El mejor aliado para los amantes

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Belén Galindo

Publicado el 02/08/2018 a las 12:17

José Luis Arrondo lleva media vida ejerciendo de sexólogo. Conoce como pocos los secretos de la química humana y en ocasiones ha decidido poner por escrito sus conocimientos y experiencias. Es el caso de su último libro, titulado 'Vino, salud, amor y sexo', donde asegura sin atisbo de duda que "una botella y dos copas pueden ser el camino más corto hacia el enamoramiento o la mejor forma de encender la pasión". En el ecuador del verano, el blog levanta la copa y brinda con este escritor navarro.

 

Sopa de Letras: El libro lleva por título ‘Vino, salud, amor y sexo’. Dirías que estos factores deben ir en este orden también en la vida?

José Luis Arrondo: Pues, indudablemente, no. El vino, que ocupa el primer término por ser el protagonista de esta botella de páginas, en la vida pasaría al último lugar. En mi opinión, este sería el orden: “Salud, amor, sexo y vino”.

SDL: Cómo surgió este proyecto?

JLA: El interés por los caldos de la fermentación de la uva, sobrevino durante el desarrollo de un curso de cata entre amigos, que duró un año. Pilar García-Granero nos supo transmitir el fascinante mundo del vino. Posteriormente, la vida me fue generosa poniéndome en contacto con otros personajes que fueron dejando huella en mi enofilia. Las enseñanzas de algunos maestros y la visita a numerosas bodegas, me animaron a centrarme en este proyecto que fue produciendo una extraña y desconcertante fascinación.

Como médico, me surgió la inquietud de indagar y divulgar las investigaciones y lo publicado sobre las bondades y los beneficios que tiene la incorporación del vino en la comida diaria, para nuestra salud física, psíquica y social.

Mi profesión de urólogo-andrólogo dedicado a la salud sexual, como cardiólogo de la entrepierna masculina en ejercicio, me sirvió de acicate para abordar la relación entre vino, amor y sexo.

SDL: Cuál es la idea principal que quieres transmitir con el texto?

JLA: No se trata de un libro sobre el vino a la usanza, no es un tratado de conocimientos, de tecnologías, de variedades, de añadas, de catas, de maridajes, de mercados, de enoturismo, etc. Si así fuese, pecaría de arrogancia pues no soy viticultor, enólogo, ni crítico, ni entendido.

No he pretendido provocar, pero sí rendir un homenaje a una bebida tan injustamente demonizada desde los dos extremos. Por un lado, los controladores de la moral, los abstemios enfermizos; y, por otro, los que abusaron tanto que convirtieron una magnífica bebida en un producto de muerte.

He intentado, desde la perspectiva de la salud, el amor y el sexo, dar a conocer con más profundidad el lado humano del vino y ofrecer un brindis a la cultura universal del buen beber, propagando un cántico, húmedo y multicolor, al sabroso y profundo humanismo del vino.

SDL: Mantienes la tesis de que el vino ayuda y colabora a la pasión y al enamoramiento. De qué manera?

JLA: Antes de nada, tengo que dejar claro que el vino puede ser el mejor aliado para los amantes o convertirse en el peor enemigo; todo es cuestión de la dosis ingerida. Siempre con moderación, nos puede ayudar por su capacidad para predisponer y por las excelentes dotes de seducción.

Nos libera el ánimo de preocupaciones y de prejuicios, aumenta la autoestima, contribuye a que afloren las emociones, ayuda a olvidar las penas y permite la entrada de sentimientos agradables. Ovidio, en su libro El arte de amar, ya lo expreso con claridad: “El vino prepara el espíritu y lo hace receptivo para el acaloramiento”.

Más que ninguna otra bebida y, en un ambiente propicio, una impregnación alcohólica suave supone un agradable y eficaz afrodisíaco, nos ayuda al precalentamiento. El juego de colores y aromas contribuye a estimular la fantasía.

Pero eso sí, salvo que no sea posible, si deseamos jugar a la seducción, es necesario utilizar copa: por cuestión estética, porque se potencian al máximo las cualidades del vino (color, aromas y sabor) y porque se estimulan mejor los sentidos. Así planteado, te diré que una botella y dos copas puede ser el camino más corto hacia el enamoramiento o para encender la pasión.

SDL: Dices también en el libro que “Hay que probar muchos, buenos y malos vinos”. Casi como las relaciones personales. Con qué argumentación?

JLA: La experiencia es la madre de la ciencia, y cuanto más se conozcan las relaciones humanas y las cualidades de los vinos, más argumentos tendremos para elegir lo que más nos conviene. No es imprescindible realizar catas para disfrutar de esta bebida, aunque creo que pueden resultar muy convenientes.

Pero, una cosa es el deseo y otra la realidad. Existen personas muy felices inmersas en un mundo reducido de relaciones personales y que también disfrutan del vino sin alejarse de sus primeras experiencias y de sus iniciales deseos.

SDL: Una de las ideas que defiendes es que el vino es como una “cata humana” entre dos personas. Hasta qué punto puede servirnos el símil de la cata en las relaciones humanas?

JLA: Lo que he querido expresar es que el sexo, las relaciones sexuales, resultan como una apasionada y apasionante cata humana de cuerpos y de sentimientos. Y en este sentido, relaciono ambas catas, la del vino y la del sexo.

El vino y el sexo comparten un objetivo común: la búsqueda del placer, y en ambos debe primar la calidad sobre la cantidad. Amigos/as lectores/as: “Si tenéis sed, bebed agua; si deseáis placer, bebed vino”.

