hubiese sido posible hacer inhumaciones individuales. Más probable es una enfermedad, sobre todo respiratoria o digestiva, que son “las de más rápida evolución y por tanto las que pudieran justificar un número elevado de fallecimientos aunque la comunidad fuera pequeña”. Es imposible concretar cuál fue esa enfermedad. Los autores aventuran que pudo ser un rebrote de la peste del siglo VIII, pero también la viruela, la fiebre tifoidea o paratifoidea o la disenteria amebiótica, enfermedades conocidas desde la antigüedad.
En todo caso, los investigadores reconocen que los enterramientos dejan varias incógnitas. Una, la composición de los grupos. Pudieron agruparse por vínculos de parentesco o matrimonio, pero parecen respetar la norma islámica de que los enterramientos separen hombres y mujeres. Salvo en un caso, los grupos son de hombres o de mujeres, algunos de ellos con niños. El otro enigma es la ausencia entre los cuerpos de menores de 5 años, cuando es un grupo de edad abundante en las necrópolis. Los investigadores, conceden, esperan que mayores investigaciones permitan dar la solución.