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Sostenibilidad

Javier Zulategui: “El Ensanche es más sostenible que la ecociudad de Sarriguren”

El pamplonés considera que palabras como ‘ecología’ en la ciudad están desvirtuadas: depende, más que de extensiones verdes, de reducir el coche o el consumo de agua

Javier Zulategui: “El Ensanche es más sostenible que la ecociudad de Sarriguren”
Publicado el 14/06/2021 a las 06:00
Estudió Biología, pero quiso hacer su tesis doctoral en Arquitectura, para unir los dos campos en un ámbito muy concreto, el de la ciudad y su relación con el medio ambiente y la naturaleza. El pamplonés Javier Zulategui ha analizado cómo han ido evolucionando nuestra preocupación por el medio ambiente y nuestra idea de ciudad. Evita la tentación de ofrecer soluciones categóricas, porque sabe que algunas de las ideas del pasado generaron problemas que no se esperaban, pero está convencido de que se debe cambiar la forma de pensar la ciudad y la naturaleza.

¿No se hace un esfuerzo real por integrar la naturaleza en la ciudad?
Con conceptos como ecociudad, ciudad verde, cuando se habla de ecología o sostenibilidad a nivel urbano falta rigor. ¿Por qué han de ser sinónimo de mucho arbolado? Es el mal de la etiqueta verde, vender que somos ecológicos o sostenibles cuando en realidad en los últimos cien años ha cambiado poco la manera de ver la ciudad y el coche ha sido siempre protagonista. Sostenibilidad y ecología son palabras desvirtuadas. No se usan con criterios sólidos. Por eso mi trabajo ha sido buscar en el pasado autores urbanistas que han vinculado de manera más sincera avances de conservación ambiental con avances en la ciudad.

¿Por ejemplo?
Frederick Law Olmstead, el diseñador de Central Park, Patrick Geddes, o Ian McHarg. En su libro Desing for Nature, de 1969, donde hablaba de asuntos que sirven todavía hoy. Que siga vigente quiere decir que algo falla.

¿Qué necesita la ciudad entonces?
La ciudad como entidad creció para separarse de la naturaleza, para crear un lugar seguro y controlado por el ser humano. Pero en ese esfuerzo de separación nos hemos pasado de frenada. Habría que plantear la ciudad de manera distinta, reencontrarse con la naturaleza, no entenderla tanto como una realidad que el ser humano domina, sino darle espacios para que aparezca. Habría que hacer un urbanismo que se ponga también a disposición de la naturaleza. Nadie se plantea que la ciudad tiene que ser intentar ser social o justa, eso está implícito, es obvio. Tenemos que hacer lo mismo con el medio ambiente.

Y eso no pasa, por lo que le entiendo, por tener muchos árboles.
No necesariamente. Sarriguren es una ecociudad a la que han dado premios europeos por sostenible, pero en la que necesitas obligatoriamente el coche. Creo que es más ecológico el Segundo Ensanche, aunque no haya tanto verde. Depende de las circunstancias de cada sitio. Si buscamos una ciudad más sostenible, debemos basarnos en modelos urbanos en los que las distancias y el transporte sean más cortos. A nivel de sostenibilidad, un campus como el de la Universidad es una locura, por la cantidad de recursos que utiliza, de agua, de terreno. .. Quizá Pamplona puede asumirlo, por su tipo de clima, pero en general no son sostenibles grandes extensiones de verde que hay que mantener y te crean grandes necesidades hídricas. Se tiene que entender la realidad territorial de cada sitio a nivel climático, ambiental, biodiversidad, y ver cómo conjugar el crecimiento urbano con crear oportunidades, además de sociales, de expresión de la naturaleza. Mejor calidad que cantidad. Al fin y al cabo, el futuro se va a jugar en las ciudades. Además, si creamos una sociedad muy urbana, sin apenas contacto con la naturaleza y que no la conoce, ¿cómo vamos a pretender que se esfuerce en su día y día por protegerla?

Del problema del gasto de agua no se habla mucho.
No se plantea. Nos fijamos en que la ciudad presente la naturaleza en zonas verdes, pero el problema son el consumo de energía y recursos. Un futuro ambiental menos problemático pasa por reducirlos. Y lo primero es saber es de dónde proceden y de dónde cortamos.

¿Es de los que piensan que la expansión horizontal, los adosados, son poco ecológicos?
A principios del siglo XX, Ebenezer Howard, un británico que trabajó en EE UU, trató de solucionar los problemas de congestión, polución… uniendo lo bueno de la naturaleza, como los espacios abiertos y el aire sano, con lo bueno de la ciudad. Ideó la ciudad jardín, el modelo de adosados, chalés… que se ha extendido por EE UU, Gran Bretaña y también por España. Esa fórmula, que intenta dar solución a problemas sociales y urbanos, y acercarse a la naturaleza, genera a la larga problemas medioambientales que no se concibieron en su inicio. Por eso hay que andar con pies de plomo y no dar soluciones categóricas. La urbanización requiere suelos, hay que resolver cómo hacer llegar el agua, la electricidad, el transporte público se encarece porque la densidad de población es muy baja. En España el modelo es bueno, por surelación de densidad y expansión, pero en EE UU tienen un problemón. Está claro hacia donde debemos ir, pero de forma más sincera. Lo que no puede ser es hablar de ciudad sostenible sin renunciar al coche, al consumo…

¿Cómo hacerlo? Supone cambiar hábitos.
Ese es el reto del urbanista, no tanto preguntarse cómo hacer una ciudad más verde, sino qué hábitos tiene que proponer para que se cambie. No es cuestión de obligar a nadie, ni decir cómo vas a vivir, pero sí de ser consciente de los problemas. No es fácil. Yo, que había estudiado el problema del agua, no comprendí toda su gravedad hasta que viajé a Perú y vi los conflictos que la escasez de agua creaba en la Sierra Andina. Hay que saber que si no se está dispuesto a cambiar, hay consecuencias. El reto es cómo hacerlas ver

¿Sería bueno integrar el mundo rural en la ciudad?
Es una de las vías. Ya ocurre ahora, con los huertos urbanos, la agricultura sostenible de proximidad y otros conceptos interesantes. La ruralidad no es naturaleza, pero guarda remanentes tradicionales en los que el diálogo entre la naturaleza y el ser humano estaba más presente.
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