Patrimonio navarro exiliado

El "Frontal de Arteta", de Londres a Barcelona

Profesores y especialistas analizan los lunes de julio y agosto la historia de algunas piezas del patrimonio navarro que, en distintos contextos, salieron de la Comunidad foral

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Carlos J. Martínez Álava. Pamplona

Publicado el 16/08/2021 a las 06:30

En esta serie veraniega dedicada al patrimonio artístico navarro conservado fuera de la comunidad foral, le toca el turno al “Frontal de Arteta”, una magnífica pintura gótica sobre tabla fechada en el segundo cuarto del siglo XIV. Bajo el nombre de Frontal de la Infancia de Jesús, lo podemos contemplar en la sala 19 del Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) de Barcelona. Se trata de una obra de arte ingenua, viva y expresiva. En el MNAC diluye su protagonismo en una espléndida exposición que lo contextualiza desde un punto de vista formal y tipológico. Pero para nosotros es también una ventana por la que asomarnos al imaginario de los navarros y navarras del siglo XIV; a sus creencias y a sus certezas.

En el centro destaca María, coronada, con Jesús de pie sobre sus rodillas. El Niño, ya bastante crecido, tiende su mano hacia los Reyes Magos, que a su vez señalan hacia la estrella que Jesús tiene sobre su cabeza. Con esta sugerencia de Epifanía, vamos a leer las escenas que flanquean la imagen central. Como si de un cómic se tratara, de izquierda a derecha y de arriba abajo, son las siguientes: Anunciación, Visitación y Nacimiento y, por el otro lado, Anuncio a los pastores y Presentación en el templo; abajo se suceden la Huida a Egipto y Herodes con los Reyes Magos y, al otro lado, la Matanza de los Inocentes y Jesús entre los doctores. Hasta ahí el contenido devocional.

De forma muy característica, el travesaño superior del marco acoge, bajo 12 arcos rebajados, la representación de los trabajos y los meses. Concuerda en su mayor parte con otros calendarios coetáneos conservados en Navarra, como el esculpido en las claves del claustro de la catedral de Pamplona o el pintado en el fajón de la parroquial de Ardanaz. En Enero vemos a Jano trifronte con dos llaves y en febrero a un hombre secándose frente al hogar. La poda de la viña ilustra a marzo; a abril, una figura con una flor en cada mano y a mayo, un caballero cetrero. Para junio queda la siega del heno con la guadaña; con hoz para el trigo en julio, y la trilla para agosto. En septiembre se preparan los toneles para el vino; en octubre, los campos para la siembre, y en noviembre se mata al cerdo. Finalmente, diciembre se representa con una celebración de mesa y mantel. Nos encontramos ante el ciclo vital anual de nuestros convecinos del siglo XIV, no muy diferente del actual en nuestro medio rural.

El Frontal de Arteta está pintado al temple, sobre una tabla enriquecida con láminas de pan de oro, sobre las que se graban roleos y filigranas al modo de los orfebres. El resultado debía ser brillante y rico, ya que iba a decorar el frente del altar de la capilla. Para hacernos una idea de su efecto, debemos distanciarnos de la imagen descarnada y minimalista que nos han trasladado las restauraciones arquitectónicas del siglo pasado. Nada de un espacio donde domina la piedra vista, con una mesa de altar igualmente pétrea y unas pocas imágenes tras él. Una fotografía ideal de una de estas capillas en el siglo XIV nos mostraría el altar al fondo, vestido en sus tres frentes vistos con tablas pintadas y con un retablo dispuesto sobre él. Los muros del ábside también irían pintados. Y la bóveda acogería una teofanía si era un cuarto de esfera románico, o un cielo estrellado si se trataba de una crucería gótica. Las capillas debían mostrar, siempre en función de las posibilidades y anhelos de los fieles, un compendio ordenado y brillante de color, historias y magnificencia.

¿En Arteta? Es posible. Uno de los mayores problemas con el que nos encontramos al estudiar piezas como esta, es que cuando hace más de cien años pasaron al mercado del arte internacional, carecían de documentación. Por lo que hoy sabemos, en 1908 el frontal fue ofrecido, en un estado de conservación lamentable y como originario del entorno de Tudela, a la Junta Municipal de Museos de Barcelona por un tratante llamado Morales de Vittoria. Da la impresión de que se trataba de una fraudulenta estrategia de venta. En ese momento, desde Barcelona se compraba todo el patrimonio medieval vinculado al ámbito de la antigua Corona de Aragón. A la institución catalana le pareció demasiado caro y rechazó la oferta. Cinco años después lo localizamos en Londres, en el establecimiento del anticuario Lionel Harris. Suponemos que allí ya se ha desvelado su procedencia verdadera: Arteta. De ahí pasó a la colección del empresario barcelonés Luís Plandiura, una de las más importantes de su época. Y enlazamos ya con la ficha del MNAC, en la que se apunta que el museo lo adquirió desde la colección Plandiura en 1932.

En la colección Plandiura había otros dos frontales directamente emparentados con el de Arteta, el del Cristo en Majestad (Góngora-Laquidáin; pasó también al MNAC) y el de San Miguel (Eguillor; pasó a la colección Gualino y de ahí a la Galleria Sabauda de Turín). Entre 1330-40 trabajó en Pamplona un importante grupo de pintores, que hemos dado en llamar la Escuela de Pamplona. Conocemos el nombre de dos de ellos: Juan Oliver y Roque. Realizaron un interesantísimo conjunto de pinturas murales góticas: refectorio catedral y monasterio de San Pedro en Pamplona, Artajona, Olloki, Ororbia, portada de Santa María de Olite, Puente la Reina… Pues bien, parece lógico valorar como hipótesis que los frontales de los que hablamos fueran realizados en sus talleres de Pamplona. El modo de hacer general, la composición de las figuras y sus rostros, los enmarques arquitectónicos y el gusto por la alternancia del color son perfectamente coherentes con las características de la escuela de Pamplona. También aquí el contexto es importante.

Carlos J. Martínez Álava. Profesor del IES Mendillorri BHI de Pamplona.

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