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Navarros que dejaron huella

Joaquín de Elizondo, el jurista que actualizó las leyes navarras

El jurista pamplonés culminó la ‘Novísima recopilación’ de la normativa del Reino en 1724

Portada interior de la edición de la Novísima Recopilación en la colección Biblioteca de Derecho Foral de 1964
Portada interior de la edición de la Novísima Recopilación en la colección Biblioteca de Derecho Foral de 1964Diario de Navarra
  • Mercedes Galán. Pamplona
Publicado el 12/11/2021 a las 06:00
En esta sección, titulada Navarros que dejaron huella, se dedicó el segundo artículo a la persona de un jurista, Antonio de Chavier, un experto en derecho cuya principal aportación para Navarra fue conseguir que se editase la primera recopilación oficial de derecho navarro en la Edad Moderna, que él mismo había elaborado.
En esa recopilación, Antonio de Chavier logró algo no poco meritorio: que se imprimiese y difundiese mejor, por tanto, el fuero medieval que fue de aplicación en toda Navarra, el Fuero General, incluyendo además en su obra la selección del derecho navarro vigente en ese momento.
NECESIDAD DE UNA NUEVA RECOPILACIÓN OFICIAL DE DERECHO NAVARRO
A pesar de este gran logro, la obra de Chavier fue criticada. El propio autor advirtió algunas erratas, que trató fuesen subsanadas, y las Cortes reunidas en Olite en 1688, dos años después de editarse el texto, señalaron que faltaban algunas leyes o que otras estaban incompletas. Estas mismas Cortes, al advertir estas omisiones, hicieron una relación de las leyes o fragmentos que faltaban, solicitando al rey que autorizase su inclusión en la recopilación de Chavier, de forma que pudiesen aplicarse, a lo que el rey accedió.
Era importante incluir lo omitido, ya que se había decretado inaplicable, en los pleitos y asuntos que se planteasen en Navarra, cualquier otro texto diferente a la recopilación elaborada por Antonio de Chavier. Algunas de las omisiones que las Cortes de 1688 consideraron que debían subsanarse hacían referencia al procedimiento en las causas de ladrones, que debían verse en primera instancia por tres jueces de la Corte Mayor y tres del Consejo para ser sentenciada y, si no hubiese número suficiente, por dos jueces del Consejo y dos de la Corte; a que los procuradores de Sangüesa que debían acudir a Cortes los nombrasen los inseculados por esa ciudad y no todo el concejo; en otra ley, en referencia a bienes troncales, se había omitido la aclaración de que debían ser bienes raíces; o también se había omitido que las plazas de la Cámara de Comptos no podían ser servidas por sustitutos.
La cuestión es que, pocos años después de imprimirse la obra de Chavier, se planteó la necesidad de elaborar una nueva recopilación de derecho navarro. Puesto que, en referencia a la obra de Chavier, se había utilizado el adjetivo de “nueva” recopilación, al superar intentos anteriores, la nueva obra que trataría de superar los defectos de la de Chavier terminaría denominándose “novísima”.
La recopilación que pretendía sustituir y actualizar la de Chavier también debería recoger el derecho del reino desde la incorporación a Castilla. De hecho, las Cortes de Pamplona de 1678 habían hecho referencia al encargo de elaborar una recopilación que recogiese las leyes del reino desde su “unión” con Castilla hasta las Cortes que se estaban celebrando en ese momento, recopilación en la que también debía incluirse, al comienzo del texto, el Fuero General. Mencionaban esas Cortes expresamente a Antonio Chavier, quien había recibido el encargo de elaborar la recopilación y del que alababan el cuidado y la diligencia con que había realizado el trabajo, solicitando al rey la aprobación del texto y la orden de que declarase sin autoridad cualquier otro texto para ser aplicado en los pleitos y negocios que se suscitasen en Navarra.
El proceso fue largo porque todavía en 1684 solicitaron las Cortes que se incluyesen en la obra de Chavier las leyes aprobadas en la reunión de Cortes de ese año. Finalmente, la recopilación de Chavier vio la luz en 1686.
A pesar de esas alabanzas iniciales y del largo proceso seguido, no habían pasado diez años cuando, en 1695, las Cortes navarras tuvieron la idea de retomar una de las recopilaciones que no había llegado a ser oficial y que habían elaborado los síndicos. El texto de los síndicos, que se había imprimido en 1614, recogía de forma literal e íntegras las leyes y reparos de agravio.
Precisamente ahí estaba la clave de las críticas a la obra de Chavier. Sin duda, al cumplir el encargo recibido de las Cortes de 1677-78, que le indicaron redujese las leyes de Cortes a un breve compendio, extractando lo más relevante, había incurrido en las omisiones detectadas.
JOAQUÍN DE ELIZONDO, NUEVO RECOPILADOR
Inicialmente, las Cortes de 1701-1702 encargaron a los síndicos actualizar la recopilación impresa en 1614, labor que acometió Miguel de Ilarregui, síndico del reino desde diciembre de 1692.
