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Historia de un triunfo

Rafael Torres: “La Armada fue una de las mayores palancas de riqueza que tuvo España en el siglo XVIII”

Rafael Torres Sánchez, catedrático de Historia Económica en la Universidad de Navarra, se aleja del “fatalismo de Trafalgar” en su último libro y desmonta el mito de la decadencia de la Armada española a lo largo del siglo XVIII

Rafael Torres Sánchez, en el vestíbulo del Edificio Amigos de la Universidad de Navarra
Rafael Torres Sánchez, en el vestíbulo del Edificio Amigos de la Universidad de NavarraJosé Carlos Cordovilla
Actualizado el 13/10/2021 a las 19:38
Un libro de historia militar, naval y española en el que no aparecen ni biografías de héroes ni batallas y en el que el humo de los cañones deja paso al coste de las balas o de las cureñas; un libro cuyo punto de partida es Trafalgar, la gran derrota, pero que se titula 'Historia de un triunfo', ha agotado su primera edición, de 4.000 ejemplares, en solo 15 días. Su autor, Rafael Torres Sánchez, es catedrático de Historia Económica en la Universidad de Navarra y “casi un navarro a todos los efectos”, pero siendo natural de Cartagena, hizo “como las tortugas, que al final acaban volviendo al mar”, y se embarcó “con una mezcla de trabajo, de hobby y de pasión” en el proyecto de desmontar el mito de la decadencia de la Armada española en el siglo XVIII. Tras cinco años de trabajo, ha publicado de la mano de Desperta Ferro una de las sorpresas editoriales del año.
Este es el libro de las contradicciones. Una edición de lujo y sobre un tema minoritario vende 4.000 ejemplares en 15 días. ¿Esperaba esta acogida?
Estoy muy sorprendido. Yo vengo del mundo académico y dar el salto a este mundo de la alta divulgación me daba un poco de vértigo. Además, la editorial hizo una tirada un poco alta para que llegara a Navidad, de modo que nadie esperaba que se agotara en dos semanas. Más allá de las ventas, esto nos da idea de que había hambre de este tipo de historias. Han sido cinco años de trabajo, pero creo que el resultado ha merecido la pena.
¿Cuándo decide que este libro es necesario?
La idea surge en un bar, con unas cañas, hablando con un inglés, un francés y un holandés. Y tiene que ver con la percepción que puede haber de lo que es la historia de la Armada del siglo XVIII entre los académicos europeos, en este caso, comparada con la imagen que tenemos en España de una Armada siempre decadente siempre. Tuve la idea de contar esta historia sin caer en paradigmas finalistas, pesimistas, que de alguna manera están en Trafalgar, que es la gran sombra que tapa todo.
La segunda contradicción es el título. Dice 'Historia de un triunfo', pero parte, aunque sea de un modo cronológicamente inverso, de la derrota de Trafalgar.
Es que esa es, creo, la gran originalidad del trabajo. ¿Se puede hablar de la Armada sin hablar de Trafalgar? Sí, y mucho. Y se puede contar una historia con sus claroscuros, sin caer en el total desastre que es Trafalgar. En esa batalla vemos una Armada que está desmontada, pero esa no es la verdadera Armada que se construye en el siglo XVIII. Merecía la pena que se contara su historia. Además, tenemos unas fuentes privilegiadas en cuanto a calidad y acceso. De hecho, después de 400 páginas, creo que la historia de la Armada en el siglo XVIII está por hacer.
Vayamos al punto de partida. ¿Cómo estaba la Armada al inicio del siglo XVIII?
Prácticamente desmontada, con muy pocos recursos. Los únicos buques que merecían tal nombre se dedicaban a la protección del comercio con Indias y poco más. Había algo para patrullar en el Mediterráneo, algunas galeras, pero muy pocas. Y lo más importante es que no había una infraestructura, no había capacidad de proveer. Cada vez que había que suministrar algo o reponer una nave, tenían que acudir a los mercados exteriores. La situación era francamente mala, muy mala al final del siglo XVII, aunque ya se estaba iniciando el proceso de cambio.
¿Cuánto podía suponer para España el coste de la Armada?
Era mucho. Aproximadamente, entre el 70% y el 75% de todo el presupuesto del Estado se dedicaba a la guerra, pero no solo en España. Nadie en ese momento pensaba que el dinero se podía dedicar a la sanidad o a hacer carreteras o a crear redes de Internet. El mundo, en ese contexto, se dedica a la guerra. El Estado es para la guerra. De ese 70%, aproximadamente el 50% va al ejército y el 20% a la Armada. Eso es mucho dinero, pero la cuestión no es cuánto sino cómo se gasta. La diferencia entre lo que se gastaba en el siglo XVII y lo que se gasta en el siglo XVIII es que todo queda dentro de la Monarquía española.
¿Ese fue el gran reto, ser capaz de autoabastecerse?
Sí. Vienes del siglo XVII en el que casi todo lo has comprado fuera o has recurrido a proveedores militares de fuera. Uno de los grandes triunfos es lograr que toda la tecnología que necesites sea española, que todos los materiales sean españoles, que todos los proveedores sean españoles. Eso nunca había ocurrido y, ojo, no va a volver a repetirse.
¿Podemos decir que levantar esta Armada contribuyó a mejorar la economía?
Sin ninguna duda. Fue una de las mayores palancas de riqueza que tuvo España en el siglo XVIII.
La tesis del libro es que a la Armada la hirió de muerte una crisis financiera, más que Trafalgar.
Sí, claramente. Es que estamos hablando de la Armada, pero es la construcción de un Estado. Es un Estado naval el que se está construyendo y necesita liquidez, crédito, mantenerse sobre bases económicas. Si tú las quitas, todo el edificio se desmorona. Y se desmorona a una velocidad enorme. No necesitas que pase un año; en un mes se te ha desmoronado el edificio, que es lo que pasó. Un dato: en el año 1793 esto está funcionando como un reloj, se están construyendo decenas de buques, y en el año 95 no se puede volver a construir ni un solo navío en ninguna parte de la Monarquía. Es imposible que en dos años se pase de construir veinte a construir cero. Algo ha pasado.
¿Y qué ocurrió?
