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Festival de cine de San Sebastián

Una ofrenda de entendimiento

Nadie mejor que Luis Tosar en el dificultoso cometido de poner cara al odio

Ampliar Los actores Luis Tosar y Blanca Portillo, en la película.
Los actores Luis Tosar y Blanca Portillo, en la película.archivo
  • Asier Gil
Publicado el 25/09/2021 a las 06:00
Cuando  uno se adentra en un terreno tan podrido de dolor como el del terrorismo de ETA, los pasos se han de dar con la máxima cautela. Por otro lado, el resultado jamás cosechará veredictos unánimes, porque cada víctima asume el desconsuelo como puede y, por tanto, las representaciones de ese sufrimiento se antojarán totalmente distintas en cada uno de los rostros que haya llorado la pérdida de seres queridos ante la ignominia de una banda de asesinos. Estas dos realidades suponen un complejo punto de partida para una directora que ha conseguido un éxito peliagudo incluso en su consecución: el de no solo conceder voz a los homicidas que muestran su arrepentimiento, sino el de ahondar en su capacidad humana a la hora de asimilar el suplicio provocado durante décadas de vergüenza y, más aun, navegar por las aguas que lleven hasta el origen de sus viles actos.
Este viaje, que se calificaría hasta de tendencias suicidas, lo emprende Icíar Bollaín al plasmar en imágenes las entrevistas que la viuda del socialista Juan María Jáuregui mantuvo con dos de los hombres que participaron en el atentado mortal que segó la vida de su esposo en el 2000, cuando este ostentaba el cargo de gobernador civil de Guipúzcoa. El filme arranca con la rápida recreación del crimen, para luego detenerse en el retrato, lustros después, de sus tres protagonistas: Maixabel Lasa, que dirigió más de diez años la Oficina de Atención a las las Víctimas del Terrorismo del Gobierno Vasco, pero de la que, sobre todo, se coloca el acento en su faceta de madre cautelosa, mujer herida aunque tolerante y siempre abierta al diálogo, y persona perseguida y amenazada por los violentos; Luis Carrasco, crítico con sus antiguos compañeros de armas y expulsado de la organización terrorista; e Ibon Etxezarreta, que comienza su viraje hacia posturas antagónicas al radicalismo extremo de su juventud.
La cineasta madrileña se marca como una pretensión firme el intento de no descuidar la veracidad en un ejercicio en el que no se permiten las medias tintas. Sabe cuál ha de ser su posición, si bien no desea forzar la naturaleza de una obra que ha de nacer libre de esas ataduras, puesto que apela a conceptos como el perdón y la comprensión, que no habrían de admitir actitudes prefijadas de antemano. El método que encuentra para lograr este propósito consiste en desaparecer de la ecuación, en borrar su figura lo máximo posible y ceder el timón a aquellos en quienes reside la impronta de esta historia. Una ardua tarea, ya que en la mera descripción de los personajes y su contexto, la afectación hace acto de presencia y avisa del riesgo de subrayar lo evidente, como una herramienta para incrementar los niveles de emoción de una película que no precisa de tales artimañas para horadar la sensibilidad del respetable.
Huelga citar que esa alteración anímica diferirá enormemente entre un espectador de las mismas coordenadas en espacio y tiempo que los acontecimientos que se narran, de los que perciben ese período de atrocidades como sucesos alejados. No obstante, incluso para estos últimos, los aportes de verdad e impresión que proveen las secuencias sacudirán las conciencias en medio de una reflexión que plantea observar a las personas como seres complejos que tienen derecho a reconocer que erraron y a buscar vías de resarcimiento.
Y nadie mejor que Luis Tosar en el dificultoso cometido de poner cara al odio y recomponerla posteriormente en aflicción, amargura y penitencia. Sus emotivos diálogos con una también sublime Blanca Portillo constituyen el impacto más hondo de un largometraje que nunca omite la dignidad en su lucha por relatar la reparación de una herida que, desafortunadamente, ninguno de los que padecieron su feroz acometida la verá sanar por completo.

‘MAIXABEL’

Dirección: Icíar Bollaín Guión: Icíar Bollaín e Isa Campo Intérpretes: Blanca Portillo, Luis Tosar, Urko Olazabal, María Cerezuela, Bruno Sevilla, Tamara Canosa, María Jesús Hoyos, Arantxa Aranguren Música: Alberto Iglesias Fotografía: Javier Agirre Erauso Duración: 115 minutos España, 2021

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