En 1703, año que las Cortes habían puesto como límite a Ilarregui para finalizar la actualización de la recopilación de 1614, fue nombrado síndico del reino Joaquín de Elizondo.
Joaquín de Elizondo era natural de Pamplona, donde nació hacia 1660. Hijo de Francisco de Elizondo, abogado de los tribunales reales, era lógico que estudiase leyes. Cursó sus estudios en la Universidad de Huesca y volvió a Pamplona en 1685, realizando los tres años de pasantía requeridos con Diego de Yarnoz, alcalde de la Corte Mayor, y con su propio padre.
En 1688 presentó las pruebas de limpieza de sangre, requeridas para ejercer como abogado en los tribunales reales. Le examinó para su recepción como letrado Miguel de Ilarregui, quien era entonces abogado de los tribunales reales, de modo que sus vidas seguirían el mismo camino en varios momentos.
En 1692 sustituiría Joaquín a su padre como abogado de pobres y, en 1695, fue regidor de Pamplona. El 4 de diciembre de 1703 fue nombrado síndico del reino, cargo que desempeñó hasta el 11 de mayo de 1713.
Tras participar, como procurador por Pamplona, en la reunión de Cortes de 1709, fue nombrado miembro de la Diputación por el brazo de las universidades. En el desempeño de este cargo, fue a Madrid varias veces comisionado por la Diputación entre los años 1711 y 1713.
Al ser designado oidor de la Cámara de Comptos, el 11 de mayo de 1713, presentó su renuncia a los cargos de diputado y de síndico. El 8 de octubre de 1726 fue nombrado oidor del Consejo real, máximo tribunal del reino, ocupando una plaza que había quedado libre por fallecimiento de su titular, Jerónimo Navarro. Desempeñó este cargo durante diez años, hasta su muerte en 1736.
Su trayectoria vital refleja el perfil de jurista de Joaquín de Elizondo y, en particular, su preferencia por desempeñar la función judicial en los tribunales navarros, ya que cuando pudo elegir, en 1713, dimitió como diputado y síndico del reino.
A pesar de ello, Joaquín de Elizondo ha destacado en la historia jurídica de Navarra por su trabajo como recopilador. Este trabajo consistió en continuar la tarea recopiladora realizada por Miguel de Ilarregui, con quien había coincidido como síndico del reino y que falleció en 1716.
Habrían sido las Cortes de 1716-1717 las que encargaron a Joaquín de Elizondo continuar la tarea de Miguel de Ilarregui, que había dejado concluido el primer libro de la recopilación.
CONTENIDO DE LA 'NOVÍSIMA RECOPILACIÓN'
Joaquín de Elizondo presentó a las Cortes el resultado de su trabajo en agosto de 1724. Lo realizó siendo oidor de la Cámara de Comptos, cargo que desempeñó desde mayo de 1713 hasta el 8 de octubre de 1726.
Las Cortes tardaron un año en aprobar la obra de Elizondo, mientras dilucidaban si era conveniente incluir las leyes de esa última reunión de Cortes, que se estaban celebrando entre 1724 y 1725. El 21 de agosto de 1725 decidieron no incluirlas, aprobando el trabajo de Elizondo al día siguiente, 22 de agosto.
Se encargó la revisión del texto a Baltasar Lezaun, que sugirió incorporar el Privilegio de la Unión de la ciudad de Pamplona de 1423, así como el prólogo de la recopilación que habían elaborado los síndicos en 1614, además de algunos pequeños cambios. Finalmente, no se incorporaron los textos sugeridos.
La obra, titulada Novíssima Recopilación de las Leyes del Reino de Navarra hechas en sus Cortes generales desde el año de 1512 hasta el de 1716 inclusive, se imprimió en Pamplona en 1735, en la imprenta de Joseph Joachín Martínez.
Su contenido recoge 1.838 leyes, distribuidas en cinco libros que, a su vez, se dividen en 124 títulos. Estas leyes son leyes de las Cortes de Navarra y agravios o actuaciones contrarias a los fueros y leyes de Navarra que fueron “reparados” por el rey.
Conforme al espíritu que inspiró esta fase del proceso recopilador, en el sentido de respetar la literalidad de las leyes, las leyes se recogen íntegras, incluyendo el “pedimento” o petición de los tres Estados, así como el decreto o resolución real a lo solicitado.
Los cinco libros tratan sustancialmente las siguientes materias: el libro primero trata cuestiones relevantes de derecho público, comenzando con las fórmulas de juramento de los reyes y de los virreyes. Se trata también, principalmente, de los límites territoriales del reino; de las Cortes, que pasaron de reunirse anualmente a tener una periodicidad cada vez más dilatada; del respeto a las leyes y fueros del reino, decretando el rey, a petición de los tres Estados, que las cédulas reales y provisiones que fuesen contrarias a las leyes y fueros del reino fuesen “obedecidas pero no cumplidas”, lo que era una concesión muy importante para el reino; de los oficios o cargos públicos; de las fortalezas; del ejército; de los cuarteles y alcabalas; de los productos que se podían entrar y sacar del reino; de ganados, pastos, cañadas, la Mesta; de los vínculos de los pueblos; almadías; y de diversos privilegios y exenciones.
