

Publicado el 19/12/2021 a las 06:00
Hacía tiempo, pero muchísimo tiempo, que no me enfrentaba a un filme que no solo no dispusiera de un sostén narrativo, sino que renegara de él como lo hace la última película de la cineasta húngara Ildikó Enyedi.
Recientemente, llegó a las carteleras el producto de orfebrería de otro director, Wes Anderson, adepto al ensimismamiento por la vía de la adoración al ámbito formal y la dejación hacia las responsabilidades del guion. Sin embargo, en ese caso, la tragedia no traspasaba tantos límites como sucede en esta ocasión.
La previsión, teniendo en cuenta el último, premiado y aplaudido trabajo de esta realizadora, En cuerpo y alma, ya abría la puerta a un cargamento desmedido de lirismo y autocomplacencia, pero nada podía augurar la bofetada al espectador que supone un proyecto tan desnortado.
Por delante, 169 minutos de una colección de capítulos totalmente independientes entre sí, sin apenas estructura común, más allá de compartir a los mismos personajes. Dividida en fragmentos de títulos rimbombantes, el relato nace de una conversación entre un capitán de barco y un amigo.
El marinero le espeta que se casará con la primera mujer que aparezca en el bar donde se encuentran. En la siguiente secuencia, el hombre propone matrimonio a una desconocida. Y a partir de ahí, el caos.
Los episodios se prolongan carentes de cualquier nexo que defina una configuración con sentido expositivo. No solo eso; la sinrazón orgánica supura tal cantidad de desconcierto que posibilita infinitas consecuciones y ordenamientos de los apartados, ya que el resultado de la experimentación no variaría un ápice de lo obtenido: un completo desbarajuste, inapetente y cargante.
Porque semejante afrenta a la importancia que la historia ha de asumir dentro de un largometraje no arriba sola, sino que la acompaña un ritmo exasperante, que, además, comporta algunas de las máculas más molestas en esta clase de odas al estilo, sobre todo cuando se descubre que albergan oquedades descomunales.
A saber: tipos con la mirada perdida en el horizonte, parejas que se observan en silencio durante interminables pasajes, la cadencia tranquila de olas en estampas poéticas, el rumor de la ciudad con los quehaceres diarios de sus habitantes, paseos pensativos a través de calles y parques ataviados con el tono dorado de los buenos años del siglo...
Cuadros en movimiento que no aportan significado alguno a una hipotética trama en esta adaptación de la novela más conocida de Milán Füst. ¿Explicitan el argumento o sirven para perfilar mejor a los individuos o incluso describir el contexto? Rotundamente, no. ¿Sufriría algún percance serio la cinta de extirparlos de forma traumática? Ninguno. ¿Y entonces?
Entonces, queda en pantalla una majestuosa puesta en escena, con un fulgurante dominio de la iluminación y de la combinación entre la música, el compás flemático y el cariz introspectivo y meditabundo de la autora.
Esta aura absorta, no obstante, no supera un análisis pormenorizado, ya que la casi desaparecida línea que vertebra el libreto se halla plagada de metáforas primarias, que desencadenan diálogos absurdos, no ya por no ayudar a marcar un rumbo a la crónica, sino por desmenuzar realidades incoherentes y pobladas de enajenaciones sentimentales.
Y en cuanto a la potencia tras la cámara, la belleza cae presa de un academicismo lacerante, en el que únicamente se atiende a primeros planos y, como agasajo de la excentricidad, a visiones cenitales que se repiten periódicamente.
En otras palabras, crueldad ilustrativa, tedio repetitivo, vacío de enfoque personal y ausencia de atractivo que consiga que el toque ácido con el que obsequia al público Léa Seydoux y la interpretación hierática del holandés Gijs Naber, muy al unísono con el ofuscamiento general, se empleen para algo más que atiborrar tres horas con desvaríos atroces.
‘La historia de mi mujer’
Dirección: Ildikó Enyedi
Guion: Ildikó Enyedi -sobre una novela de Milán Füst-
Intérpretes: Léa Seydoux, Gijs Naber, Louis Garrel, Jasmine Trinca, Josef Hader, Udo Samel, Sergio Rubini, Luna Wedler, Ulrich Matthes, Romane Bohringer, Simone Coppo
Música: Adam Balazs
Fotografía: Marcell Rév
Duración: 169 minutosHungría-Alemania-Italia-Francia, 2021