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Alejandro Aranda, investigador: “Los atributos de poder eran sumamente importantes en Navarra para nuestros antepasados”

‘Vestir la autoridad’ es la última monografía que edita la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro. Su autor analiza en esta entrevista los objetos que han sido empleados por el poder municipal en Navarra, desde el siglo XVII hasta la actualidad

Ampliar Alejandro Aranda Ruiz posa con un ejemplar de su libro, Vestir la autoridad, en el Nuevo Casino
Alejandro Aranda Ruiz posa con un ejemplar de su libro, Vestir la autoridad, en el Nuevo CasinoJ.A. Goñi
Publicado el 10/01/2022 a las 06:00
Alejandro Aranda Ruiz (Pamplona, 1991) es Premio Extraordinario de Doctorado en Artes y Humanidades por la Universidad de Navarra. Su tesis doctoral, Fiesta, arte y ceremonial en la Pamplona del Antiguo Régimen. La imagen de una ciudad (2019) está en el origen de varias publicaciones y la última de ellas, 'Vestir la autoridad'. Atributos de poder y representación en Navarra, acaba de editarse por la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro con el patrocinio del Gobierno de Navarra. Historiador, investigador y técnico de bienes muebles del Arzobispado de Pamplona y Tudela desde febrero de 2021, analiza los elementos que se han utilizado a lo largo de la historia en Navarra para “reforzar la autoridad de las instituciones municipales y fomentar el respeto de los ciudadanos hacia las mismas”.
¿Cómo surgió el proyecto de escribir este libro?
Una de las fuentes con las que nutrí mi tesis doctoral fueron los pleitos que, por cuestiones protocolarias, ventilaron diferentes ayuntamientos e instituciones navarras ante el Consejo Real, un órgano consultivo y también judicial que existió en el reino hasta 1841, y cuyas actas se conservan en el Archivo Real y General de Navarra. Al leer el conjunto de pleitos me di cuenta de que los atributos de poder eran sumamente importantes para nuestros antepasados. De esta forma, decidí reservarme parte estas cuestiones para realizar con posterioridad un estudio específico considerando que el tema había sido obviado por la historiografía.
¿Por qué los atributos de poder eran tan importantes?
Porque ayudaban a exteriorizar y a hacer palpables valores y significados de naturaleza inmaterial como son el poder, el cargo, el buen gobierno, la categoría y el estatus de la población, bien como cabeza de reino, cabeza de merindad, villa exenta, etc. Un concejal no solo lo era por el mero hecho de haber accedido al cargo legítimamente, sino también porque lo aparentaba. Los atributos que ostentaba le recordaban a él, el primero, lo qué era y qué se esperaba de su labor. También recordaban a los demás quién era esa persona a quien debían respetar y obedecer.
De los objetos de poder que analiza en su libro, las veneras y los trajes concejiles llevan el mayor peso en la obra. ¿A qué se debe?
Sobre las veneras y los trajes hay mayor documentación y eso me ha permitido un mayor juego. Además, eran los que más presencia tenían en el día a día de los ayuntamientos, ya que hasta el siglo XIX los regidores tenían obligación de lucir la venera y la golilla cada vez que ejercían el cargo. Es como si ahora los concejales tuviesen que vestir traje y medallas en los plenos, ¿se lo imagina?
La primera venera municipal es la de Pamplona. ¿Puede recordar brevemente su historia?
Sí, fue tras la peste de 1599, cuyo fin atribuyó el Ayuntamiento a la intercesión de las Cinco Llagas de Cristo, cuando el Consistorio acordó, en señal de agradecimiento, portar una insignia de esta devoción de manera perpetua. La forma que se les ocurrió no fue otra que la de la venera. A pesar de su origen indudablemente religioso, la venera acabó convirtiéndose no solo en una suerte de exvoto o amuleto, sino en una insignia del cargo municipal entregándose todos los años a los nuevos concejales el día de su toma de posesión.
Después de la de Pamplona, vinieron las de otros ayuntamientos...
Sí. Pamplona fue la que marcó estilo no solo en esta cuestión, sino también en otras de carácter protocolario y ceremonial. Hay que tener en cuenta que era la ciudad más importante no solo desde el punto de vista político-simbólico, sino también desde el punto de vista demográfico y económico. A ello hay que sumar la rivalidad que existía entre Pamplona y las cabezas de merindad, que nunca acabaron de aceptar del todo la preeminencia que la capital se atribuía en razón de su título de cabeza de reino. Una manera de ponerlo en cuestión y equipararse de algún modo a ella era imitar algunos de sus usos y costumbres.
¿Qué otras localidades navarras refleja en el libro?
En mayor o menor profundidad, aparecen Tudela, Estella, Sangüesa, Olite, Tafalla, Corella, Cascante, Viana, Puente la Reina, Arguedas, Valtierra, Mendavia, Mendigorría, Cintruénigo, Fitero, Bera, Lesaka, Santesteban o Roncal.
Felipe IV fue un monarca determinante a la hora de otorgar la categoría de ciudad a varias localidades, ¿cuál era su objetivo?
