Crítica de cine

La sonrisa del pícaro

Javier Bardem desarrolla una magistral interpretación en el filme de Fernando León de Aranoa
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Javier Bardem desarrolla una magistral interpretación en el filme de Fernando León de Aranoa
Javier Bardem desarrolla una magistral interpretación en el filme de Fernando León de Aranoa

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Asier Gil

Publicado el 17/10/2021 a las 06:00

Resultaba muy sencillo empatizar con el Salva de Los lunes al sol. Un trabajador despedido y sin futuro laboral que se daba empujones contra el destino, chocando de un lado para otro sin que en ningún sitio hallara una puerta abierta. La sátira que confeccionó Fernando León de Aranoa retrataba con destreza de hábil escultor la efigie de una parte de la sociedad a la que, como si de una guerra con sus víctimas colaterales se tratase, el sistema había sometido y, pese a su esfuerzo, se había quedado fuera. Helaban el ánimo sus tintes de tragedia, si bien guardaba en sus instantes de acidez cómica un colosal ímpetu de denuncia hacia una realidad donde la hormiga rebosaba de egoísmo y a la cigarra le impedían almacenar comida para el invierno. Esa causticidad repleta de verdad sigue muy presente, casi 20 años después, en la pareja que completaría una dupla magistral. El sujeto ahora se llama Blanco y asimila la posición opuesta del tablero, la del empresario que pasa por encima de todos con tal de perseguir sus ansias de poder y autoridad desmedidos.

Soy como el padre de una gran familia -llega a decir a sus empleados- en la que vuestros problemas también me importan y os ayudo a resolverlos. La cara de afabilidad esconde la voracidad de un ser al que solo lo mueve el progreso de su compañía y volverse cada vez más opulento y trascendental, una imagen que cobra fuerza en la metáfora de una de las paredes de su chalet, henchida de premios y reconocimientos, pero en la que siempre hay hueco para más distinciones. Ávido por ganar el galardón a la excelencia empresarial que otorga el gobierno de su región, emplea su arsenal de armas de patrón (el dinero y las influencias) para solventar los embrollos que pudieran acarrear que los laureles se posasen sobre otras cabezas.

Con una pericia similar con la que escribió y filmó la película que se convertiría en su trampolín definitivo tras la valerosa Barrio, el cineasta madrileño incrementa la dimensión jocosa del metraje en un afiladísimo guion, mucho más certero a la hora de lanzar puñaladas en diálogos sublimes que en generar situaciones por sí solas hilarantes. Esta tesitura entronca a la perfección con otra de las características más evidentes, la de una puesta en escena muy por debajo del listón que coloca el libreto y, dentro de él, la sobresaliente descripción de su personaje principal. Del mismo modo, se echa en falta una mayor concisión y jerarquía en las tramas secundarias, alguna de las cuales se adueña demasiado de un relato que crece enormemente con cuantas más capas se le descubren a su protagonista, sobre todo si dejan entrever un reverso colmado de corrupción y malas artes.

En cambio, el largometraje brilla sin impedimentos que ensombrezcan su recorrido al radiografiar nuestra naturaleza sin escapar de los dominios de un cinismo esplendoroso, del que el espectador nunca quiere saciarse. Y consigue, además, un éxito más complejo, el de lograr que el respetable acompañe a ese hombre enviciado por la preponderancia con igual pasión con la que se le cogía la mano al Salva desempleado y abatido. Un triunfo sin paliativos que habría de suscitar reflexiones más puntillosas. ¿Por qué nos complace la victoria de quien sale airoso del uso de artimañas fraudulentas? La respuesta lleva escrita siglos en nuestras obras culturales: fácilmente nos metemos en la piel de los que han sido derrotados, pero encontramos un gozo superior en arropar al bribón que vence al sistema.

Y después está Javier Bardem. Aunque se revise a conciencia, el diccionario carece de calificativos que pormenoricen su labor. La dualidad de su rol se explaya en la veracidad de sus facciones, y el público se apunta a su viaje de exaltación de la rufianería con un frenético entusiasmo.

‘EL BUEN PATRÓN’

Dirección y guion: Fernando León de Aranoa

Intérpretes: Javier Bardem, Manolo Solo, Almudena Amor, Óscar de la Fuente, Sonia Almarcha, Fernando Albizu, Tarik Rmili, Rafa Castejón, Celso Bugallo, Yaël Belicha, Martín Páez

Música: Zeltia Montes

Fotografía: Pau Esteve Birba

Duración: 120 minutosEspaña, 2021

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