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Humor

Oroz: “Con las viñetas del confinamiento quería limpiar la cabeza, aliviar”

Ha recogido en un libro un centenar de las tiras que ha publicado en ‘Diario de Navarra’ desde que se comenzó a hablar del coronavirus. ‘Aquel año de mierda!!’ se venderá con el periódico desde el domingo y más adelante, en librerías

César Oroz, con la portada del libro en su ordenador.
César Oroz, con la portada del libro en su ordenador.
  • Laura Puy Muguiro
Actualizada 27/11/2020 a las 06:00

Queda un mes para que acabe 2020 pero César Oroz ya lo da por cerrado. “Creo que no puede ocurrir más”, afirma el humorista gráfico de Diario de Navarra. Se detiene en la parte de sorpresa de este año cuando se desató la crisis del coronavirus, en que todos pasamos de estar “más o menos bien a esto”. “Y nada de lo que venga nos va a sorprender como nos ha sorprendido esto. ¿Que queda un mes? Sí, pero, ¿qué más va a pasar?”. Y por ese darlo por cerrado publica Aquel año de mierda!!, donde recopila un centenar de sus tiras de la última página representativas de estos meses. En lo profesional, sabe que nunca se dará la circunstancia de este 2020: trabajar un único tema prácticamente un año entero. El libro se venderá por 15 euros con el periódico desde el domingo. Más adelante, en librerías.

El título evoca a coger el libro en unos años y recordar lo que vivimos este, y que se pasó.
Esa es la idea: ver con la distancia del tiempo qué ocurrió aquel año que nos marcó tanto, porque a futuro lo hará. Se va a quedar como un hito y vamos a poder hablar de él como “aquel año”. Lo que ha ocurrido lo ha hecho de forma gradual; si no, no lo habríamos podido asumir. Creo que esto se va a superar, aunque la mierda de año no nos la quita nadie.

Y presenta al murciélago en el plato, ¿nos lo hemos comido con patatas?
Eso dijeron [sonríe]. El murciélago, que es simpático, incluso pícaro, es la primera víctima de todo esto, según siempre la teoría oficial. De alguna forma habría pasado al hombre, análisis que también debemos hacer: ¿quién en el siglo XXI se come un murciélago? Nos tenemos que replantear ese tipo de cosas, nuestra relación con el entorno.

Como a lo largo del libro...
Sí. Lo que ocurre es que la evolución de las viñetas, como la del año, ha sido pasar de algo que ni pensabas a ir aprendiendo todos fase a fase, replanteándonos cosas día a día: no es lo mismo cómo estuvimos en marzo; cómo pasamos la primavera, que fue asqueroso; el subidón del verano, y esta nueva normalidad. Cumplimos esa ley de la evolución de que “sobreviven los que mejor se adaptan a la nueva situación”.

Acaba de decir que la primavera fue asquerosa. ¿Cómo la vivió?
Mi trabajo es pura actualidad, ver qué dan los medios de comunicación, y me parecía asqueroso lo que sacaban por la situación que era, porque a diario estábamos con muertes, muertes, muertes. Así que, de cara a mi trabajo, ¿cómo trasladaba eso a una viñeta supuestamente de humor? Imposible. No sabíamos qué nos venía y no quería dibujar muertos: era un momento en el que todos teníamos que aportar algo, lo que mejor supiéramos hacer, con lo que pudiéramos ayudar. Mi trabajo era hacer humor, y no puedes sacar muertos a diario en la viñeta. Y pensé en la parte humorística de aquella primavera, el confinamiento. Así surgió la sección Héroes en zapatillas, con la que te reías de situaciones que ocurrían a la gente, desde pasear a los perros hasta salir a los balcones a cantar. Ahí pude huir de la parte asquerosa de esta primavera y, con aquellos Héroes.., focalizarlo todo en el humor. Porque para mí los héroes eran quienes estaban en primera fila: la gente vinculada a la sanidad, quienes estaban -lo hemos sabido después- sin parapeto ante el virus, jugándosela. Los demás tuvimos que ponernos las zapatillas, quedarnos en casa y no molestar en exceso.

Y cuando pensaba a diario en una nueva viñeta, ¿esperaba algo en el lector?, ¿aliviarle?
Sí, era mi misión en la idea de aportar en esta situación. Mi trabajo tenía que servir para aliviar. Por eso esa sección tiene personajes y tópicos bastante locos, con situaciones de bastante patochada y cachondeo, en el perfil de ese humor salvaje que te produce carcajada.

¿Usted se sentía aliviado?
Sí. Además de recibir la reacción de quien te decía haberse visto identificado en una u otra viñeta, podía eludir la parte tan luctuosa de las muertes. Todos hemos tenido gente en el entorno que ha padecido el virus directamente y les hemos oído contar que al poner la televisión o la radio o coger el periódico no encontraban más que muertes. En esa temporada de primavera los medios de comunicación reflejaban lo que había que reflejar, pero para muchos que lo estaban sufriendo y estaban aislados era una losa sobre otra. Mi idea fue que las viñetas llevaran lo contrario: sabíamos dónde estábamos, y yo quería huir de la enfermedad en sí misma y donde el chiste no era el sitio para incidir. Quería limpiar la cabeza, ofrecer la dieta de humor.

¿Se rio con otros compañeros de profesión?
Hay quien en la cuarentena siguió el día a día trágico, algo heavy porque cuarenta días incidiendo en los fallecimientos me parece muy duro, y hay quienes aplicaron un enfoque desde el humor. Con esos me reí. Creo que nuestra labor como humoristas gráficos era la de destensar.

Y luego hay tiras, sobre todo tras el confinamiento, en las que reparte también alguna colleja entre los ciudadanos.
En la primera ola nadie estaba avisado porque nadie sabía nada, pero en la segunda, cuando volvió nuevamente al primer plano la peligrosidad del virus, ya sabíamos algo y si hacíamos bien o mal. No solo es una responsabilidad de las instituciones, es también personal. Y son lo que reflejan algunas de las viñetas del segundo semestre del año.

Abre y cierra el libro Indiana Jones, con sendas viñetas.
En la que abre, a Indiana Jones se le abalanza el virus, como la gran piedra en la escena de En busca del arca perdida. Es una viñeta de febrero, como la avalancha que se nos venía encima. Y la última pertenece a cuando se decretó el confinamiento perimetral que aún tenemos en Navarra [Indiana Jones escapa por los pelos de la puerta cerrándose]. Me parecía cerrar el círculo: nos ha caído esto y hemos pasado todo esto en medio para volver a cerrarse la historia otra vez y quedar todos atrapados. Por eso para mí el año está cerrado ya. El año es la sorpresa, el cierre, levantar cabeza y volver a cerrar. Si el XXI hay vacuna, será otra cosa. Con ella espero que tengamos una normalidad verdadera.

Será una malísima noticia que haga un segundo libro...
Estoy convencido de que es imposible porque ya será otra cosa: habrá vacuna y una desescalada más suave -espero- y llegaremos a la normalidad.

DNI
César Oroz Martija
, pamplonés de 52 años. Desde 1991 dibuja a diario la tira de la última página de Diario de Navarra, si bien ya había empezado a colaborar con el periódico en 1986. En 2005 recibió el Premio Mingote, que concede el diario Abc, y en 2006 el Gallico de Oro, de la sociedad Napardi. Está casado y tiene tres hijos.

 

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