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Periodista y Escritora

Almudena Sánchez: “Escribir sobre mi depresión fue una indagación en la tristeza total”

Reinicia con su visita hoy a la Biblioteca de Navarra (19 horas) el ciclo de conversaciones con escritoras. Lo hace con ‘Fármaco’, su testimonio sobre la depresión que tuvo durante tres años y que convirtió en literatura

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La AECID la seleccionó en 2019 entre los diez mejores escritores treintañeros de Españalisbeth salas
Publicado el 17/01/2022 a las 06:00
Cuando su mente estaba perdida, cuando la tristeza dinamitó todas sus certezas, su cuerpo le pidió escribir. Y Almudena Sánchez lo hizo, y creó 'Fármaco', un relato sobre su depresión y retazos de su vida. “Lo veo como un amigo que arrojas a quien está pasando el peor sufrimiento posible que existe para mí: no querer vivir, no querer estar en el mundo, querer desaparecer nada más empezar el día”, se sincera. “Si Fármaco sirve como acompañamiento y alivia aunque sea un 5% del dolor, ya he logrado lo que quería”. Con él visita esta tarde la Biblioteca de Navarra en el ciclo de conversaciones con escritoras.
El jueves fue el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión. ¿Esta fecha se sitúa ahora de algún modo en su vida?
Me impacta mucho. Nunca había prestado atención a nada de la salud mental, hasta que, de repente, te pasa algo y quieres entender y saber. El jueves escribí un tuit animando a todas aquellas personas que tienen depresión y avisando de que no se cura con voluntad, que es una enfermedad con todas sus letras; que no pasa nada, que se puede decir, que no tiene nada que ver con la debilidad de una persona. El lugar en el que menos me gustaría estar del mundo es en el cuerpo de una persona con depresión.
¿Hace cuánto dejó de estar ahí?
Dejé de tomar la medicación en noviembre del 2020 y a encontrarme bien, en febrero del año pasado. Estuve con depresión tres años largos, desde 2017.
¿Qué supone que le entrevisten por una obra tan personal?
Es muy duro. Aunque lo tengo superado, me cuesta hablar de ello. Me afecta emocionalmente y me agoto. Es la promoción literaria más dura que he tenido. Pero a la vez pienso que estoy visibilizando algo, junto a muchas otras personas -profesionales de la medicina, artistas...-, y que es importante. El silencio no ayuda nada, sino que lo convierte todo en tabú y prejuicio. Lo que hay que hacer es hablar y no tener miedo. Decir ‘yo lo he pasado y sigo con mi vida’, porque se cura.
Habla de esto en el libro: “No he recibido nunca consejos sobre el miedo, la inadaptación, el choque o la brutalidad mental”. Esto es no hablar de la depresión. Cuando se produce, ¿qué es?
Una explosión en el cuerpo. He pasado un cáncer de ovarios a los 16 años y una depresión, y ha sido mucho más difícil intentar curarme de la depresión que del cáncer porque de este podía hablar. Había una comprensión acerca de ello, me abrazaban y me respetaban: si me encontraba mal, no había duda de que me encontraba mal, pero con la depresión sí.
¿Cuando creyó que escribir este libro era una buena idea?
Surgió una necesidad personal. No me planteé si este libro podía o no tener éxito, si el tema estaba o no en boga -en 2017 no lo estaba-. Empecé a escribirlo porque la depresión es una enfermedad muy trascendental, muy existencialista, muy humana, muy de los tiempos de ahora. Fue un impulso personal.
¿Sabía qué quería contar?
Para nada. Fui descubriéndolo poco a poco. Empecé escribiendo a mano, pequeñas notas -tenía muchas pesadillas por la medicación-. Fue un ejercicio de averiguación, una exploración, una indagación sobre la tristeza total.
¿Y sabía cómo lo quería contar?
