Del suicidio, la gloria y otras intimidades en el seno del 98
Pollux Hernúñez publica la correspondencia entre Antonio, Manuel y Miguel en 'Los Machado y Unamuno Cartas'


Actualizado el 17/05/2021 a las 06:00
Entre las 30.000 cartas que se estima escribió Unamuno en su vida se cuentan como destinatarios los hermanos Machado, Manuel y Antonio a la cabeza, aunque también Francisco. Algunas decenas se conservan en la Casa Museo del rector salmantino, pero no dejan de aparecer documentos.
Pollux Hernúñez recopila en 'Los Machado y Unamuno: Cartas' (Oportet) medio centenar de misivas de los hermanos sevillanos y reconstruye las citadas de Unamuno, aunque la mayor parte de ellas están perdidas. "No hay que olvidar que el escritor vasco era en ese momento algo parecido al demonio y que era temeroso tener textos suyos en casa", apunta el filólogo.
Hernúñez ya fue depositario y editor del manuscrito del 'Apuntes de un viaje por Francia, Italia y Suiza' del joven Unamuno, que lo tenía un coleccionista que prefiere mantenerse en el anonimato. Ahora ha ofrecido algunas de las cartas que no se conocían para este libro. "Mi primera intención era restituir la figura de Manuel Machado, muy desprestigiada.
Él estaba el 18 de julio en Burgos de manera fortuita. Su mujer tenía una hermana religiosa allí y cada año la visitaban en su cumpleaños.
Los falangistas le van a buscar a la pensión. Toda la familia era republicana, ¿qué podía hacer él? Si se hubiera negado, el final era claro. ¿Qué podía hacer alguien de 62 años en esas circunstancias, con alguien armado en frente? Aceptó la situación en contra sus convicciones. No hubo ninguna traición", afirma el investigador.
El volumen de 780 páginas incluye, además de las cartas, todos los documentos y artículos referidos. "Es la correspondencia de unos señores de hace más de cien años y creí necesario reflejar el caldo en el que se producía ese intercambio, de ahí la desmesurada documentación, el apéndice de 80 textos y las notas. Es una ventana a una época y a la relación de casi 30 años entre tres personas importantes para nuestra cultura, nuestra política y nuestro arte. Hay que reconocer a la generación del 98 el prurito de querer cambiar la sociedad para bien, aunque todos lo acaban pagando".
Las cartas esbozan una relación de amistad de los Machado con Unamuno, al que reconocen su magisterio, que en el caso de Manuel está más escorada hacia la demanda, la petición de reseñas, de colaboraciones, de ayuda por parte del bilbaíno, mientras que las de Antonio confiesan sentires, asuntos íntimos y un entendimiento tácito, una coincidencia intelectual profunda. No en vano le dice varias veces al vasco "a usted le debo haber saltado la tapia de mi corral o de mi huerto".
Pollux define a Manuel como un andaluz "extrovertido, en permanente contacto con la gente, tras ser un mujeriego necesita casarse" frente a un Antonio "taciturno, que no habla apenas asiente, muy observador y trabajador". Esas dos maneras de ser les convirtieron en "complementarios algo que les vino bien para escribir teatro a cuatro manos, hasta el punto que los estudiosos son incapaces de saber qué escribió cada cual.
Cuando Antonio vivía en Segovia, iba todos los fines de semana a Madrid y se llevaba trabajo. Tuvieron mucho éxito por lo unitario de su obra, que no deja traslucir las costuras".
"Un acto teatral indigno" En las 24 cartas de Manuel se abordan cuestiones de ediciones, de artículos, de referencias y reseñas, también le dedica alguna poesía y le envía libros. Antonio ahonda en su desencanto con Madrid -defiende la periferia aleccionadora frente a la capital adocenada- y con España.
En lo estilístico, rechaza la imitación nacional de la poesía italiana renacentista y ya en el siglo XX, la pasión por el simbolismo francés.
El pésame de Unamuno tras la muerte de Leonor le lleva a Antonio a contestarle: "También he pensado en el suicidio, pero tiene algo de grosera sensualidad, de violencia mecánica y algo como de reclamo que pretenda avalorar obras de escaso valor. Es posible que sea un acto estéril y de retroceso, y es un acto teatral indigno de una seria amargura".
El autor de 'Soledades' le reconoce en otra carta: "aborrezco los extremos" y las tres cosas en el moderno ambiente intelectual con las que "no quiero comulgar": la pedantería, el deseo de acaudillar masas y el arte del aperitivo, "ese que ensalza la joie de vivre o la exaltación de la bestialidad humana". Ambos reniegan de "la profesión de poeta".
Pollux compone el puzzle con los datos biográficos de los tres. "Unamuno siempre les visitaba cuando iba a Madrid. Los Machado tenían una tertulia itinerante. La última vez que se ven es cuando el profesor vuelve de recibir el doctorado honoris causa de Oxford". Hernúñez no pierde la esperanza de seguir encontrando manuscritos y documentos de Unamuno, el último lo halló en Almagro.
