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La vida en el Camino XXIII

El ‘Viaje a Poniente’de Domenico Laffi

En el año 1666, el boloñés Domenico Laffi había estado en Compostela por primera vez, “un lugar en el que las piedras son hermosas y las horas son una misma hora, eternamente repetida”, como escribió Ramón María del Valle Inclán.

Imagen de San Salvador de Ibañeta, “una capillita muy antigua”, según el viajero Domenico Laffi
Imagen de San Salvador de Ibañeta, “una capillita muy antigua”, según el viajero Domenico Laffi archivo
Publicado el 02/10/2021 a las 06:00
El éxito de Viaje a Poniente se explica porque en Italia se tenía gran interés por Santiago y su significación y, sobre todo, porque nos encontramos ante un gran relato que Paolo Caucci definió como uno de los más significativos y mejor escritos de la literatura peregrina de todos los tiempos. Opinión también la de otros muchos estudiosos que ven en la obra de Domenico Laffi uno de los más completos relatos de la peregrinación jacobea desde que ésta existe, y ello porque, además de estar bien escrita, es también la obra de un verdadero viajero para el que la vida es un continuo viaje, tal y como apunta F. Novoa.
Domenico Laffi, nacido en Vedegheto di Savigno, en 1636 era clérigo y uno de los peregrinos más importantes en la historia jacobea debido a la obra que publicó, en 1670, titulada Viaggio in Ponente a San Giacomo di Galitia e Finisterre per Francia e Spagna, sin duda, el texto más importante y significativo de la literatura odepórica italiana que además, ofrece gran interés para la historia del Camino dado que muestra cómo en la mitad del siglo XVII seguían vivas las instituciones nacidas al calor de la peregrinación.
Laffi viaja a Santiago de Compostela en cuatro ocasiones en los años 1666, 1670, 1673 y 1691, siendo en su segundo viaje cuando escribe una detenida narración del periplo en el que fija el itinerario que deben seguir los peregrinos italianos hasta Santiago, determinando distancias y lugares por los que pasa.
Monasterio de Santa María de Irache. Según Laffi, “enorme y hermoso convento que posee gran riqueza y parece una ciudad”. Dibujo a lápiz y acuarela sobre papel de Jaime Serra y Gibert.
Monasterio de Santa María de Irache. Según Laffi, “enorme y hermoso convento que posee gran riqueza y parece una ciudad”. Dibujo a lápiz y acuarela sobre papel de Jaime Serra y Gibert  archivo
Parte de Bolonia el 16 de abril de 1670, acompañado de su amigo el pintor Domenico Codici, con la finalidad de visitar la tumba del Apóstol, en la lejana ciudad de Compostela. En Italia y Francia utilizan la Vía Francígena, que en aquel tiempo recorrían los comerciantes franceses para dirigirse a Roma. Laffi y Codici parten de Bolonia en dirección a Parma, Piacenza, Milán y pasan los Alpes por Monginevro. En Francia se desvían por Aviñón y, ya en Nimes, entran en la Obere Strasse, pasan por Arles, Carcasona y cruzando los Pirineos entran en España por Ibañeta y Roncesvalles.
De aquí en adelante siguen el trazado del Camino Francés y, a través de España y Portugal, llegan a Santiago tras detenerse en numerosas ciudades y santuarios en los que profesaron su fe y devoción. Desde Compostela continúan su viaje hacia Finisterre y Padrón. En el camino de regreso, tras detenerse en Madrid, se dirigen a Barcelona, desde donde volverán a su país y pone fin al relato.
LOS PEREGRINOS A SU PASO POR NAVARRA
Ya en estas tierras, los viajeros llegan a los Pirineos a través de San Juan de Pie de Puerto (zona de Francia a la que denomina Cantabria) y llegan a San Salvador de Ibañeta, siendo uno de los escasos viajeros que hacen mención a este lugar, “una capillita muy antigua en la que entramos directamente, por no tener ni puerta, ni ventanas para poder cerrarla, y allí cantamos un Te Deum Laudamus, descansamos en aquella capillita, que tenía múltiples grabados y antiguas esculturas e inscripciones, gastados por el tiempo e imposibles de leer”.
El texto está enriquecido con el comentario de un gran número de costumbres, tradiciones y mitos de los lugares por donde pasa el Camino. Tras su descanso, marcharon a Roncesvalles “cubierto de montes y de elevados árboles”, lugar del que realiza una extensa descripción que abarca el conjunto monumental, las diferentes tumbas, la iglesia mayor “mandada construir por Carlomagno, en la que decía misa el Obispo Turpín”.
Viaggio in Ponente a San Giacomo di Galitia e Finisterre per Francia e Spagna de Domenico Laffi
Viaggio in Ponente a San Giacomo di Galitia e Finisterre per Francia e Spagna de Domenico Laffi archivo
Describe la misa solemne con música de gaitas y de órgano, el atuendo de los canónigos, la sacristía en la que, tras una verja, se encuentra el cuerno de Roldán así como su escudo, botines y calzas, la maza de hierro, su sepulcro y la roca que partió con su espada. Ante la capillita cuadrada describe con gran detalle la gesta de Carlomagno, también el gran y hermoso hospital “donde los peregrinos pueden permanecer por espacio de tres días, comer y dormir, y donde les tratan muy bien…”.
De Roncesvalles marchan a Burguete, donde desayunaron y describe la zona llena de pastores con ganado mayor, es decir, vacas, caballos, ovejas, cerdos y otros animales dado que tienen grandes pastizales por ser tierra rica y fértil. Atravesando bosques y lugares silvestres y malos llegaron al Puente del Paraíso (Zubiri), aunque comenta que más bien parece el puente del infierno, pues al acecho del puente había soldados, más bien ladrones y asesinos, que robaban a los caminantes y les hacían pagar. En caso contrario, los mataban y arrojaban al río.
