'La única historia', Julian Barnes

Actualizado el 31/03/2019 a las 11:24
Los autores con experiencia, con una larga trayectoria, deben asumir riesgos. Es bueno que sea así. No puede ser de otra manera. No es admisible que se limiten a repetir la fórmula literaria que les ha servido en otras ocasiones. Que les ha funcionado en el pasado. No es honesto que vuelvan a aplicar las técnicas narrativas de siempre. La estructura de siempre. El formato habitual en sus libros.
Como escritor, no se lo consiento. Como lector, lamento que desaprovechen la oportunidad de renovarse, de reinventarse con otra clase de registros. No es necesario que los creen ellos. No me importa que recurran a una forma de contar que ya hayan usado otros. Me basta con que el autor en cuestión la emplee por primera vez.
En esta novela, Julian Barnes se arriesga por partida doble. Vaya por delante mi agradecimiento en ese sentido. Asume dos riesgos, pero sólo sale airoso de uno de ellos.
Prefiero empezar por lo que consigue. Antes de entrar en la esencia de la historia de Paul y Susan, quiero destacar el modo en que se cuenta. Creo que ahí reside lo meritorio del libro. Barnes acierta al combinar las tres personas del singular a la hora de narrar. Es decir, aunque el relato se plantea en todo momento desde la perspectiva de Paul, el protagonista adopta tres puntos de vista distintos: el 'Yo', el 'Tú' y el 'Él'. El autor los introduce por ese orden, si bien más tarde, ya avanzado el texto, los alterna según el contenido del discurso, de acuerdo con el cariz de cada revelación.
De eso se trata. Me refiero a la literatura en general. Se trata de abordar un conflicto a partir de una estrategia nueva. Aprovechando todos los recursos del lenguaje. El escritor inglés nos demuestra cómo, cuando hay un motivo literario, una causa de índole narrativa, el lector acepta ese abordaje múltiple con naturalidad. Y es que, gracias a la transición suave con que se produce el relevo de voces en la novela de Barnes, aquél apenas nota el cambio, no se desorienta ni pierde el hilo de la historia.
¿Y el propósito? ¿El objetivo de ese desdoble de la personalidad de Paul? Claro. En el arte no debe haber nada gratuito. Las tres personas mencionadas arriba, las tres versiones del personaje, permiten contemplar su relación con Susan McLeod en varias dimensiones. Con distinta carga crítica. Con mayor o menor objetividad. En lugar de construir una segunda parte desde la óptica de la mujer, el narrador se agarra a Paul, le sigue a lo largo de las páginas, y su triple enfoque enriquece la visión global de la trama, ilumina todos sus rincones.
También se crea un avance peculiar del tiempo. Jugando con la dicotomía pasado-presente, con las formas verbales correspondientes, Barnes practica una serie de aproximaciones y alejamientos respecto de la situación. Nos mete o nos aparta de ella. Recurre al 'Tú' y al 'ahora' para contarla en detalle, a pocos metros de distancia, o al 'Él' y al 'entonces' cuando necesita sobrevolar los años, dejar pasar décadas en pocas líneas, trazar una retrospectiva de lo que ocurrió.
Ah, y, sin embargo, ¿el amor? El segundo riesgo de Julian. El más ambicioso, en definitiva. Es aquí donde falla la novela. Desde el momento en
que alguien se propone inventar un artefacto sentimental, escribir una historia de amor, se juega todo a una carta. Sí, porque el resultado será juzgado conforme a un único criterio. A la pauta de si nos excita o emociona esa relación. Si empatizamos con los personajes hasta el punto de enamorarnos de ellos un poco.
Es eso lo que no sucede. En este libro arriesgado. En esta novela que lo merece. No nos conmueve el destino de los amantes. Y yo creo que el obstáculo es el exceso de explicaciones. De reflexiones por parte de Paul. La verborrea del joven inglés. Creo que dedica demasiadas palabras a analizar las cosas. Los rasgos y la evolución del vínculo afectivo. Las razones de su fracaso en el tiempo.
Ningún autor es infalible. Lo que caracteriza a los buenos es el afán de búsqueda. Su empeño en indagar. Su necesidad de adentrarse en caminos nuevos. Oh, estoy seguro de que es allí donde se encuentra Barnes ahora. Más allá de este libro. En una inquietud diferente.