CONCIERTO DE OT EN PAMPLONA
La espera tuvo su recompensa
Miles de personas formaron una larga cola que llegó hasta la Media Luna. El sol fue el protagonista en las horas previas al concierto y las sombrillas y los toldos abundaron entre las filas formadas por pequeños y adultos


Actualizado el 24/06/2018 a las 08:52
Los nervios, la emoción y las ganas de ver el concierto invadieron el ambiente que se respiraba ayer en las horas previas al concierto de Operación Triunfo en la plaza de toros de Pamplona. La cola, que parecía no tener fin, llegó hasta la Media Luna y congregó a miles de personas que tuvieron que hacer frente al sol presente durante todo el día. Las sombrillas y los toldos fueron sus grandes aliados.
Desde las 8 de la mañana comenzaba a llegar gente para conseguir un puesto privilegiado y ver a sus ídolos de cerca en el noveno concierto que la gira de Operación Triunfo realiza por toda España. Y desde distintos lugares del territorio español llegaron algunos de los “ans para poder presenciar el concierto. Aún así, la lucha por ser el primero para entrar no impedía a algunos entablar conversación con sus compañeros de cola. “Nosotras somos de Pamplona y ellas de Zaragoza, pero nos hemos conocido en la cola, nos hemos agregado a Instagram y hemos unidos las hamacas para hacer el grupo más grande”, contaba María Gayarre Lozano, 18 años y de Zaragoza. “OT une a las personas, y si no, que nos lo digan a nosotras”. Tímida y empujada por sus amigas aparecía Sara Muñoz Presentación, de 18 años y vecina de Pamplona, quien había pintado con acrílicos el retrato de Agoney en una cazadora vaquera y su intención era dársela porque “me encanta el mensaje que transmite de amor, libertad y visibilidad”.
Estefanía Cabrera Ruiz, 33 años y de Cádiz, Paula Rosado Jiménez, 29 años y de Madrid y Luz Domínguez Romero, 35 años y de Madrid, se definían como “amaiers” porque “somos muy de Amaia”, confesaban. El fenómeno de OT unió estas tres vidas de una forma un tanto inesperada. “Nos conocimos en la firma de discos que Amaia y Alfred hicieron en Madrid”, contaba Estefanía. “Cuando ves que la gente pide silencio y el Palau enmudece, eso lo dice todo”, añadía Paula Romero.La gala de OT en el Palacio de Vistalegre de Madrid fue la siguiente parada de estas chicas antes de aterrizar en Lisboa para presenciar el espectáculo de Amaia en Eurovisión. Sin perderlas de vista, las acompañaba el marido de Paula Rosado, Miguel Hernández Rodríguez, un canario de 34 años. “A mí me gusta Paula”, respondía Miguel Hernández cuando se le preguntaba si le gustaba OT. Ayer llegaban sobre las 10 de la mañana a la plaza de toros para coger sitio y disfrutar del concierto. Después, tienen pensado volver a Madrid para asistir al concierto que la gira realizará en el estadio Santiago Bernabeu. La emoción se hacía visible en los carteles que mostraban los jóvenes cuando pasaba la gente. Tampoco faltaron los rotuladores que tenían los niños para pintarse los nombres de sus artistas favoritos. Incluso se dejaron ver los pañuelos de San Fermín después de una iniciativa llevada a cabo en las redes sociales para mostrarlos cuando cantase Amaia.
Un banco, cuatro sillas y un toldo se conviertieron entre la 1 del mediodía y las 7 de la tarde en una “segunda casa” para un grupo de vecinos de Mendillorri, que acudía a la cita con sus hijos. Bibi Angulo De los Anjos lo tiene claro, “por verlos a ellos disfrutar, aunque fuese la entrada un poco más cara yo lo pagaría”. Además, cuenta con el aliciente de ser vecina de Amaia. “Es una chica que no hacía mucha vida de barrio y metía muchas horas en el conservatorio”, cuenta. La tablet o las cartas fueron sus medios de entretenimiento mientras los hijos jugaban en los alrededores de la plaza. “Las entradas son una pasta pero por pagarlo una vez y ver disfrutar a los más pequeños vale la pena”, aclara Bibi Angulo. “Si mis amigas me dicen para ir al concierto también pagaría”, agrega Paqui Zamora.
Desde Estella llegaban las hermanas Cristina y Natalia Pagola López junto a sus respectivas hijas. “Nos llamamos pagosians”, afirmaban las primas en honor su apellido materno. “Nos enteramos de que venían a Pamplona y ni nos lo pensamos para comprar las entradas”, afirmó Paola Solano. Eso sí, “las entradas las pagan las madres”, recalcó Miriam Salvatierra entre risas. De La Rioja llegaban a media tarde Raquel Gil de Muro y Kelly Simón, junto sus “pequeñas” puesto que Pamplona era el lugar que les quedaba más cerca para poder ver un concierto de OT. A Simón, sus hijas le recordaban a su juventud. “Así como a ellas les gusta Operación Triunfo y ven sus conciertos, a mí me gustaban las verbenas”, relataba. A falta de media hora para la apertura de puertas, Eva pedía una ambulancia “que me va a dar algo”, exclamaba bromeando. No solo Amaia y Alfred se llevaron todo el protagonismo, también hubo hueco para los fans de Aitana y Cepeda que esperaban un desenlace romántico. “Hoy se van a dar el beso”, se atrevía a decir María Rivas segura de sí misma.
El concierto logró reunir a personas de distintas edades y procedencias pero con una misma ilusión: poder disfrutar de sus artistas preferidos y la pasión por la música. Lo que unió Amaia que no lo separe nadie.