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Música

Miguel Ríos: "Soy un adicto al aplauso del público, pero por cariño más que por vanidad"

Presenta en el Madrid Live Experience y junto a The Betty Black Trio 'Un largo tiempo', un álbum emocional y minimalista lleno de bellas canciones

El cantante Miguel Ríos, durante una actuación
El cantante Miguel Ríos, durante una actuaciónEFE
  • Iker Cortés. Madrid
Publicado el 25/10/2021 a las 08:20
Hace doce años, Miguel Ríos (Granada, 1944) anunciaba su retirada. Afortunadamente, está siendo una "jubilación intermitente", como dice él, un adiós de ida y vuelta que le ha llevado de nuevo a los escenarios y le ha permitido facturar el que posiblemente sea su mejor disco en los últimos veinte años. Grabado junto a The Black Betty Trio, 'Un largo tiempo' recoge una bellísima y descarnada colección de canciones, en formato semiacústico, en las que Ríos habla del veneno del rock, del paso del tiempo, ajusta cuentas con el diablo y hasta pone voz a un poema de Ángel González
El músico, junto a esta banda a medio camino entre el bluegrass y el folk, recalará este martes, 26 de octubre, en el Gran Teatro CaixaBank Príncipe Pío para poner el broche al festival Madrid Live Experience.
¡Menudo disco se ha marcado! 
Muchas gracias. Estamos muy contentos. Empezaron a salir canciones con José Norte (compositor y productor) y vimos que estábamos haciendo algo diferente a lo que era habitual en mí, tanto formal como armónicamente. Buscando también una cierta autenticidad e intentando hacer un disco poco edulcorado con espacio para la voz y fue rodando todo.
Es menos explosivo, pero más emocional. ¿Lo pedían las canciones o la edad no perdona? 
Supongo que si lo hubiese hecho hace diez años, a muchos temas les hubiese metido batería (ríe). En la Navidad de 2014 hice un concierto junto a The Black Betty Trio, con Edu Ortega (violín y otros instrumentos), Luis Prado (piano) y José Norte (guitarra), para 'Un juguete, una ilusión', de RNE. Tenía que ser un formato manejable, fácil de montar, y a mí la idea me parecía interesante porque yo no había cantado en ese formato.
Después, cuando acabamos con la gira de Symphonic Ríos en 2019, empezamos a planear hacer algo sin fecha y sin pretensiones. De lo que no cabe ninguna duda es de que el disco es un relato existencial, tengo 77 años y eso tiene que pesar. Es coherente que no esté haciendo una música juvenil porque lo contrario sería una impostura y no creo que me saliera bien, vaya (ríe).
Dijo que se retiraba en 2009. ¿Qué le hizo tomar la decisión? 
Lo que más pesó es que no me salían canciones. La industria tampoco tenía el peso que tenía antes y era mucho más difícil producir con cierta dignidad. Y tomé la decisión porque pensé que con 65 años estaba bien empezar a dejarlo, aunque sabía que me iba a costar, porque estaba bien de la voz y los amigos me iban a invitar al escenario y a sus discos.
¿Qué le ha hecho volver? 
Lo que lo quebró todo fue la llamada de 'El gusto es nuestro' en 2016 para hacer otra gira veinte años más tarde. Ahí ya entró otra vez el veneno en el torrente sanguíneo y ya no me quería ir ni con agua hirviendo del escenario (ríe).
¿Es un adicto al aplauso? 
Yo sí, está claro (ríe). Pero más que una cuestión de vanidad, es una cuestión de cariño, de ese sentimiento de aceptación que todos los seres humanos buscamos, al menos los que hemos trabajado para que la gente nos quiera y para quererla también. El escenario tiene algo muy adictivo, que es esa sensación de estar un poco al borde del abismo.
Arranca el disco con 'Memphis-Granada', donde describe sus primeras pulsiones por el rock, pero no hay rastro de nostalgia.
He tenido siempre aversión a la nostalgia. Creo que eso nace también de cuando tienes éxito y luego no lo tienes, que tiendes a magnificar el tiempo del éxito, pero eso te imposibilita para tratar de tener otro.
Mirar atrás siempre me ha dado un poco de yuyu. El mecanismo de la nostalgia para escribir canciones nunca me ha gustado, porque mi preocupación ha sido siempre relatar lo que me estaba pasando.
'Esplendor en la hierba' habla precisamente de eso.
Es una canción que surge del poema 'Oda a la inmortalidad', de William Wordsworth, que Natalie Wood lee en la película 'Esplendor en la hierba'. Dice algo así como que aunque pase el tiempo, permanecerá el recuerdo.
Yo me encuentro un poco en ese momento, en esa idea de que aunque tienes menos energía, tu esencia sigue siendo la misma. Soy el mismo tío, aunque todo se vaya deteriorando. La pena es que esta no la tocamos, porque sin cuarteto de cuerda pierde un poco, pero es una de las canciones más personales del disco. Estoy hablando de lo que yo siento ahora mismo y de dónde fue aquella suerte de inmortalidad en la que creí que estaba. Pues ha quedado un resto que está aquí.
¿Piensa mucho en ello? 
No, pero me veo. Tengo mucha suerte porque hay mucha gente de mi generación que está peor que yo (ríe). Es algo que me interesa más desde el plano intelectual que desde el físico y personal.
Pero hay también temas muy divertidos como 'Cruce de caminos' o 'A contra ley'. ¿Fue una decisión consciente para restar peso dramático? 
Totalmente. Hubo un momento que dije: "¡Qué peñazo de disco me está saliendo, tenemos que aligerar como sea!" (ríe).
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