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Arte

Moisés Pérez de Albéniz habla de sus 25 años de galerista en Pamplona y Madrid

Moisés Pérez de Albéniz cumple 25 años al frente de una galería de arte, primero en Pamplona y desde hace 8 años en Madrid. Desde sus inicios, su apuesta ha sido el arte contemporáneo y la internacionalidad

Moisés Pérez de Albeniz posa junto a alguna de las obras de la galería MPA, sala que abrió en la calle Doctor Fourquet de Madrid en 2012.
Moisés Pérez de Albeniz posa junto a alguna de las obras de la galería MPA, sala que abrió en la calle Doctor Fourquet de Madrid en 2012.
Cedida
Actualizada 18/02/2021 a las 06:00

Cuando abrió su galería de arte en la calle Larrabide de Pamplona, Moisés Pérez de Albéniz se dio un tiempo de dos años para decidir si el galerismo iba a ser su profesión definitiva y si iba a hacer del arte una forma de vida. Hasta ese momento, el arte era una afición que cultivaba al amparo de su trabajo en el mundo de la decoración. La apertura de su galería, reto al que se lanzó con algunas dudas, pero sin ningún miedo, le hizo comprender que su apuesta por el sector del arte contemporáneo iba en serio. Los dos años que se marcó en el calendario fue tiempo suficiente para creer en un proyecto al que lleva dando continuidad desde hace 25 años. Tras 17 años asentado en Pamplona, Moisés Pérez de Albéniz se trasladó a Madrid hace ocho años donde puso en marcha la galería MPA. Y en todo este tiempo, ha visto crecer un proyecto que cumple sus bodas de plata y que le ha llevado a recorrer tres continentes para participar en ferias y conocer el trabajo de distintos artistas de Europa, Estados Unidos y América del Sur. En la actualidad, representa a 22 artistas y al colectivo Basurana, que reflexiona sobre los residuos a través del arte.

Dedicado al mundo de la decoración y el interiorismo, un buen día inauguró la galería Moisés Pérez de Albéniz. ¿Por qué?
Si preguntas a 1.000 niños si quieren ser galeristas, ninguna te dice que sí. Yo no tenía esa inquietud cuando era joven, pero en la vida, las cosas suceden cuando menos te lo esperas y lo que ocurrió fue que una serie de socios que regentaban una galería en Pamplona me propusieron que siguiera con el negocio porque iban a cerrar. Al principio me pareció una idea peregrina, pero empecé a darle vueltas al asunto. Mi disponibilidad hacia el arte ya existía, iba a ARCO regularmente y había comprado piezas. Así que puse una serie de condiciones, principalmente que yo tenía que dirigir el proyecto y que nadie podía intervenir en él. Lo aceptaron y me di un margen de dos años para poder decidir si continuaba o no.

¿Qué hubo de valentía o de osadía en su decisión?
Entones tenía 40 años y con esa edad ya había montado algunos estudios de decoración, ya tenía esa actitud de abrir un negocio y lanzarme con proyectos. En ese sentido no me asustó. Pero había una doble dificultad, que el negocio funcionara y que yo lo supiera hacer bien porque nunca había trabajado en este mercado. Creí que podía hacerlo, que iba a ser capaz. Ahora, con la perspectiva de 25 años, pienso: ¿cómo me metí en semejante lío? Pues lo hice y empecé a tener cierto control. Enseguida aceptamos ferias de fuera de España, clientes de otros países, nos hemos movido en cuatro continentes y lo seguimos haciendo.

No sabría mucho del negocio, pero al menos le gustaría el arte.
Mi padre, en los años 50-60, era dibujante de publicidad y trabajó en Brasil como publicista. Desde pequeño ya tenía esa imagen de mi padre trabajando en la mesa de dibujo, con esa lámpara de luz azul para estabilizar los colores. Esa imagen la tengo siempre. Estudié Bachillerato y me di cuenta de que aquello no me gustaba. Mi madre también comprendió que yo no iba ni para médico ni para abogado. Me matriculé en la antigua Escuela de Artes Aplicadas en la especialidad de Decoración y estuve siete años, tiempo en el que se despertó en mí una vena creativa. Me ayudaron mucho tres profesores a los que más tarde me unió una amistad: la pintora Isabel Baquedano, el escultor Ábgel Bados y el arquitecto Francisco Javier Biurrun Salanueva .

