Tribuna cultural
José Serrano Amatria, pintor tudelano
El autor recuerda a José Serrano Amatria, pintor de Tudela, que perteneció a la generación de pintores nacidos a finales del siglo XIX y principios del XX con una pintura al estilo clásico pero plenamente figurativa


Actualizado el 03/02/2021 a las 06:00
Dentro de la historia de la pintura navarra destaca la generación de pintores nacidos a finales del XIX y principios del XX y que está compuesta, al menos en sus nombres más significativos, por Muro Urriza, Gerardo Sacristán, Emilio Sánchez Cayuela “Gutxi”, Julio Briñol, Eugenio Menaya, Gerardo Lizarraga, Antonio Cabasés, Juan Viscarret, Lozano de Sotés y Francis Bartolozzi. A esta generación pertenece también el artista a quien vamos a dedicar estas líneas, José Serrano. Estamos ante una figura que contó con gran respeto en su época, fundamentalmente dentro de Tudela y de la Ribera navarra, pero que, posteriormente, ha ido cayendo en un olvido lamentable. Estamos ante un pintor figurativo, sencillo y que desarrolló un modesto periplo vital, en su Tudela natal. Amó profundamente ese entorno y a sus gentes, todo lo cual sirvió de motivo estético para su pintura.
EL HOMBRE
José Serrano Amatriain nació en Tudela el 4 de septiembre de 1902. Siendo un niño aún, su padre, Rufino Serrano, buen aficionado a la pintura, se preocupó por iniciar a su hijo en esta actividad. En la segunda década del siglo asistió, durante varios cursos, a las clases de dibujo de la Fundación Castel-Ruiz, donde impartía enseñanzas Aniceto Sada, con quien se formaron otros pintores y dibujantes tudelanos, entre ellos, Nicolás Esparza. Posteriormente tuvo como profesor a otro destacado maestro de dibujo, Miguel Tello Lacarra. En las listas de premiados en dicha escuela, en dibujo del natural, aparece José Serrano los años 1913 y 1914. Paralelamente, nuestro artista se formó en la técnica de la electricidad.
El año 1926, la DFN, ante los evidentes progresos de la pintura de Serrano, le otorgó una pensión de mil pesetas para ampliación de estudios y perfeccionamiento. Por ello se estableció en Madrid donde asistió, por espacio de cuatro años, a las clases del pintor valenciano Manuel Benedicto. Dicha pensión se extendió hasta el año 1929. Durante su estancia en Madrid cultivó además su vena cultural en conferencias, museos y, especialmente, en el Círculo de Bellas Artes. Regresó a Tudela a inicios de la década de los años 30, dando su pintura muestras de que el sacrificio de su padre, y la pensión que le confirió la DFN, habían sido fructíferos.
En octubre de 1932 contrajo matrimonio con Concha Sanz Astrain, fallecida el 21 de diciembre de 1951; el matrimonio tuvo un hija, Mª Luz Serrano, casada con José Alforja. La familia estableció su domicilio en la calle Blas Morte, 11-3º, de Tudela. Sus exposiciones públicas no fueron numerosas. Podemos anotar la de 1924 en el Teatro Novedades de Tudela; años más tarde expuso en el Círculo Mercantil de Zaragoza; alrededor de los años treinta montó otra exposición en el Hotel Carlton de Bilbao. En julio de 1940 colgó 27 pinturas en la gran exposición de artistas navarros organizada por la Jefatura provincial de propaganda, junto a lo más granado de los pintores de Navarra. En abril de 1949 lo hizo en las salas del edificio Castel Ruiz de Tudela y tiempos después, en dos ocasiones, por las fiestas de Santa Ana realizó exposiciones en las bajeras de su propia casa.
Su biografía no tiene muchos más eventos. Por espacio de once años, desempeñó el cargo de profesor de dibujo en la Fundación Castel-Ruiz, en aquellas mismas aulas donde él había dado sus primeros pasos artísticos. Lo demás se explica en su trabajo callado, con el que mantuvo su familia, y su gran afición a la pintura que practicó regularmente. José Serrano falleció, después de larga y penosa enfermedad, el 4 de noviembre de 1974, a los 72 años. El 26 de diciembre de 1974 la ciudad de Tudela, con su alcalde a la cabeza, le rindió sentido homenaje, inaugurándose una exposición de 67 de sus obras en la sala de la CAMP, de la calle Gaztambide. Su amigo el pintor Monguilot escribió en la Voz de la Ribera (16-11-1974) “Sabíamos de sus grandes cualidades y de su llegar hondo; un alma sensible, fina y callada de gran artista.
Pasó como los grandes hombres pasan por la vida, sin hacer ruido. Había que conocerlo mucho para llegar a comprender su entrega y su arte, que siempre fueron inmemorables y que nunca se conocen bien hasta que desaparecen en lo que valen. Pepe Serrano deja una obra grande y desconocida, pues por su sencillez y humildad hace tiempo que pintaba sólo para él”.
SU OBRA ARTÍSTICA
Entre 1930 y los años setenta pintó una cantidad importante de obras que denotan un oficio bien aprendido. Podemos enumerar una colección de retratos que por sí misma puede consagrar a este artista. Sus retratos representan, no solo a los tudelanos ilustres (como Benjamín de Tudela o el Rey Sancho el Fuerte), sino también una magnífica galería de personajes populares del campo y de la ciudad. Esas obras pueden figurar en la historia de la pintura navarra, representando a los arquetipos populares tudelanos, al igual que hizo también Miguel Pérez Torres. Elaboró además un número importante de bodegones, variados en su composición y de logradas calidades.
Pero lo más abundante fueron sus paisajes, auténtico espejo de la Ribera, de la vida del agro, con su tipismo, sus costumbres, las vistas de los más significativos rincones y calles de la vieja Tudela y de su entorno. Dentro de su producción destacan las realizaciones de la luz en todo su cromatismo, cuyo motivo, sin duda alguna, eclipsa otros detalles, quizás menos logrados de su obra. Serrano pasa a la historia, como pintor de las luces riberas, en todas sus variedades, y del sol bardenero que agota los ocres y sonrosados montes y cabezos. Todo ello lo ha plasmado él con tal fuerza como los pueden describir los más brillantes literatos. En su íntimo aislamiento tudelano, se recreaba plasmando ribazos y rastrojeras, junqueras y matorrales, la plateada luz de las mañanas y la purpura de los atardeceres; eso fue su pintura.
Una obra la suya fecunda, de entrega a la pintura, desconocida mayormente por el arte navarro. Fue un habilidoso dibujante, con trazo ágil, vigoroso, certero. Artista pletórico de dominio y expresión. Fue la suya una pintura al estilo clásico, plenamente figurativa, sin concesiones a movimientos, escuelas y tendencias novedosas. Cuadros limpios, diáfanos, transparente, llenos de luz, de vida y de sentido, nacidos de su expresión y de su sentimiento. Puede ser que, en ocasiones, sus obras tengan algunas imperfecciones técnicas o que se trate de una pintura muy sencilla, movida por la pasión ante el paisaje y por las gentes de Tudela; pero en todo ello reside sencillamente su grandeza. Pepe Serrano no se vio coronado por la fama popular que suele rodear a otros artistas, pero tampoco él hizo nada por buscar y lograr ese reconocimiento. Sirvan estas líneas para recordar, siquiera modestamente, a este artista que debe figurar en la nómina de los pintores navarros del siglo XX.