Siempre se ha dicho que el objetivo de la Corona no era otro que el de recaudar dinero, pues las localidades que pretendían este título debían pagar cuantiosas sumas al erario real. Sin embargo, esta visión, sin dejar de ser cierta, es un poco reduccionista. Tenemos que ser conscientes de la importancia que el privilegio y la diferencia tuvieron en la sociedad del Antiguo Régimen. En una época como la actual en la que se insiste tanto en la igualdad en todos los ámbitos de la vida, se nos hace cuesta arriba pensar que hasta el s.XVIII lo que la sociedad valoraba en general no era la igualdad, sino la diferencia. En consecuencia, cada estamento debía tener sus privilegios, cada corporación y gremio sus estatutos, cada ciudad y reino sus fueros. El título de ciudad suponía para la población que lo alcanzaba un timbre de distinción que hacía sobresalir a su localidad por encima de las demás, le otorgaba ventajas ceremoniales y protocolarias, mayores competencias y exenciones en materia gubernativa y, por supuesto, ventajas económicas.
¿La evolución histórica de los diferentes elementos es parecida entre sí o cada uno de ellos evolucionó de manera distinta según la ideología imperante, las modas...?
Es indudable que el contexto histórico, social, político y religioso ha condicionado la forma, el significado y el uso y función de estos objetos. La religiosidad de los siglos XVI y XVII trajo consigo el que en las veneras navarras, de manera generalizada, una de las caras se reservase a una devoción religiosa (un voto o el patrón del pueblo). La incorporación de la mujer a la política provocó la aparición del traje específico que a día de hoy lucen las corporativas pamplonesas. Cada época histórica proyecta unos valores y significados diferentes en los mismos objetos. Es cuando esos valores y significados son incompatibles con la existencia o uso de estos objetos cuando estos desaparecen o, cuando menos, entran en crisis. Estoy pensando, por ejemplo, en el traje de gala de los concejales de Pamplona durante la Segunda República.
Dice el refrán que “el hábito no hace al monje, pero lo distingue”. ¿Cómo influyó la vestimenta para lograr la aceptación de la autoridad en el pasado?
El ser humano es un animal simbólico. Necesitamos signos y símbolos con los que materializar nuestras inquietudes y creencias más profundas y la política no es una excepción. En el pasado, las instituciones fueron muy conscientes de esto y se rodearon de ceremonias y protocolo, signos y símbolos con los que proyectar su poder, legitimar su posición y ejercer su función. Es verdad que el poder tenía medios mucho más contundentes para imponerse, pero gracias a estos recursos aquellos que ostentaban el poder se revestían de una auctoritas imprescindible para garantizar la eficacia de su labor y la paz social. Para una persona corriente de una sociedad en la que la jerarquía, la diferencia y la posición tenían gran valor, ver a sus representantes públicos vestidos de determinada manera, ocupando determinados asientos y rodeados de ciertos símbolos infundía respeto y consideración.
¿Cuándo se produjo el cambio? 
Con la llegada del liberalismo político en el siglo XIX, la democracia en el siglo XX y la difusión de una mentalidad igualitaria e individualista, el papel de los atributos de poder ha cambiado notablemente. No solo su uso se ha reducido a contadas ocasiones al año, sino que su papel es en la actualidad meramente protocolario, asociándose su empleo a la tradición y a la costumbre. Asimismo, al haberse producido un cambio radical en el contexto que los vio surgir, de cuando en cuando, el empleo de estos elementos entra en crisis. Estoy pensando en el episodio del concejal de Pamplona Armando Cuenca y la camiseta de Spiderman hace unos años.
Es evidente que una gran parte de la ciudadanía considera todavía la vestimenta clave en la representación de la autoridad. Recuerde la polémica que se suscitó cuando Pablo Iglesias llegó al Congreso con coleta y sin traje...
La tradición nos enseña que las formas son importantes, pues al primero que ayudan es a uno mismo. Recuerdo que, durante el confinamiento, muchos psicólogos aconsejaban a aquellos que teletrabajaban que se vistiesen para ello del mismo modo que lo hubieran hecho si hubiesen ido a su puesto físico de trabajo, pues ello les ayudaría a concentrarse en su trabajo, “a entrar en situación”. Asimismo, las formas suponen un respeto y una consideración hacia la actividad que se realiza y hacia aquellos a los que va destinada. En el libro vemos a regidores que tenían en alta estima su posición y lo qué representaban. No se trataba solo de ellos, se trataba de su pueblo, de su ciudad, de sus vecinos. Es cierto que el factor de la vanidad personal jugaría algún papel. Cuando nos arreglamos para ir a una boda o celebración lo hacemos no solo para vernos bien, sino para recalcar lo importante que es para nosotros ese acontecimiento. No hace falta ir de golilla a un pleno del Ayuntamiento o al Congreso de los Diputados, pero tampoco nos vayamos al otro extremo.
¿Conoce alguna anécdota en la que los atributos de poder hayan sido claves para resolver algún conflicto social o alguna disputa?
Más que de resolución de conflictos, los atributos de poder eran fuente de numerosas disputas. En la mayoría de los casos el conflicto no rebasaba el carácter dialéctico y jurídico, pero recuerdo una vez en la que la violencia física estuvo a punto de aparecer. Fue en Tudela en 1802, cuando el Ayuntamiento de la capital ribera negó a los representantes de Pamplona la entrada en la ciudad con veneras y mazas, y los tudelanos estuvieron a punto de linchar a los pamploneses por esto. Es un caso extremo, pero que sin duda refleja muy bien la importancia que se daba a estos objetos como potenciadores de una identidad o una posición.

