Órgano
Así suena la música del abuelo Valentín
Los nietos de Valentín Larrea escucharán por primera vez el sábado en Bera, en el Ciclo de Música para Órgano, las obras que compuso para este instrumento. Es un proyecto familiar por el que están descubriendo desde 2019 la música de su abuelo


Publicado el 19/09/2021 a las 06:00
Sabía qué iba a encontrar en esa caja: muchas de las partituras que su abuelo materno había compuesto durante décadas para distintos instrumentos y ensembles. Y aunque ya las había visto antes, ese día, no entiende aún por qué, se hizo una pregunta: ¿cómo era posible que ni ella ni sus siete hermanos conocieran cómo sonaba la música del aitona? Aquel interrogante, en enero de 2019, ya tiene respuesta. Porque en este tiempo la familia se ha involucrado en un proyecto, musical y de vida: el de conocer las composiciones de su abuelo, Valentín Larrea Yturbe, nacido en Guipúzcoa en 1876 y residente en Pamplona desde 1898, cuando logró la plaza de pianista titular en el Nuevo Casino Eslava y que mantuvo medio siglo. Fallecido a los 93 años, sus nietos han logrado que sus obras para piano y cuerda suenen en conciertos de Navarra y el País Vasco. Las que compuso para órgano y tenor se escucharán el sábado que viene durante el Ciclo de Música para Órgano en Navarra. Será en Bera, donde reside Elena Berazadi Larrea, la nieta que hace dos años y medio abrió aquella caja y se hizo aquella pregunta certera.
Recita con seguridad fechas, datos y lugares. “Lo he estudiado mucho...”, sonríe ante la apreciación Elena, la menor de los ocho hermanos Berazadi Larrea (Ana Mari, Javier, Mirentxu, Marisa, Juan José, Fausto, Maite y Elena, de entre 70 y 90 años). Nunca vio tocar el piano al abuelo. De ahí la emoción ante el proyecto.
“Nuestra madre, María Luisa Larrea, siempre nos contaba lo preciosa e inspiradora que era la obra de su padre, la cantidad de premios que había recibido, lo admirado que era en Pamplona. Desde pequeños decíamos con mucho orgullo que teníamos un abuelo que era pianista y compositor, pero nunca oímos su música”, narra la nieta.
SEGUNDOS ORIGINALES
Cuando Valentín Larrea falleció en 1970, su hija -la madre de Elena- recogió de la vivienda de la calle Chapitela donde vivían sus padres cantidad de documentación: partituras, reseñas de prensa, críticas de conciertos, programas, diplomas, fotografías... Una década después entregó todas las partituras al Archivo Vasco de la Música, Eresbil, en Rentería. “La obra quedaría recogida, catalogada y archivada, lo que tranquilizó mucho a mi madre, muy preocupada hasta entonces por qué podía ocurrir con la música de su padre”.
Pero resultó que Larrea, “que tenía una escritura limpísima”, hacía un segundo original de muchas de sus obras, “por si acaso”. “Así que nuestra ama entregó unos originales a Eresbil y dejó esos segundos en casa”, apunta la nieta. Eran los que contenía aquella caja que abrió en 2019.
No quiso Elena que la pregunta que se hizo entonces quedara sin respuesta, y llamó a su hermana Maite. ¿Y si organizaban una audición en casa, en Bera, para saber cómo sonaba la música compuesta por el abuelo? Podían hablar con una pianista, que se estudiara las partituras, alquilar un piano y planear el día en que escucharle en familia. La idea entusiasmó al resto de hermanos y presentaron el proyecto a la pianista Itxaso Aristizabal, de Irún. “Nunca le estaremos lo suficientemente agradecidos”, adelanta Elena a la decisión de la pianista, a la que emocionó el plan. No obstante, antes de dar el sí les advirtió que prefería estudiar las partituras para saber si aquella música era para ella.
“Solo teníamos la opinión de nuestra ama, que adoraba a su padre”, rememora Elena. “¿Habría sido objetiva con la devoción que tenía a su padre y su obra? Por eso nos dio mucha seguridad que Itxaso nos dijera que sí y se pusiera a trabajar en las partituras”, cuenta satisfecha sobre la respuesta de la pianista.
Si algo está ocurriendo con este proyecto es que a cada paso se decide una acción más. Porque de repente la audición no era suficiente para los hermanos. “No nos valía con oír la música del aitona solo una vez”, ríe Elena. “Queríamos poder volver a escucharlo en cualquier momento”, narra sobre la ocurrencia de llevar a cabo una grabación. Además, los hermanos pensaron que la obra de Valentín Larrea “merecía más” que una audición familiar, por lo que comenzaron a diseñar el proyecto de dar a conocer su música al público.