La mayor crisis financiera de la historia de España. A partir del 93 se produce una sucesión de impagos, el Estado no paga ni sueldos ni proveedores... Es un círculo vicioso muy rápido. Esto está ocurriendo quince años antes de Trafalgar. Cuando la Armada llega a Trafalgar es un cadáver.
Llegamos a la tercera contradicción: el autor. Un catedrático de Historia Económica, publicando sobre historia naval.
No hay contradicción, porque detrás de un ejército, de una guerra, de una administración hay dinero, dinero y más dinero.Y detrás de la Armada lo que hay es un gran esfuerzo económico que, viniendo de la historia económica, lo aprecias. Para mí, creo, ha sido una ventaja para afrontar el trabajo y que no se convirtiera en una sucesión de biografías de marinos ilustres, de buques famosos. Vamos más a la estructura, a la institución, a cómo se construyó todo esto.
Infografía del navío Montañés
Infografía del navío Montañés COPYRIGHT: Román García Mora
Esa es la cuarta contradicción: historia naval sin batallas ni héroes.
Ese era uno de los objetivos, precisamente. ¿Quiénes son los protagonistas de esta historia? Pues la sociedad española, no es Blas de Lezo. Venir a descubrir a Blas de Lezo no le veía que tuviera importancia o, por lo menos, menos que intentar explicar cómo se traslada un millón de raciones de comida a América, cómo un marino que llega a América tiene sábanas, colchas, edredones, comida, disciplina, sistemas de contabilidad... Eso es lo heroico, construir todo esto desde el punto de vista administrativo, económico, organizativo y tecnológico. Y no es cosa de unos gobernantes, sino toda una sociedad; son casi cuatro generaciones de españoles trabajando por todo el mundo. Es un esfuerzo colectivo.
Y en ese triunfo de la sociedad que menciona, ¿participó Navarra?
Muchísimo. Y además, por varías vías: la primera, los hombres. La proporción de navarros en la Armada es muy superior a lo que representa Navarra en el conjunto de la Monarquía Hispánica. Hubo una presencia realmente muy fuerte, sobre todo de oficiales y en los puestos más elevados. Pero hay otra aportación igual de importante, y es la de los recursos naturales que se van a exportar desde Navarra: madereros o de fábricas de munición. En un primer momento, la aportación de la madera de Navarra, sobre todo de hayas de Irati, es pequeña, pero a medida que va pasando el siglo XVIII cada vez hay mayor presencia. Lo interesante es la explotación de esos recursos por empresarios navarros. Gambra, de Roncal, es capaz de montar una empresa que puede llevar madera desde el Irati hasta Cartagena, puede sacarla incluso al Atlántico... Un personaje poco conocido y que aparece como un gran empresario. Ahora sabemos que el sur de Navarra aportó trigo que formaba parte de las provisiones. Un Arizkun o un Garro eran proveedores navarros que estaban colocando millones de raciones en Cádiz. Y son navarros. También empezamos a saber que en Navarra se producía cáñamo que llegaba a Ferrol. Pero hay un mundo, totalmente desconocido, que se vincula con este triunfo de la sociedad: es Patiño, es Ensenada, sí; pero también es Gambra, es Arizkun y es Garro.
Habla de una Monarquía Hispánica que en la época incluía a los virreinatos americanos, Filipinas... ¿También participaron?
Sí, esos territorios fueron parte activa de todo esto. El simple despliegue de una Armada en esa época requiere de apostaderos en todo el mundo, en sitios que difícilmente seríamos capaces de situar en un mapa: Angostura, Chiloe, San Blas... Pues cuando alguien llegaba allí se encontraba con materiales, oficiales, maestranza, que a lo mejor era de Cádiz y que estaba en Chile o en Manila. ¿Qué significa esto para aquellos territorios? Estás introduciendo tecnología, sistemas contables, sistemas de administración, orden, ley, posibilidades de promoción. Al final, la Armada se convirtió en uno de los principales vehículos de globalización de la Monarquía española.
¿Cuál ha sido el mayor desafío a la hora de documentarse para el libro?
La vida cotidiana es quizá lo más difícil siempre, porque es lo que menos rastro deja. Desperta Ferro me dijo: “Vamos a poner ilustraciones que de alguna manera lo reflejen”. Y realmente hay algunas muy, muy originales: buques por dentro, cómo eran las camas, los retretes... La vida cotidiana es lo que más trabajo nos ha costado entender, documentar e ilustrar. Y de hecho es lo que casi no aparece nunca.
La panoplia de un marino, al detalle
Un granadero y la panoplia de las armas de un infante de marino embarcado COPYRIGHT: Juan Delgado Díez-Madroñero
¿Y cómo era la vida de un marino?
Muy, muy dura, conviviendo en espacios cerrados, con ritmos de trabajo que rompen cualquier ciclo de sueño, era muy estresante y se imponía una disciplina muy severa. El barco necesita disciplina, porque si no es imposible maniobrar. Pero una vez dicho que es una vida muy dura, hemos querido comparar. El marino francés se enfrentaba a lo mismo, el holandés, el inglés... comparamos su dieta, enfermedades, y al hacer esa comparativa se ve que los españoles no necesariamente eran los peores, y en algunas cosas estaban en mejores condiciones; por ejemplo, sufrían menos de escorbuto que los ingleses, gracias a que tenían una alimentación más variada. El gazpacho se inventa prácticamente en los buques, y es a la vez la cosa más tonta y más ingeniosa del mundo, porque es una bomba antiescorbútica tremenda. Y al comparar la vida de un marino con la sociedad civil descubres que el sueldo de un marino, incluso el más bajo, era más alto que el de un jornalero, y su comida más rica en carne, por ejemplo.
Y la última contradicción: un libro de historia de España recomendado en Twitter por Aitor Esteban, diputado del PNV en el Congreso.
Lo vi y me llena de orgullo. Sé que Aitor Esteban es un buen seguidor de la historia militar y, en concreto, de Desperta Ferro, y de alguna manera nos llena de orgullo saber que hay seguidores en todos los partidos políticos.
El arsenal de Cartagena a finales del siglo XVIII, en 3D
El arsenal de Cartagena a finales del siglo XVIII, en 3DCOPYRIGHT: ROMÁN GARCÍA MORA