Apostó por el arte contemporáneo y tenía claras otras ideas que mantiene 25 años después. ¿Cuáles son?
Me interesa lo que pasa en el mundo. Mi proyecto va sobre esa mirada que da el arte y, desde luego, es una mirada que no la da ni la prensa, ni la política, ni otros segmentos. El arte quizá no de soluciones, porque tampoco es su labor, pero si provoca reflexiones. Con estos objetivos, desde una ciudad pequeña como Pamplona no puedes plantear un proyecto de arte local. Fuimos creciendo en ferias nacionales y llegamos al ámbito internacional. Comprobé que desde una ciudad pequeña se pueden hacer proyectos por todo el mundo. Nunca hubiese pensado que a una galería de Pamplona le pudieran afectar problemas como la política internacional.

¿Llegó momento que Pamplona se le quedó pequeña y por ello decidió marcharse a Madrid?
En el año 2004 tenía ganas de ampliar el proyecto. Llegó un momento en que el 80% de la facturación procedía de fuera de Navarra. Mi idea era mantener la galería de Pamplona y buscar otro espacio en Madrid. Pero ese año, en plena expansión inmobiliaria, fue imposible, los precios eran altísimos. Menos mal que no lo hice porque hubiera sido una ruina, pues en 2008 llegó la crisis económica y hubiera tenido que tomar decisiones dolorosas.

La crisis económica golpeó al sector del arte y muchas galerías desaparecieron. La suya permaneció abierta hasta que inauguró la sala de Madrid. ¿Asumió muchos riegos?
Tuve que tomar decisiones. La galería se resintió mucho con la crisis. Descendieron las compras, desaparecieron las visitas a la galería y la situación comenzó a ser muy dramática. Y creí que, en momentos de crisis, podía buscar una oportunidad en Madrid. No la tuve en 2004 por la burbuja inmobiliaria, pero, en plena crisis, los precios eran más asequibles y las obras de arte también costaban menos dinero. Vi una oportunidad y pensaba que en 2 ó 3 años la situación económica iba a mejorar. Pero me equivoqué de lleno porque no se resolvió. La crisis siguió pegando fuerte, pero ya había abierto la galería y me fui haciendo un hueco en Madrid.

Una galería de arte no deja de tener una parte de negocio. ¿Es rentable?
Es difícil vivir siendo galerista en España. Con un mercado del arte sin consolidar, con escasos incentivos y sin la creencia generalizada de que el arte es un valor, cuesta mucho. Mi dedicación al interiorismo y el diseño, junto con la ejecución de proyectos, me ayudo a hacer de la galería un modo de vida. Cuando me instalé en Madrid, valoré los gastos y ví que lo podía hacer. No tengo socios, soy una persona que siempre se ha valido de su propio capital y de lo que los bancos han confiado en mí.

En el arte contemporáneo, ¿sigue costando el acercamiento del público a estas obras?
Madrid cuenta con cuatro museos dedicados al arte contemporáneo y la difusión es mayor que que en otras ciudades, lo que implica que haya mayor número de personas interesadas en el arte contemporáneo. Pero el arte sigue siendo una cuestión de minorías. Y no me parece mal. Nunca va a ser como el fútbol y el día que el arte sea fútbol, pues igual yo me voy a mi casa. No porque tenga nada en contra del fútbol, que no lo tengo, pues soy un seguidor de mi Osasuna como siempre lo he sido. Lo que quiero decir es que el arte no es de masas y tampoco es necesario.

¿Por qué?
El problema es mucho más serio que valorar si acude mucha gente a las exposiciones o no. El arte afecta a la cultura y a los comportamientos sociales y me gustaría que este país tuviera una mayor inversión en cultura. Con una mayor inversión desaparecerían muchos problemas que el arte pone en evidencia, como cuestiones sociales, políticas, económicas o temas de género.

El arte, la cultura en general, ¿es una oportunidad para corregir los errores de la sociedad?
Hay que dejar atrás conceptos como la belleza. ¿Qué es la belleza hoy en día, ver cuadros bonitos? No nos podemos quedar ahí. Creo que tenemos un mundo muy poco estético, muy complicado y no tenemos una visión real de la belleza porque no existe. No podemos poner la televisión, ver todos los días lo que ocurre en el mundo y luego estar pensando en lo que es bonito y bello. Hay que cambiar conceptos y ser más realistas. Y para cambiar conceptos, hace falta adquirir conocimientos de nuestra cultura.

Esta falta de conocimientos, ¿es un problema educacional?
De principio a fin. Nos quedamos siempre en lo epidérmico, valoramos las cosas con unos criterios y conceptos muy básicos, excesivamente básicos. El arte es una invitación a pensar, reflexionar, conocernos un poco mejor. Pero siempre nos quedamos con lo superficial. Es como valorar un libro por la portada o decir si una película me ha gustado o no sin saber cómo se construye un guión. Si la cultura estuviera más enraizada en la sociedad no tendríamos tantos problemas y las disciplinas artísticas van a hacer que esta sociedad sea mejor. Cultivar esos mínimos conocimientos nos lo va a dar la educación. De lo contrario, se seguirán diciendo esas tonterías que tantas veces escuchamos.