Y en la primera parada, Pamplona. “Si en algún sitio tenía cabida su música, era la ciudad donde había compuesto durante 70 años”. El contacto con el Área de Cultura del Ayuntamiento de Pamplona fue muy fructífero ya que, en el marco de los actos del Privilegio de la Unión, se organizó un concierto para piano interpretado por Itxaso Aristizabal. Fue el 4 de septiembre de 2019 en la iglesia de San Cernin. Acudió toda la familia.
“Ese día fue el primero en que escuchamos quince obras que nuestro aitona había compuesto para piano. Le sentimos revivir. Conocimos al compositor en su forma más íntima a través de su música. Y nos acordamos de la abuela, de la ama... Nos sentimos muy orgullosos y agradecidos. Fue muy emocionante”, evoca.
Tras repetir el programa en otro concierto en Zarautz, la buena acogida les motivó a querer conocer las composiciones de Valentín Larrea para cuerda, y por medio de Itxaso Aristizabal contactaron con Oiasso Kamerata, orquesta de cuerda de Irún, que aceptó el reto. Era febrero de 2020. “Organizamos el concierto de cuerda y nos pareció que el marco idóneo era Gabiria, la villa natal de nuestro abuelo. Además, coincidía que se cumplían cincuenta años de su muerte”. El concierto, de cuerda y piano, se celebró en septiembre, en la iglesia parroquial. “Por primera vez escuchábamos su música para cuerda, y volvimos a emocionarnos”. El concierto fue grabado y la familia produjo un CD: les permite tener un registro de la música de su abuelo y promocionar su obra en diferentes medios y sectores musicales.
Y siguiente paso: la música que compuso para órgano, “con partes para órgano y tenor, muy atractivas”. Contactaron con Esteban Elizondo, una autoridad en este instrumento, que les animó a organizar un concierto en Bera -“su órgano es fantástico”, les aseguró- y a contar el proyecto a “una promesa del órgano en Guipúzcoa”, Ignacio Arakistain, de 23 años. Como ya hizo la pianista Itxaso Aristizabal, se estudió partituras que le presentó la familia. “Hay que hacer algo con estas obras”, fue la respuesta a querer formar parte del proyecto. Y con su mente en Bera, Elena llamó a José Luis Echechipía, director artístico del Ciclo de Música para Órgano en Navarra. De aquella conversación ha surgido el concierto del sábado que viene en la iglesia de San Esteban de Bera (18.30 horas), un programa con el organista Arakistain y el tenor Xabier Barriola.
Cuenta Elena que han visto la reacción muy positiva del público con los conciertos de Oiasso Kamerata y que sus miembros les han dicho que no es habitual que de un concierto monográfico guste todo, algo que sí está consiguiendo la obra de Valentín Larrea. “Queda por averiguar qué provoca la música de órgano que compuso nuestro abuelo”.
El órgano de Bera, de 1895
El órgano de la iglesia de San Esteban de Bera fue construido en 1895 por el organero Aquilino Amezua, procedente de una familia de organeros que viajó por Europa para conocer las técnicas que en aquella época se practicaban tanto respecto de la organización de los talleres como de la construcción de los instrumentos. Entre sus mayores logros se encuentra un órgano para el pabellón de la Exposición Universal de Barcelona de 1888. El órgano de Bera es un ejemplar de gran interés puesto que no son muchos los instrumentos de Amezua que se conservan en estado original. En su construcción puso además gran pasión porque pretendía rivalizar con la organería francesa que tanto se prodigó en Guipúzcoa.
DNI
El pianista y compositor Valentín Larrea Yturbe nació en Gabiria (Guipúzcoa) en 1876 y comenzó su formación musical con su padre, Melitón Larrea Pérez de Lazarraga, organista de la villa. A los 17 años ingresó en la Escuela Nacional de Música y Declamación de Madrid como alumno de piano, armonía, composición y órgano. En 1898 logró por oposición la plaza vacante de pianista titular del Nuevo Casino Eslava de Pamplona y se trasladó a vivir a la capital navarra. Casado con Teresa Auzmendi, la pareja se instaló en la calle Chapitela. Compuso obras corales, para banda de txistus, instrumentos de arco, cuarteto de cuerda y piano, para piano, órgano y música religiosa. Ganador de una veintena de premios, fue primer tenor del Orfeón Pamplonés y pianista del Quinteto Aramendia. En febrero de 1949 recibió la medalla del trabajo tras 50 años como pianista en el Nuevo Casino Eslava. Asiduo al Teatro Gayarre, estrenó el gran piano de cola adquirido en 1967. Con 88 años aún componía. Murió en Pamplona con 93 años en 1970. Su obra se custodia en Eresbil (Archivo Vasco de la Música) y en el Archivo de Música y Artes Escénicas de Navarra.