El arsenal de Cartagena, en 3D
“¿Se puede levantar en 3D el arsenal de Cartagena?, nos preguntamos. ¿Es posible devolverlo a la vida? La editorial me dijo que sí, si les daba la documentación. Y así se inició un trabajo de un par de años solo dedicado a levantarlo. Han sido 130 edificios los que ha habido que documentar, y todo eso nos ha permitido que diéramos una panorámica, como si fuera un dron, y poder hacerlo hasta los detalles más pequeños, como de qué color era el humo de un edificio particular o cómo eran las tejas”.

El autor

Rafael Torres Sánchez nació en Cartagena en 1962, pero es en Navarra donde estudió, trabaja y reside desde hace décadas, de modo que se considera “casi navarro a todos los efectos”. Catedrático de Historia Económica en la Universidad de Navarra, coordina el grupo internacional de investigadores Contractor State Group, que estudia la movilización de recursos para la guerra en la Monarquía Hispánica del siglo XVIII. En 2016, con su obra 'Military Entrepreneurs and the Spanish Contrator State in the Eighteenth Century', se convirtió en uno de los cinco españoles que han logrado publicar un libro de la mano de la prestigiosa Universidad de Oxford.

​Historia de un triunfo. La Armada española en el siglo XVIII
448 páginas
21x29,7 cm
Cartoné con sobrecubierta
Editorial: Desperta Ferro
Precio: 44,95 euros

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