Flamingo Bar, el último "bebedero" de Kerouac, le recuerda 50 años después
Celebrará unacto que recaudará fondos para una organización empeñada en preservar la casa donde el escritor vivió junto a su madre y su tercera esposa


Publicado el 25/10/2019 a las 17:29
Existe un lugar en el mundo donde cuando alguien pide un 'Jack Kerouac', no le traen un libro, sino un trago de whisky americano "lavado" con cerveza. Se llama Flamingo Bar, está en St. Petersburg (Florida) y este sábado recuerda a su cliente más ilustre con motivo del 50 aniversario de su muerte.
"Me hubiera gustado ser más culto entonces", dice Dale Nichols, propietario del Flamingo Bar desde 1969, quien confiesa que hace 50 años le "importaba un comino" si Kerouac era escritor y qué escribía, pero tras su muerte se dio cuenta de que el tipo que le había presentado su amigo Ronnie "era alguien".
Nichols era un joven recién llegado de la guerra de Vietnam cuando conoció a Kerouac -"probablemente en 1968", dice- antes de hacerse cargo de un bar cuyos orígenes se remontan a 1924.
"Por entonces mi vida era un desorden. Bebía mucho y fumaba mucha yerba", dice Nichols en una conversación telefónica.
Kerouac, que tenía 47 años cuando el 21 de octubre de 1969 falleció de una hemorragia estomacal en un hospital de St. Petersburg, ciudad donde vivía desde 1966, tenía la misma afición a la bebida y la marihuana que Nichols y además le gustaba jugar al billar en el Flamingo con otros clientes, recuerda el tabernero.
Aunque la leyenda dice que en el Flamingo le sirvieron a Kerouac el trago final de su vida, Nichols aclara que la última vez que le vio por el bar fue unos dos días antes de su muerte, por lo que no hay que descartar que saciara su sed en algún otro lugar antes de ser llevado al St. Anthony Hospital.
El dueño del Flamingo recuerda que poco antes de la muerte del escritor supo que se había visto envuelto en una pelea en otro bar de St. Petersburg llamado "The Dark Room" y luego el "Cactus Bar", que ya ha desaparecido, y que salió bastante maltrecho.
Al autor de "On the Road", la biblia del movimiento "beat", que fue el precursor del hippismo y tuvo también a figuras como Allen Ginsberg, William S. Burroughs y Neal Cassady, le gustaban los tragos cortos de whisky (shot & wash) con un poco de cerveza.
En 1969, recuerda Nichols, su bar solo tenía permiso para servir cerveza y vino, pero Kerouac se las arreglaba para meter de contrabando alguna botella de "whiskey", como se llama a la bebida que se produce en EE.UU. para diferenciarla de la escocesa.
Hoy ese trago se conoce en el Flamingo Bar como "Jack Kerouac Special" y seguro que este sábado en un acto organizado con motivo del 50 aniversario de su muerte se servirán muchos.
Además de homenajear a Kerouac, el evento, que debía haberse celebrado el sábado 19 pero debió posponerse una semana debido a la tormenta tropical "Néstor", servirá para recaudar fondos para una organización empeñada en preservar la casa donde el escritor vivió junto a su madre y su tercera esposa en St. Petersburg.
Música folk, poesía "beat" y una "celebración de la vida y la época del famoso escritor e icono literario" es lo que prometen los Amigos de la Casa de Jack Kerouac a quienes asistan.
La casa está en peores condiciones que el Flamingo, que se conserva casi tal como era en la época de Kerouac, dice con orgullo Nichols.
Salvo por las fotografías y libros de Kerouac que hay en algunos puntos del local y por el mural que cubre una de las paredes exteriores en el que aparece retratado el escritor, el Flamingo es uno más de los muchos bares deportivos (Sport Bar) que son el equivalente estadounidense de los "pubs" británicos.
"On the Road" (En la carretera o En el camino, según las distintas traducciones al español), publicada en 1957, fue la obra que le dio fama a Kerouac, quien volcó en sus páginas sus experiencias como viajero por todo Estados Unidos llevado por el jazz, la poesía y las drogas y el alcohol.
Esto último acabó con su vida e hizo que St. Petersburg fuera el "final de su camino", como rezan los textos de los Amigos de la Casa de Kerouac.
"La única gente que contaba para mí eran los locos, los que estaban locos por vivir, hablar, ser salvados, deseosos de todo al mismo tiempo, los únicos que nunca bostezaban o caían en lugares comunes, pero ardían, ardían y ardían como fabulosas velas romanas amarillas", escribió Kerouac, quien era hijo de canadienses de origen francés que emigraron después a Massachusetts, en su obra más conocida.