¿Es duro para un galerista, más aún para un artista, escuchar que una obra no vale nada o que no se entiende?
Antes me desanimaban esos comentarios, pero ahora ya no me molestan. Las críticas tienen que venir desde el conocimiento, desde alguien que aporte algo. Ahora vivimos en un mundo muy complicado porque toda opinión, sea fundada o sea una tontería, está en las redes sociales y parece que son ciertas. El arte contemporáneo se ha criticado, se critica y continuará estando expuesto a ello. Pero si alguien es capaz de indagar un poco más, de rascar más adentro, se va a enterar de muchas cosas y va a cambiar su modo de pensar.

¿Qué le une a los 23 artistas que representa desde su galería?
En pleno siglo XXI, no tiene sentido pintar como Delacroix , pues ya ha aportado al mundo del arte todo lo que tenía que aportar, como ocurre con otros artistas que ya son historia. El arte evoluciona, nos tiene que contar cosas de cada momento y el que vivimos ahora es complejo, muy complicado. Hay guerras, hay terrorismo, hay diferencias políticas que a veces parecen insalvables, hay temas sociales muy preocupantes. En el arte conceptual prima el concepto sobre la forma, es un arte que cuenta situaciones o problemas y que pide un poco de comprensión y reflexión para poder entrar en el tema. Con la pintura abstracta ocurre lo mismo, requiere un gesto, una voluntad. Hay que aprender ciertos códigos porque, si no, el criterio me gusta o no me gusta no sirve.

Entre los artistas de su galería se encuentra Basurama, un colectivo preocupado por los residuos.
Lleva muchos años trabajando por todo el mundo y mostrando un problema real, cada vez más grave. Somos una sociedad que nos estamos ahogando en nuestras propias basuras, generando mucha más basura de la que podemos reciclar. Dediquemos un tiempo a pensar en ello. Vamos a dejar un mundo para nuestros hijos y nuestros nietos bastante imposible para poder vivir. Debemos ser conscientes de que por algún lado tendremos que parar esta sinrazón.

“Ahora es momento de resistir y ser sensatos”

Ha viajado por todo el mundo y ha sido un asiduo a las ferias hasta que llegó la pandemia.
Los momentos de cambio siempre suponen un aprendizaje. Nos pusimos a trabajar de forma online, con una nueva página web. Había que mantener una comunicación constante, pero sin aburrir, pues la gente estabapreocupada por su salud, el trabajo y los negocios. También accedimos a plataformas online nacionales e internacionales y hemos tenido contacto con clientes desconocidos y hemos vendido obra en lugares como California, Texas o Dubai. Pero nunca he pensado qu el mundo online pueda sustituir a lo presencial. No me interesa esa idea.

Esta crisis sanitaria, ¿va a cambiar el mundo del arte?
Al artista no le va a afectar. Palabras como confinamiento, austeridad, precariedad de medios, el artista las tiene asumidas. Siempre están confinados en su estudio y la precariedad de medios también la conocen porque nunca han contado con presupuestos importantes para su trabajo. A las galerías y al público nos está costando. No soy pesimista ni optimista, porque no entiendo ninguna de las dos posturas, pero creo que ésta no es una crisis estructural como la de 2008. Cuando llegue la vacunación masiva y quitemos el miedo que tenemos, al día siguiente volveremos a nuestras actividades. Ahora es el momento de resistir, de actuar de manera sensata, de olvidarnos un poco de los trazados que nos mandan y de actuar todos con sentido común y responsabiidad. Vamos a aplicar unos códigos muy simples, pero que nos sirven y nos protegen.

¿Se encuentra satisfecho de lo que ha conseguido en estos 25 años?
No voy sumando años para celebrar aniversarios. Me levanto todos los días porque tengo que trabajar y me gusta hacerlo. No cambiaría esta profesión por ninguna otra. Me ha ido bien, pero también es cierto que pasas momentos muy críticos. Y esta pandemia es uno de ellos.

DNI
Moisés Pérez de Albéniz Andueza nace en Pamplona el 10 de abril de 1955. Estudia en el colegio Maristas y es Graduado en Artes Aplicadas en la especialidad de Decoración, formación que realiza en la escuela de la capital navarra. Casado con Mari Cruz Bergasa, es padre de dos hijos: Moisés y Macarena. En 1996 abre la Galería Moisés Pérez de Albeniz en la calle Larrabide y en 2012 se traslada a Madrid, al frente de la galería MPA.
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