La voz literaria fue lo más importante: quise contarlo en primera persona y también a modo testimonial, confesional. Quería que fuese un libro cercano, sensible, personal, y que hubiese narrativa, una historia. Pero no sabía qué me iba a salir. Fue espontáneo que fuera tan fragmentario, que incluyera libros sobre la depresión que me iba leyendo, poquito a poco, cuando podía... Estas lecturas de historias de personajes que sufrieron depresión son para mí de total admiración. Me parece un acto de generosidad, porque yo he escrito Fármaco también documentándome con otros libros, y citarlos era hacerles un homenaje. Son libros atrevidos, valientes y duros.
Uno dos de sus frases, cuando le decían “Almudena, tú eres fuerte” y cuando, tras diagnosticarle la depresión, usted escribió “por fin ejercía mi derecho a estar triste, a no sonreír al auditorio y a no verlo. Por fin, enferma”.
Poner un sello te dignifica la depresión, y con él podía decir a mis padres que no estaba jugando, que no me lo estaba inventando, que no había elegido esa enfermedad, un sufrimiento atroz. El sello es un alivio porque da un poco de entidad a la enfermedad.
Narra en Fármaco que lo escribió porque no podía pensar en nada que no fuera morir.
Tenía otros proyectos literarios empezados, otras ideas, y no me podía centrar. Todo en mi cabeza era la depresión a cada instante. Creo que lo más importante para un escritor, para una escritora, es contar lo que le importa en ese momento, sobre lo que no puede dejar de pensar, y en mi caso era la depresión.
“Este párrafo no debería publicarlo”. Pero ahí está.
Sí, era muy fuerte, sobre la animación del cuerpo a morirse: “Lo único que me apetece es pensar en formas de morir”. Y sabía que era duro y contraproducente, que iba contra la vida. De hecho, ahora no estoy de acuerdo con ese párrafo. Pero creo que, si te metas en la cabeza de una persona con depresión, ese es el pensamiento constante. Por eso, aunque no sea nada diplomático, pienso que está bien que quede escrito porque es real.
Comenta que la depresión es como si te ataran al pie una bola de acero de presidiario. ¿Fue consciente de cuándo se desató?
Tenía la sensación de que nunca me iba a recuperar. Hay que tener mucha paciencia, una especie de fe en la curación, porque no lo ves, porque es muy difícil salir de lo negro. Me desesperaba. Conseguir desprenderte de la depresión es un proceso lentísimo, y más en esta sociedad de la inmediatez, del efecto del ibuprofeno en veinte minutos, de la contestación a los mensajes ya, de la llegada del autobús enseguida... Sobre todo los jóvenes no podemos asumirlo, ‘esto es un timo, no funciona la medicación’.
¿Ha releído Fármaco?
No puedo. Me da temblor volver a él, igual que todo lo relacionado con la depresión, como ver una caja de antidepresivos. Me da mucho respeto, miedo y terror.
Que le relean párrafos no tiene que ser fácil...
No, pero intento pensarlo como literatura, como un lugar lejano a mí que escribí en ese momento. Me reconozco en el libro porque soy así y he experimentado esas tinieblas dentro de mí. Siempre he sido una niña un poco existencialista. Al final es una cosa biológica, social, muy genética en mi caso. Reconozco a esa Almudena y a lo mejor yo tenía que pasar por esa enfermedad para seguir hacia adelante, no lo sé.
¿Cuál es el mejor fármaco contra la depresión?
Por lo que he aprendido, la ciencia y el amor, del tipo que sea.

DNI

​Almudena Sánchez (Andratx, Mallorca, 1985) es periodista y máster en Escritura Creativa. La acústica de los iglús (Caballo de Troya) fue su primer libro, de relatos. Ya con ocho ediciones y publicado también en Argentina, figuró entre los libros favoritos de la New Spanish Books. En 2013 fue incluida en Bajo 30, antología de nuevos narradores españoles (Salto de Página) y en 2019 fue seleccionada entre los diez mejores escritores treintañeros de España por la AECID. Vive en Madrid.

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