Miguel Munárriz, butaca de honor

El Teatro Gayarre concede su máxima distinción al dramaturgo, actor y director fallecido hace un año

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Miguel Munárriz, butaca de honor

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Jesús Rubio

Publicado el 17/12/2020 a las 23:56

El Teatro Gayarre, el epicentro de las artes escénicas en Navarra, concedió este jueves su butaca de honor a Miguel Munárriz Muruzábal (Pamplona, 1957), actor, director y dramaturgo fallecido hace casi un año. Es la butaca de honor que concede el coliseo pamplonés tras los que distinguieron a Manolo Monje, Pedro Osinaga y Valentín Redín. La noticia, notificada por el actor José María Asín, fue el colofón de una celebración, la de la vida de un hombre de teatro, que llenó este jueves el Gayarre de gentes de la dramaturgia. Esa butaca de honor la recibió de manos de la concejal pamplonesa María García Barberena la mujer de Munárriz, la actriz Marta Juániz. “Gracias”, dijo una y otra vez, en nombre suyo y el de su marido. “Por el esfuerzo, por el cariño”.

Esfuerzo, cariño, talento y muchos recuerdos se concentraron en un homenaje que trató de resumir, en cerca de dos horas y con la voz de una treintena larga de compañeros de andanzas teatrales, la trayectoria de Munárriz, que dedicó cuatro décadas de su vida a las tablas. Su nombre, recordó su quinto estellés Raúl Urriza, “significa teatro”. Al fin y al cabo, dentro de los escenarios fue actor, director, autor y hasta tramoyista. De eso se acordó precisamente el primero de los amigos que le recordó, otro hombre de teatro como Ignacio Aranguren. El profesor recordó sus peripecias conjuntas en los 70, de un viaje a Madrid con parada en Ávila, o de cuando fueron tramoyistas en el Gayarre, para hacerse a las tablas de un teatro, y se encontraron cargando con todas las tablas, de madera, con las que se montan los escenarios.

La gala, en la que no faltó la música (la interpetaron Josetxo Goia-Aribe, Adela Martín y Alberto Rodríguez) ni la poesía (especialmente intensa fue la puesta en escena de la Elegía de Miguel Hernández), fue en cierto modo una historia del teatro en la Comunidad foral. La contó el propio Munárriz, de boca de todos aquellos que leyeron lo que el dramaturgo escribió para un número especial de la revista de los bibliotecarios navarros sobre su experiencia en el teatro. Y la narraron todos los que pasaron este jueves por el escenario del Gayarre, donde se citaron muchos de los que compartieron montajes , textos, obras y dramatizaciones: hablaron del Teatro Estable de Navarra, la fundación de la Escuela Navarra de Teatro, de la que Munárriz fue el primer director, de la Compañía Titular del Gayarre o la compañía La Nave. Hitos de una historia, la del teatro en Navarra, que no se puede contar sin nombrar a deMiguel Munárriz, la cuarta butaca de honor del Gayarre.

Voz, impulso y carácter en un hombre del teatro
 

Por las butacas del Gayarre desfilaron este jueves tarde decenas de anécdotas de la vida de Miguel Munárriz. De él sus comienzos en el Teatro Estable de Navarra hablaron Ignacio Aranaz, Ana Goya, Angel Sagüés o Pedro Miguel Martínez y recordaron el local de puerta roja que había en la entonces calle Andrés Gorricho42, en la Txantrea, o el Peugeot con el que viajaban por cines parroquiales de media Navarra. De los primeros años de la Escuela Navarra de Teatro, que se instaló en lo que eran los cines Amaya, hicieron memoria Pedro Salaberri, pintor entre otros en el montaje de El gabinete del doctor Caligari, Arantxa Aranguren, María Álvarez, Aurora Moneo o, a través de una carta, Maite Pascual, que destacaron su “generosidad” o cómo les supo decir que valían para el teatro y debían buscar su camino, aunque fuera lejos de Pamplona. A propósito de la Compañía Titular del Gayarre, una iniciativa que Valentín Redín puso en marcha en los años 90, recordó el actor José Maria Asín la voz profunda y grave de Munárriz, un signo de su persona que mencionaron muchos otros.

Como se acordaron del carácter nada fácil del dramaturgo. “Parece mentira que quien riñó con casi todos haya traido a todos al teatro”, dijo medio en broma medio en broma medio en serio Ana Maestrojuán, una de las voces que representaron a la compañía La Nave, que Munárriz fundó con su mujer Marta Juániz, y que este jueves trabajó como directora de la gala homenaje, con Laura Laiglesia en la regiduría. Pero por detrás de ese carácter a veces explosivo, de una voz que podía llegar a ser intimidante, más allá del humo del tabaco, sus compañeros coincidían en que había un “corazón grande, una gran generosidad y un impulso desmedido por el mundo que tanto amó, el del teatro.

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