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Arte

Ocho proyectos para visitar el Centro Huarte

El Centro inaugura 'Ocho entre nueve’, una exposición colectiva con artistas navarros

De izda. a dcha.: primera fila, Jaione Michelena, Germán de la Riva y Elvira Palazuelos; en segunda fila, Naia Mira, Maite Redondo y Patxi Araujo; en última fila, Katixa Goldarazena, Alfredo Zubiaur e Itsaso Iribarren.
De izda. a dcha.: primera fila, Jaione Michelena, Germán de la Riva y Elvira Palazuelos; en segunda fila, Naia Mira, Maite Redondo y Patxi Araujo; en última fila, Katixa Goldarazena, Alfredo Zubiaur e Itsaso Iribarren.
  • Paloma Dealbert
Actualizada 28/06/2020 a las 06:00

Telas, madera, metacrilato, vídeos digitales... Los receptores de ayudas a las artes plásticas y visuales de 2019 del Centro de Arte Contemporáneo Huarte -en colaboración con el Gobierno de Navarra- inauguraron el viernes la exposición colectiva que agrupa parte de los ocho proyectos, en la modalidad de producción. En el espacio Habitación del edificio, y con una muestra del trabajo del último año que se podrá visitar los viernes de 17 a 20 horas, y los sábados y domingos de 11 a 14.30 horas.

Por la tarde, Gorka Beunza presentó Brecha, una de las creaciones seleccionadas para la categoría de publicaciones. Se trata de un fotolibro en el que Beunza explora la fotografía y la letra de las canciones compuestas por el artista. Lo acompañó Amaia Molinet, con su trabajo Es posible que la tierra quisiera Ser, como antes de que existiera. Zart!, de Alberto Rodríguez, ya se dio a conocer durante del Festival de Cómic y la cuarta publicación lo hará más adelante. Las ayudas para los doce proyectos ascendieron a un total de 85.500 euros.

LAS IMPERFECCIONES Y EL ÉXITO

Las obras de esta edición, destacaba la codirectora del Centro, Nerea de Diego, han sido muy diversas y con “mucha instalación objetual respecto a otros años”. Los artistas han explorado técnicas y temáticas variadas, y han prestado atención, sobre todo, a la fase de creación. Para investigar su propio proceso creativo en Kateka, Jaione Michelena, de Elizondo, y la pamplonesa Naia Mira -de 25 y 24 años, respectivamente- se organizaron siguiendo el método de producción industrial; es decir, como si de una fábrica se tratase. Han instalado 270 conos de helado sacados de un mismo molde y han elaborado patrones para imprimir en telas, lo que permite observar “las imperfecciones” del sistema. Su objetivo es “visibilizar la mano humana detrás de esos procesos”.

El artista pamplonés Raúl Ursua, de 40 años, se ha servido de las arquitecturas para Éxito y fracaso. Las pequeñas piezas arquitectónicas representan las historias personales y emociones -positivas o negativas- que, cuando “ha pasado un tiempo”, detallaba Ursua, “se ven con más objetividad”. Y acompañan al cuerpo humano en su obra “como un virus”. En una última fase explora esa proximidad entre los dos conceptos y utiliza el denominado síndrome del astronauta, que después de llegar a la luna, el regreso a casa vacía de sentido su realidad.

La investigación de Katixa Goldaracena se centró en “generar cuerpos escultóricos a partir de materiales distintos”, sobre todo planos. La artista, natural de Arruiz y de 27 años, estaba interesada en las relaciones y la comunicación que se creaban entre los objetos en el espacio. Para explorarlas ha utilizado telas, escayola, metacrilato, vinilo, papel o proyecciones. El conjunto de montajes se titula Trampantojo, paisaje entonces contenido.