Así, pagado el real de plata estipulado, marcharon aterrorizados y accedieron a Larrasoaña, lugar bello, rico y poblado, al que acuden gentes de otras tierras cercanas y después llegaron a una hermosa llanura desde la que se divisaba la gran ciudad de Pamplona, donde nuevamente describe minuciosamente los edificios religiosos las celebraciones, la música, la atención que se da a los peregrinos, el milagro de Santiago en tiempos de Carlomagno. Visitaron al Virrey, al Vicario y visitaron la catedral y la ciudad por espacio de cuatro horas, de la que dice que está adornada de hermosos palacios y edificios, con bellas plazas y grandes y hermosos conventos.
Partieron de Pamplona y llegaron a Puente la Reina, lugar bello, con un gran río y rodeado de altas montañas, donde describe la buena acogida que tuvieron por parte de un pobre campesino que, entre otras cosas, les dio buen vino y una humilde cama; de allí marcharon a Estella, lugar hermoso situado a ambos lados de un río, con bellos edificios, conventos donde prodigan la caridad y vino y un castillo en el que dan dinero a los peregrinos.
Después marcharon hacia Urbiola, lugar pequeño pero abundante en todo y se detuvieron en el monasterio de Irache, enorme y hermoso convento que posee gran riqueza y parece una ciudad, describe el Estudio y sus escolares, el claustro “de tal belleza que no he visto nada semejante en mi vida”. Con lluvia y viento terrible llegaron a Los Arcos, donde dijeron misa en “la catedral”. Ya en Viana les embargó la alegría al ver una tierra tan hermosa, con una bella catedral, y de allí a Logroño “la primera ciudad del Reino de Castilla la Vieja”.
META DEL VIAJE. SANTIAGO DE COMPOSTELA
Menciona la profesora X. Iglesias que, sin duda, lo más interesante del relato se produce al llegar a Santiago y narrar con una emoción, que pocos supieron plasmar, la sensación del peregrino que llega al Monte do Gozo y divisa por primera vez Compostela, la meta de su larga andadura: “Descubrimos el tan suspirado y gritado Santiago, postrándonos de rodillas, y por la gran alegría cayeron de los ojos las lágrimas, y comenzamos a cantar el Te Deum; pero dichos dos o tres versillos, y no más, pues no podíamos pronunciar palabra por las muchas lágrimas que abundantes salían de los ojos y los continuos sollozos hicieron cesar el canto”.
De notable importancia, es también la descripción de la catedral de Santiago y el testimonio directo y personal de la apertura del sepulcro apostólico con ocasión de los trabajos de la capilla mayor realizados en 1673, también describe con profundidad y acierto a Santiago y a sus gentes, alabando su buen pan y su buen vino, los tejados de la catedral y, entre otras cosas, la actual plaza del Obradoiro: “En la parte externa hay una hermosísima escalinata un poco rara: de una soberbia barandilla parte dos bajadas a ambos lados que van a dar a una magnífica plaza, adornada con hermosísimos edificios, en particular en el poniente, donde hay un soberbio hospital con capacidad para mil enfermos”.
Chimeneas de la cocina de la catedral pamplonesa. Dibujo en fotograbado publicado en P. Madrazo, Navarra y Logroño.
Chimeneas de la cocina de la catedral pamplonesa. Dibujo en fotograbado publicado en P. Madrazo, Navarra y Logroño archivo
Su obra proporciona, junto al recuerdo de hechos y experiencias personales, datos geográficos, históricos y ambientales estrictamente relacionados con el viaje, atención a los peregrinos en diversos sitios, por ejemplo relata sobre este aspecto en Pamplona: “Mientras se canta la misa mayor, dan de comer a doce peregrinos dentro de la misma puerta de la iglesia… y el cocinero da a cada uno una escudilla llena de caldo… Llegados a la mesa cada uno se pone en su sitio y uno se acerca con un trozo de pan… luego se acerca otro con un caldero de carne…y detrás de este otro que lleva una tajada de carne de cerdo… y finalmente uno que lleva el vino”.
Muy atento a todo, Laffi escribe sobre lo que ve, más que de lo que le cuentan, y así relata pormenorizadamente y con perspicacia los espectáculos humanos, las costumbres, la vida en las ciudades, pero también las tradiciones y las leyendas, a veces vistas con admiración o con desaprobación, pero siempre sin prejuicios.
Posee además, grandes conocimientos de Historia, así como del Pseudo Turpín, que hace explícitos al hablar de la canción de Roldán y de Carlomagno, o cuando al comentar la batalla de Lepanto y su protagonista, Juan de Austria, por el que siente una verdadera admiración, cita a diversos autores para aseverar sus explicaciones.
Sobre todo lo que ve, establece casi siempre una comparación constante entre sus ideas y el objeto de su observación, lo que permite conocer muy bien los valores y los gustos de Italia y España, en especial cuando habla de arquitectura, sin duda principal objeto de su interés y a lo que dedica interesantes páginas en su obra como la descripción que hace de la ciudad de Astorga y de su plaza, de la catedral de León, del urbanismo de Valladolid, del Alcázar madrileño, del mismo Madrid y su hermosa plaza, o del Escorial.
En la época en la que viajó Laffi, la peregrinación a Compostela sufría una etapa de decadencia, que se había iniciado por motivos diversos, entre ellos la difusión del protestantismo en Europa. La redacción es sencilla y accesible, lo cual no implica la simplicidad de contenido dado que incluye gran profusión de datos que muestran cómo era la peregrinación en la segunda mitad del siglo XVII.
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