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Pamplona Negra fabuló sobre Antonio Anglés en su último día

Charlaron Santiago Díaz, que ha novelado dónde está Anglés, y Javier Martínez, periodista que ha cubierto desde 1992 el caso de las niñas de Alcasser

Ampliar Desde la izquierda, Susana Rodríguez Lezaun, Santiago Díaz y Javier Martínez
Desde la izquierda, Susana Rodríguez Lezaun, Santiago Díaz y Javier MartínezJESÚS CASO
Publicado el 23/01/2022 a las 06:00
Javier Martínez, periodista de sucesos en Las Provincias (Valencia), no ha vuelto a cubrir una noticia con tanto seguimiento y repercusión como el caso de las niñas de Alcasser, del que informó desde el primer día, cuando las tres amigas de 14 y 15 años Míriam, Toñi y Desirée desaparecieron el 13 de noviembre de 1992. “Y siento una tristeza enorme de que acabara de esta manera”, reconoció este sábado, treinta años después de que sus cuerpos fueran hallados y se supiera que las violaron y torturaron antes de asesinarlas. Pero no fueron las menores quienes centraron la última sesión de esta edición de Pamplona Negra, sino Antonio Anglés, principal sospechoso de los crímenes. Martínez, colaborador en diversos medios de comunicación y documentales como especialista en el caso, compartió charla con el escritor Santiago Díaz, que este enero ha publicado la novela Las otras niñas, con la huida de Antonio Anglés “que España vivió en directo” como punto de partida. “Santiago ha ficcionado la parte que se puede ficcionar, la fuga de Anglés”, señaló Martínez. Porque en esto consistió el encuentro de ayer moderado por la directora del festival, Susana Rodríguez Lezaun: en fabular sobre qué ha podido pasar con Anglés.
El periodista se remontó al 27 de enero de 1993, el día en que encontraron los cuerpos, aunque el agricultor que llamó a la Guardia Civil avisó de que una mano sobresalía de la tierra y no se sospechó en un primer momento de que fueran las menores -en aquella época también se buscaba a un joven desaparecido días antes-. Martínez y otros dos compañeros acudieron al terreno y fueron testigos de esa primera inspección ocular en la que se encontraron pistas que posibilitaron la detención ese mismo día del único condenado por los crímenes, Miguel Ricart -la Guardia Civil ya no encontró a Antonio Anglés en su casa-.
CAMPAÑA INTERNACIONAL ESTE DOMINGO 
En aquel momento, Santiago Díaz tenía 21 años y vivió la desaparición de las niñas “día a día”. “Acababan de aparecer las televisiones privadas, Televisión Española, Antena 3 y Telecinco competían por la audiencia, y saltó este caso, que nos retransmitieron en directo a diario mucho tiempo”. Martínez refrescó nombres -el de Paco Lobatón y el programa ¿Quién sabe dónde?- y confesó “la vergüenza” que ha sentido como periodista “por el circo mediático que se montó, el programa de Nieves Herrero en directo cuando aparecieron los cuerpos... Creo que se aprovecharon, que traficaron con sentimientos”, reflexionó.
Con el hallazgo de los cuerpos comenzó para Santiago Díaz “otra historia”, que es la que le interesa y le ha llevado a escribir Las otras niñas después de que lo último que se supo de Anglés era que había saltado desde un barco: de estar vivo, ¿dónde está? No ha dejado de hacerse la pregunta. “Es un caso que me ha marcado mucho y sigue estando en el imaginario colectivo”.
Y, ciertamente, en cuanto al paradero de Anglés no hay ninguna pista, si bien una acusación popular nueva ha pedido que se hagan unas pruebas genéticas para ver si se encuentran coincidencias de ADN con algunos pelos que no se pudieron analizar en los años noventa. “En el supuesto caso de que Anglés aparezca, se le podría juzgar con más garantías para ser condenado”, señalo Martínez. Además, el grupo de fugitivos de la Policía Nacional está preparando una campaña internacional para difundir unas fotografías sobre cómo puede ser su actual aspecto, trabajo de un antropólogo forense y una especialista en imagen tras estudiar sus características faciales.
Para escribir Las otras niñas, Díaz se ha ceñido a la investigación oficial, “lo que está aceptado por las autoridades”: la huida de Anglés desde que fueron a buscarle a casa. Se sabe que amenazó con un objeto punzante a un agricultor para que le llevara en su coche a Cuenca. “Se tapó con una manta en la parte trasera y, cuando la Guardia Civil paró al agricultor en un control de búsqueda de Anglés, el agricultor tenía tanto miedo que no dijo a quién llevaba en el asiento de atrás. Tardó dos días en acudir al cuartel”. Después se trasladó a Lisboa, donde cogió un barco. Ya en alta mar, el personal del navío lo localizó como polizón -“la investigación apunta a que era él”- y le encerró en un camarote para entregarlo a las autoridades de Dublín. Y aunque Anglés escapó de allí y trató de huir en un bote salvavidas, lo encontraron y volvieron a encerrarlo en el camarote, atrancando la puerta con un tronco. Al abrirla en el puerto de llegada no había nadie en el interior, si bien el tronco seguía perfectamente colocado. “Se sospecha que alguien le ayudó y saltó por la borda, aunque es muy complicado que sobreviviera”, manifestó el periodista, que se refirió al chaleco salvavidas encontrado en las rocas de Dublín. “Durante un mes”, continuó su compañero de mesa, “se fue escapando por los pelos de todos los controles, se iba justo cuando llegaba la policía”. Juzgamos lo ocurrido, prosiguió, con la visión de 2022, pero hay que tener en cuenta que hace treinta años no existían móviles, ni Internet, hablar de geolocalización era ciencia ficción, las comunicaciones eran lentas, los movimientos más...
“PSICÓPATA DE LIBRO”
Los dos invitados coincidieron en que, de estar vivo, “sorprende que no haya cometido más delitos”. Y es que, cuando se produjeron los crímenes de las niñas, Anglés no había regresado del permiso carcelario que le habían concedido en su condena por el secuestro y tortura de una chica. “Para mí”, continuó el escritor, “era un psicópata de libro. Y lo planteo en la novela: una persona como esta no es un delincuente ocasional, sino que venía preparándose, y sería muy difícil que, de seguir vivo, se hubiese podido comportar como un ciudadano ejemplar estos años”.
Retransmisión en directo del caso, hallazgo de los cuerpos, detalles de los crímenes, huida de Anglés, teorías conspiranoicas que defendió uno de los padres, juicio a Miguel Ricart, desaparición del principal sospechoso... “Esto hace que todavía pensemos que puede aparecer”, planteó Díaz. “Nos seguimos preguntando dónde está y cuál será su aspecto actual. Gente muy joven que aún no había nacido conoce el caso perfectamente”. ¿Y por qué se mantiene en el imaginario colectivo? Para el periodista, por el número de víctimas -“tres niñas asesinadas, no recuerdo ningún otro caso”-, por esa desaparición mediática y por la teoría de la conspiración de que Ricart no era culpable -“en el juicio esta acusación particular se convirtió en defensa”-.
“Fabulemos”, propuso entonces la moderadora: “¿Dónde está Anglés?”. Aunque vaya en contra de Las otras niñas, Santiago Díaz cree que murió ahogado, aunque no ha dejado de pensar en la posibilidad, porque existe, de que viva. El periodista da el mismo final a Anglés que Díaz. Y “policialmente”, añadió, “lo siguen buscando, vivo o muerto”.
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