El libro segundo se dedica a cuestiones procesales, aludiendo a los tradicionales tribunales del reino: Consejo Real, Corte Mayor y Cámara de Comptos. Se hace referencia a sus oficiales, tanto jueces u oidores, como fiscal y patrimonial, secretarios, letrados, abogados, procuradores, escribanos, ejecutores, o receptores de penas.
También se trata de los pleitos y de la forma de proceder en ellos, así como de las fases del proceso. Se insiste en la idea de que no se saquen procesos del reino. Se dedican, además, algunos apartados a los hidalgos, y a los negocios de estado y guerra.
En el libro tercero se tratan asuntos civiles, destacando el derecho de familia (matrimonios clandestinos, segundos matrimonios, arras, dote, conquistas) y sucesiones (testamentos, mayorazgo). También se contemplan arrendamientos, compraventa, censos, pago de pechas, reventas, donaciones, corredores. Se dedican apartados de este libro tercero a trajes y vestidos, así como a funerales y lutos.
El libro cuarto se dedica a derecho penal. Se trata de las acusaciones, blasfemos, adulterio, robo, fuerzas, ausentes, daños en huertas y árboles, ladrones, vagabundos, gitanos y galeotes, juego, homicidios, presos, remisión de los delitos y penas, perdones y salvaguardas.
En el libro quinto aparecen entremezclados temas muy diversos, algo que era habitual en los últimos libros de todas las recopilaciones, ya que se dedicaban a cuestiones que no encajaban en áreas jurídicas concretas. En este caso se recogen temas relativos a la beneficencia; a diversos oficios (sastres y cordoneros, sombrereros, estañeros, caldereros, pellejeros, zapateros, herreros, jornaleros y oficiales mecánicos, molineros); caza y pesca; hospitales; cofradías; guarda de los puertos, caminos y puentes; casas de armería y escudos de armas; o moneda, entre otros.
La cuestión es que esta obra recogía de forma conjunta las leyes hechas por las Cortes navarras, es decir, lo que se conocía como “derecho del reino”, elaborado desde 1512 hasta 1716.
TRASCENDENCIA DE LA OBRA DE JOAQUÍN DE ELIZONDO
La recopilación de Elizondo tuvo una gran importancia, ya que fue aceptada tanto por el rey como por el reino, a pesar de que sólo recogía leyes elaboradas por las Cortes. Estas leyes eran lo que el reino consideraba “leyes generales”, cuyo procedimiento de elaboración consistía en que el reino reunido en Cortes las pedía y el rey las otorgaba, compartiendo de esta manera ambos la tarea legislativa.
Interesaba a las Cortes navarras que se conociesen las leyes recogidas en la obra de Elizondo ya que se recogía el derecho esencial del reino de forma sistemática, es decir, ordenado por materias. En esta obra aparece constantemente el respeto debido, por parte del rey y de sus oficiales, puesto que así lo habían jurado, a las leyes y fueros navarros; el hecho de que los navarros debían ser juzgados por jueces naturales; la sobrecarta que debía otorgar el Consejo Real a las disposiciones regias para ser aplicadas; o el que no se sacasen procesos del reino, entre otras cuestiones de interés para los navarros.
Es decir, aunque la obra de Joaquín de Elizondo no recoge, ni mucho menos, todas las leyes de las Cortes navarras, puede considerarse una muy buena selección de las más relevantes y las de mayor interés para los navarros.
Respecto a la recopilación de su antecesor Chavier, editada en 1686, Elizondo no recogió el Fuero General, sino que se limitó a seleccionar las principales leyes de las Cortes navarras elaboradas entre 1512 y 1716.
De esta forma, la lectura de la Novísima Recopilación de 1735 permite conocer lo que fue la obra legislativa de las Cortes navarras, junto con el rey, a lo largo de la Edad Moderna. El lector puede comprobar cómo realmente Navarra logró mantener esa condición de “reino separado”, reflejada en la existencia y respeto a un régimen propio.
Las leyes de Cortes que se elaboraron con posterioridad, se recogieron en los dos volúmenes de los “Cuadernos de leyes y agravios reparados de los tres Estados del Reino de Navarra”.
La Novísima Recopilación fue reeditada en la colección Biblioteca de Derecho Foral que editó la Editorial Aranzadi bajo los auspicios de la Diputación navarra en 1964, colección muy presente en las instituciones oficiales y en los despachos de abogados navarros. En 2009 se hizo una nueva edición.
En la actualidad, la relevancia de la Novísima Recopilación se mantiene, dado que forma parte de la tradición jurídica navarra reconocida, en la ley primera del vigente Fuero Nuevo en su última reforma de 2019, entre las fuentes con rango preferente para la interpretación e integración del actual derecho civil de Navarra. Es decir, realmente sigue vigente, tal como señala el texto, como “expresión del sentido histórico y de la continuidad del Derecho privado foral de Navarra”.
Mercedes Galán es catedrática de Historia del Derecho en la Universidad de Navarra.
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