Alfredo Goñi: “Cuando usamos los símbolos mal, creamos monstruos”
Más conocido por su faceta de dibujante, pintor e infografista de ‘Diario de Navarra’, Alfredo Goñi debuta en la literatura con un relato que comenzó a escribir cuando era veinteañero y que ha recuperado tres décadas después


Actualizado el 30/09/2020 a las 06:00
No busquen el nombre de Alfredo Goñi Morales (Pamplona, 1960) en las letras gordas de su libro. Lo encontrarán, en pequeño, en la solapa, pero su relato de aventuras lo ha firmado como Arriola León, que son los primeros apellidos de sus dos abuelas. Lo hace tanto para homenajearlas a ellas como para hacer que el autor “pase a un segundo término” y el libro “adquiera vida propia”. Con 'A las banderas les gusta la sangre' (Punto Rojo, 12 euros) Goñi Morales se adentra en un terreno, el de la escritura, que conoce sobre todo como periodista pero que ha dejado en los últimos años por el dibujo y la ilustración. Goñi, casado y con dos hijos, licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Navarra trabaja como infografista en Diario de Navarra, empresa a la que entró a finales de los años 80. Antes estuvo en la radio, en la SER,y en el Diario del Altoaragón.
¿Cómo surge esta historia?
La empecé a escribir a los veintitantos años. Estaba en un carpeta guardada, tenía escritos dos capítulos y medio y varias notas. Vi que la historia tenía proyección y decidí que se lo debía a aquel chaval que la empezó. La he terminado cincuentón, como si las hubieran escrito dos personas distintas.
¿Tantas cosas guarda en el cajón?
A los veintitantos era una fábrica de producir ideas. Tengo un montón de cosas guardadas, durmiendo. De algunas no me acuerdo ni cómo surgieron.
¿Ha tenido que cambiar mucho aquel texto?
De alguna cosa que había me he asustado yo mismo, pero la verdad que he cambiado poco. Aquel texto tenía varios finales alternativos y he optado por este.
Por un final abierto.
Cuando describes una realidad, la realidad no está terminada. Un final abierto se adecua más.
Se le conoce como dibujante y pintor y ha tenido varias exposiciones. ¿De dónde le viene este afán por escribir?
He escrito sobre todo en prensa, entrevistas y artículos. Ahora me encuentro en la infografía pero antes me tocaron todo tipo de cosas. Creo que la literatura, escribir con fantasía y aplicar tu sentido crítico tiene un plus muy bonito. Desde chaval me ha gustado contar historias y era algo a lo que había que dar cauce.
Escribe en un estilo que parece antiguo, de libros de aventuras del siglo XIX o anteriores.
La portada tiene el aspecto de las primeras ediciones, como un libro antiguo. El texto también desprende un perfume a antiguo pero cuenta algo que ocurre en el futuro. Como el libro, que comenzó a escribirse en el pasado y lo retomo ahora. Viene del gusto por la literatura clásica, pero contando algo del futuro, se trata de un juego de tiempos que me parecía interesante.
¿Una reivindicación de las obras antiguas?
Los que vivimos en el siglo XXI hemos crecido con montones de literatura, de películas, series... y cada una nos ha aportado algo. Somos hijos de un montón de cosas. Cuando comencé a escribir esta obra me encantó la Divina Comedia, vi King Kong en blanco en negro, me gustaba la literatura clásica, el cine de humor o de acción. Estamos hechos de muchas cosas. ¿Por qué renunciar a nada?
Homenajea con su seudónimo a las abuelas.
Que se lo merecen todo.
¿Por qué?
Además de por ellas, porque creo que el autor debe pasar a un segundo término y que el libro adquiera vida propia. No pierdo mucho tiempo en grandes descripciones de personajes, situaciones o lugares, doy unas cuantas pinceladas y el resto lo tiene que poner cada lector, con su mochila histórica, su imaginación, sus vivencias... para darle vida propia al libro.
Sí es una crítica explícita a las banderas, que en el relato se alimentan de sangre, y no metafóricamente.
Los seres humanos somos simbólicos. Gracias a eso disfrutamos del arte en todas sus manifestaciones. Pero si lo empleamos mal, ocurre lo que pasa con las banderas, que creamos monstruos que se alimentan de carne humana. Es una crítica al fanatismo humano, una reflexión sobre determinados comportamientos sociales.
Uno de sus personajes crea una bandera que no come carne. ¿Es eso posible?
Hay que poner un punto de optimismo en la civilización humana. Esperemos que poco a poco utilicemos todo lo que hemos aprendido a lo largo de la historia. En el siglo XXI tenemos experiencias históricas, capacidades técnicas suficientes, para hacer una sociedad civilizada.