Y, además, beber vino y practicar sexo, para algunos hacer el amor, son actividades humanas en las que se involucran a tope los cinco sentidos. En el libro describo la importancia que supone cada sentido en las dos catas: tacto, oído, vista, olfato y gusto.

 

SDL: El vino debería ser “casi obligado”, dices también. Hagamos un compendio de las bondades del vino y sus múltiples beneficios.

JLA: En esta afirmación, quizás me perdió el entusiasmo. Desde luego nunca obligado, pero sí sabiendo y propugnando abiertamente que el vino, tomado de manera asidua y moderada, beneficia y previene la salud física y psicosocial. Por pura salud, sin tener en cuenta el placer que ello supone.

Como profesional de la salud, resulta evidente que debo insistir y defender “la moderación” en su consumo. No es defendible la premisa de que “si algo es bueno, más es mejor”. Ni tampoco deben existir contraindicaciones para su ingesta.

Desde la antigüedad, se conocen las propiedades beneficiosas del vino, que fue considerado como un alimento, un ingrediente básico de la dieta y una fuente inagotable de salud; inherente a la vida y a la cultura mediterránea, en la que resultaban imprescindibles la trilogía: vid, olivo y trigo.

La Fundación para la Investigación del Vino y Nutrición (FIVIN), hacen referencia a más de 530 estudios; aunque es necesario seguir investigando. Ya lo afirmó el químico e investigador francés Louis Pasteur: “El vino es la más sana y la más higiénica de las bebidas”

Del vino, lo que sí está demostrado científicamente es su capacidad para prevenir y mejorar el sistema cardiovascular y sus excelentes propiedades antioxidantes. Por ello, los cardiólogos consideran al vino amigo del corazón. Estos beneficios son debidos a sus componentes nutricionales y a su alto contenido en compuestos polifenólicos. Estos compuestos se encuentran, básicamente, en las partes sólidas de la uva (pepitas, hollejo o piel, pulpa y en el raspón) y más en los tintos.

Algún otro beneficio aportado:

-Beneficio energético, aporta calorías (en una entrevista Induráin aseguro que en sus carreras comía con una copa de vino).

-Un excelente digestivo, favorece la digestión, estimulando la secreción biliar. Así lo expresa en refranero “Comer sin vino es grave desatino”.

-Un buen antiinfeccioso, con efecto positivo en las heridas, y aumenta las defensas. Nuevamente la sabiduría popular: “Maldita la llaga que el vino no cura”

-Podría prevenir algunos cánceres, sobre todo por su contenido en resveratrol. Existen estudios sobre el cáncer de próstata...

-Acción positiva sobre el Sistema Nervioso Central, podría reducir la predisposición a las demencias.

-Con independencia de los beneficios físicos, se han descrito mejoras en la salud psíquica y social. Es una bebida social, para compartir, para disfrutar en compañía, resulta tonificante y es un elevador del tono vital. Alexander Fleming, opinaba: “Si bien la penicilina cura a los hombres, el vino les hace felices.”

Hoy se está extendiendo la aplicación externa de los productos derivados de la uva, la vinoterapia (cosmética, masajes, spas).

Luego podríamos concluir, que el vino resulta beneficioso por dentro y embellece por fuera.

Pero, ¡cuidado!, si se empina en demasía los resultados para la salud y la convivencia, pueden terminar en tragedias.

SDL: Es la bebida que más ha inspirado a la ciencia y al arte. Es posible que por eso la cultura del vino siga tan viva hoy en día.

JLA: Efectivamente, el vino se ha considerado siempre como una fuente generosa de creatividad, de inspiración en todas las facetas del arte.

Pero sobre todo en la literatura, numerosos escritores se han interesado por el vino. El libro y el vino son dos creaciones, dos obras de arte: el libro habla cuando se lee y el vino cuando se bebe. Y en esta curiosa relación, quizás exageró Louis Pasteur cuando afirmó: “Hay más filosofía en una botella de vino que en todos los libros”.

Muchas obras de arte se han creado no por inspiración divina sino del vino, sobre todo en la poesía Y es que, como reza un aforismo griego: “El bebedor de agua nunca fue artista”.

Hoy resulta llamativo el interés de los enófilos con todas las facetas del arte y la cultura: exposiciones de pintura en bodegas, certámenes literarios con el vino como protagonista, recitales poéticos en torno a las viñas, actividades deportivas entre viñedos Sin ir más lejos, la Cofradía del vino de Navarra convoca desde 2004 el Certamen Literario “Del Vino y la Viña”.

SDL: Recomiéndanos un vino o un tipo de vino para cada ocasión en lo que respecta al amor o al sexo.

JLA: Si lo que pretendemos es que prenda el rescoldo que quedó tras la hoguera, resulta fundamental conocer los gustos enófilos de la pareja, disfrutando de la gran variedad de colores y aromas con que nos obsequia el mosto fermentado. Y, en ese sentido, cualquier vino nos puede servir de ayuda.

Si se pretende disfrutar de la amistad: la gama es amplísima, incluida la gran variedad de blancos y de cavas.

Si buscamos el camino hacia el enamoramiento, yo elegiría el color del enamoramiento (“el rosado”), con todas sus tonalidades; y, por supuesto, de Navarra.

Si se desea más pasión y terminar con un encendido cuerpo a cuerpo, disfrutaría de los aromas y sabores de los tintos.

Ya para terminar y según mi opinión, dos ideas: beber vino no significa ser alcohólico y prefiero educar a las criaturas para que aprendan a beber que prohibir el consumo del vino. Porque en el vino, como en el amor y en el sexo, no es bueno ni el abuso ni el desuso. Lo más loable será siempre el buen uso.

 

 

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