CIRCO DEL SOL
Lo que los focos no llegan a alumbrar
El Navarra Arena vivió ayer la primera de las nueve funciones del espectáculo del Circo del Sol ‘Toruk: el primer vuelo’, un show que requiere un enorme trabajo en la sombra de técnicos, artistas, personal de gestión y operadores logísticos


Actualizado el 07/02/2019 a las 08:18
Nadie duda, incluso aunque sólo lo conozca de oídas, que el Circo del Sol es uno de los mayores espectáculos del mundo. Y no lo es por casualidad. El circo canadiense celebró ayer la primera de las nueve funciones que ofrecerá en el Navarra Arena, pero el espectáculo no sería posible sin el quirúrgico trabajo de más de cien personas durante los días previos al estreno.
Lo primero que convierte a esta función en especial es que se trata del primer espectáculo del Circo del Sol basado en una película. Apenas un año después del tremendo taquillazo que supuso Avatar, los responsables del Circo del Sol se pusieron en contacto con el director del filme, James Cameron, para hacer una adaptación circense de la historia. Tras cinco años de asesoramiento y colaboración entre ambas partes, en 2015, Toruk: el primer vuelo empezó su vuelta al mundo en una gira que esta semana ha llegado a Pamplona.
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Ayer, los medios de comunicación, entre ellos Diario de Navarra, pudieron acceder a las tripas de Toruk: el primer vuelo y descubrir los secretos de uno de los espectáculos más ambiciosos e innovadores del mundo. Aquí, la palabra ‘secretos’ no es una metáfora ni una exageración. Los responsables de relación con los medios del Circo del Sol fueron comprobando minuciosamente el nombre de los periodistas acreditados y los cámaras y fotógrafos tuvieron que firmar un contrato de confidencialidad.
Una vez pasado el control, se abrieron las puertas del Navarra Arena. La actividad dentro del pabellón era frenética: las grúas montaban el escenario y los distintos entramados donde se desarrolla la función, los técnicos supervisaban las instalaciones prestando constante atención al walkie-talkie y los artistas estiraban sus flexibles músculos o se ejercitaban en las máquinas de gimnasio, desperdigadas por el Arena en un aparente caos. En total, 115 personas están involucradas en la preparación del espectáculo entre los 43 artistas, los casi cuarenta técnicos y el personal de gestión.
En un sector del pabellón, descansaban todo tipo de criaturas fantásticas, así como los trajes, las máscaras, las pelucas y las luces. El equipo de vestuario ha elaborado más de mil piezas para la función, entre ellas los trajes para los cinco clanes de los Na’vi (las criaturas de piel azul del universo Pandora) que intervienen en el espectáculo. Todos los accesorios y demás elementos de vestuario han sido confeccionados de forma totalmente artesanal. Por ejemplo, las flores de los difraces del clan Tawkami requieren 437 tiras de tela de unos 90 centímetros de largo.
Seis horas de ensayos
El equipo de ‘Toruk’ viaja, come, ensaya y trabaja unido durante diez meses al año. Esta estrecha convivencia se traduce en que para muchos la gente del circo se ha convertido en su “segunda familia”.
Es el caso de Lisanna Vazquez y Ethan Lottman, dos de los artistas del Circo del Sol. Estos dos estadounidenses, de 35 y 24 años respectivamente, llevan entregados al espectáculo de Toruk durante los últimos tres años. Esto supone unas seis horas diarias de ensayos entre la preparación física y la dimensión interpretativa, que prepararon en su día con los actores de la película y ahora siguen trabajando con el director artístico del espectáculo. Vazquez afirma que “lo más importante” es llegar a conseguir el “alma” del Na’vi, especialmente “su postura y su pasión”. “Es difícil, pero somos artistas y queremos transmitir esa emoción”, resume Vazquez.
El grupo de artistas del circo salió ayer de su encierro en el Navarra Arena para visitar Pamplona, que les pareció “una ciudad muy bonita y de gente muy amable”.
Tras la magia del Circo del Sol se esconde un cuidadoso sistema logístico digno del mejor ingeniero que permite que el espectáculo de Toruk se traslade semanalmente de una ciudad a otra. La ingente cantidad de materiales necesarios para que se abra el telón precisa de un modo de viaje acorde a las proporciones del Circo del Sol.
Por ello, cuando Toruk viaja por tierra, 34 tráilers se echan a la carretera rumbo al próximo destino de la gira. En caso de que sea conveniente que el traslado se realice por mar, el material se distribuye en 39 contenedores industriales. Por último, para los viajes transoceánicos, la gira se sube a cinco aviones modelo 747, cuatro de ellos para albergar el material y uno para el equipo humano.
La expedición viaja con todo el material necesario para poner en marcha el espectáculo, incluido el suelo del escenario, los disfraces, las marionetas, las oficinas, la escenografía, el material de limpieza y cocina, los focos y cuarenta proyectores de casi 300 kilos de peso, entre otros elementos.
El equipo, por su parte, está formado por 43 artistas, un número similar de técnicos, la dirección de la gira, el equipo de catering, compuesto por cinco personas, y ocho encargados del transporte del material.
Dentro de los elementos que se pueden ver sobre el escenario, la producción no deja de ser espectacular. Destacan particularmente las dieciséis figuras que representan a las distintas criaturas de Pandora.
La mayor de ellas, el Toruk, pesa 115 kilos y mide doce metros de ancho. Para manejarlo se necesita a todo el equipo de marionetas. El sonido de la criatura lo realizan en directo los propios operarios mediante varios micrófonos que la figura lleva incorporados.
El elenco de artistas también incluye a una cantante en directo, un actor que va narrando la historia y un especialista en lanzamiento de bumerán, que ostenta el récord Guinness en esta disciplina.
Por último, el escenario sobre el que se desarrolla la historia de Toruk incluye 97 trampillas y varios trampolines ocultos desde los que los actores van dando vida a la aventura de los Na’vi.