LA NATURALEZA Y EL TRABAJO

N.O.S.A.M -acrónimo de Not Only Stones Are Mirrors, no solo las piedras son espejos-, de Alfredo Zubiaur, propone una reflexión sobre la relación entre el paisaje y “los significados que aportan culturalmente”, según explicaba su autor. Las seis piezas seleccionadas forman parte de un proyecto mayor, que empezó a exponer en 948 Merkatua, en 2018. Mediante la superposición de pinturas que se repelen y sobre las que ejerce presión, el artista, de 40 años, quería mostrar una “doble literalidad: de como el plástico invade la naturaleza y como se adapta la naturaleza al plástico”.

Maite Redondo expone Apuntes del pequeño jardín del Edén. Se compone de una risografía, un fanzine para acercarse a las metodologías colectivas o participativas, y el material que la autora, nacida en Pamplona hace 30 años, está utilizando para grabar un cortometraje: audios, vídeo y textos. “Es una investigación multidisciplinar que va a tratar en torno a la vejez, al trabajo reproductivo y la violencia y me interesa cuestionarme qué significa la palabra trabajo”, explicaba Redondo.

EL ARQUETIPO DE MUJER

Control+C, Control+V es una serie de unos 36 collages de diferentes tamaños. En la muestra hay seis, elaborados sobre papel de acuarelas o metacrilato. La autora, la burgalesa Elvira Palazuelos, de 35 años, reside en la capital navarra desde hace 10. Con el proyecto, desvelaba Palazuelos, ha explorado “cómo las imágenes que tenemos en nuestra memoria colectiva han podido influir en la forma de percibir el género o la cultura a la que pertenecemos”. Analiza la manera en la que se ha retratado a la mujer, con repeticiones de “arquetipos o poses” y mediante la superposición de fotogramas, colores, imágenes de pinturas, propone “miradas alternativas a la la dominante, la hegemónica masculina”. Las ha realizado de manera digital porque, defiende la artista, así se perciben hoy. “Vamos muy rápidos en el mirar, observar; a veces tanto que nos impide la reflexión o la crítica”.

‘¿QUÉ VAS A HACER AHORA?’

La instalación más grande es obra de la pamplonesa de 39 años Itsaso Iribarren y el santanderino de 43 Germán de la Riva. La configura una estructura recubierta por un plástico negro, y una mitad de cuerpo a cada lados: la fama, de costado, y el panóptico. “Hemos trabajado sobre dos conceptos que nosotros llamamos cuerpo codificado y cuerpo fragmentado”, relataba Iribarren. El codificado es el que, en la sociedad contemporánea, atraviesan instrucciones, costumbres o leyes, que a menudo resultan desconocidas; el fragmentado, la manera en que estos cuerpos reaccionan a lo primero. ¿Qué vas a hacer ahora?, título de la obra, -añadían los artistas- interpela a esos objetos escultóricos que yacen alrededor de la montaña negra, pero también al espectador: “¿Qué vamos a hacer ahora al enfrentar esos códigos o leyes? ¿Cómo reaccionamos, cómo las reconfiguramos, cómo aprendemos de ellas?”.

LA DANZA DEL TRONCO MUERTO

El pamplonés Patxi Araujo, de 53 años, ha puesto el foco en la “relación estética” que se genera “si se cruza un organismo muerto con un sistema electrónico digital”. En Dancing Cum Dederit -parte del proyecto Pequeña Dramaturgia para Objetos Técnicos- un aparato robotizado pone a ‘bailar’ un tronco muerto como en un ritual, una ceremonia, según el autor, “de desextinción”. Por eso va acompañado de un salmo en latín, escrito sobre el suelo, y la proyección de una simulación de agua. “Es una pieza que viene del futuro”, resumía Araujo, que también plantea si la tecnología será capaz de salvarnos “del desastre hacia el que nos dirigimos”. Aunque durante el proceso, agregaba, ha descubierto que el tronco no estaba muerto “en su totalidad”, pues una araña ha salido del mismo para tejer una tela alrededor.

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