Los atributos individuales de poder y autoridad municipal en Navarra

Veneras (medallas municipales) y varas constituyen los principales distintivos del poder municipal. Arriba, la vara de mando del alcalde de Pamplona y debajo las veneras de Pamplona (1600), Tudela (1621) y Los Arcos (1825)
Veneras (medallas municipales) y varas constituyen los principales distintivos del poder municipal. Arriba, la vara de mando del alcalde de Pamplona y debajo las veneras de Pamplona (1600), Tudela (1621) y Los Arcos (1825)dn
Atributos individuales de poder
Atributos individuales de poderdn
el uniforme concejil. El atuendo que los concejales vestían en sus oficios ayudó a formar la imagen institucional. Encima, el alcalde de Aezcoa en 1924
el uniforme concejil. El atuendo que los concejales vestían en sus oficios ayudó a formar la imagen institucional. Encima, el alcalde de Aezcoa en 1924DN

Los atributos colectivos de autoridad y representación municipal en Navarra

Las mazas fueron un signo de estatus y privilegio de las ciudades. Arriba pueden verse las de Sangüesa (s.XX); debajo las de Corella (1695); y a la dcha, la de Puente la Reina (s.XVII). Encima, un macero del Ayuntamiento de Estella
Las mazas fueron un signo de estatus y privilegio de las ciudades. Arriba pueden verse las de Sangüesa (s.XX); debajo las de Corella (1695); y a la dcha, la de Puente la Reina (s.XVII). Encima, un macero del Ayuntamiento de EstellaDN
Las mazas fueron un signo de estatus y privilegio de las ciudades. Arriba pueden verse las de Sangüesa (s.XX); debajo las de Corella (1695); y a la dcha, la de Puente la Reina (s.XVII). Encima, un macero del Ayuntamiento de Estella
Las mazas fueron un signo de estatus y privilegio de las ciudades. Arriba pueden verse las de Sangüesa (s.XX); debajo las de Corella (1695); y a la dcha, la de Puente la Reina (s.XVII). Encima, un macero del Ayuntamiento de EstellaDN
Las mazas fueron un signo de estatus y privilegio de las ciudades. Arriba pueden verse las de Sangüesa (s.XX); debajo las de Corella (1695); y a la dcha, la de Puente la Reina (s.XVII). Encima, un macero del Ayuntamiento de Estella
Las mazas fueron un signo de estatus y privilegio de las ciudades. Arriba pueden verse las de Sangüesa (s.XX); debajo las de Corella (1695); y a la dcha, la de Puente la Reina (s.XVII). Encima, un macero del Ayuntamiento de EstellaDN
BANDERAS, PENDONES Y ESTANDARTES. No eran tanto un atributo de poder como un elemento de identidad para la movilización bélica de los ciudadanos o las visitas reales. En la foto, el tradicional baile de la bandera en el Roncal
BANDERAS, PENDONES Y ESTANDARTES. No eran tanto un atributo de poder como un elemento de identidad para la movilización bélica de los ciudadanos o las visitas reales. En la foto, el tradicional baile de la bandera en el RoncalDN
bancos, escaños y doseles. El asiento (en bancos o escaños) fue uno de los principales recursos del ceremonial municipal. Y el dosel presidía el salón de plenos. En las imágenes, el banco de la villa de Larraga
bancos, escaños y doseles. El asiento (en bancos o escaños) fue uno de los principales recursos del ceremonial municipal. Y el dosel presidía el salón de plenos. En las imágenes, el banco de la villa de LarragaDN
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