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Sopa de Letras
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Si puedes imaginarlo, puedes contarlo

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Si puedes imaginarlo, puedes contarlo
Actualizada 05/05/2018 a las 11:08

Alguna vez has sentido curiosidad por saber qué es lo que bulle en la imaginación de un adolescente? Yo sí. Y hace unas semanas se me presentó la ocasión de hacer una inmersión en el imaginario colectivo del teenager,cuando me propusieron ser jurado de la58 edición del concurso de Jóvenes Talentos de Relato Corto de Coca Cola.

Nos entregaron a cada uno de los miembros del jurado un sobre con unos cincuenta relatos. Los textos estaban escritos a mano, con una extensión máxima de cuatro caras y debían cumplir el requisito de incluir una frase concreta en su interior. Más allá de esas condiciones, se nos pedía que valoráramos la creatividad, la capacidad para desarrollar una historia de forma coherente, original y, a ser posible, con corrección tanto gramatical como ortográfica. Y digo "a ser posible" porque se nos decía expresamente que, si un texto tenía calidad y era valioso desde el punto de vista narrativo pero tenía alguna falta ortográfica, no era imprescindible que lo elimináramos por esa razón, puesto que el concurso trata de premiar, por encima de todo, la creatividad y el talento para contar una historia bajo el título de "Si puedes imaginarlo, puede contarlo".

 

 

Así que, cada uno por nuestro lado, nos pusimos manos a la obra. Dos semanas para leer y evaluar el medio centenar de textos da para bastante. No solo da tiempo a leerlos y valorarlos, seleccionarlos, distribuirlos en grupos, ordenarlos, pensarlos, calibrarlos y al final elegir los tres finalistas, sino también da para reflexionaren torno a lo que hay detrás. Detrás de cada texto, de cada tipo de letra, de sus ideas, de los argumentos, a veces infantiles y otras cargados de fantasías o de lugares comunes. Y también da para extraer una especie de análisis más o menos certero de lo que pasa por la mente de estos jóvenes.

Lo primero que llamó mi atención es que en ocasiones se notaba que habían sido escritos nada más que para cumplir el expediente en la clase de lengua o de literatura. Sin ganas, sin talento, sin esfuerzo. El esfuerzo. Esa palabra que encierra un valor que por desgracia brillaba por su ausencia en muchos trabajos. Aunque otros sí lo tenían. Al igual que las ganas o la capacidad para desarrollar una narrativa interesante desde el principio.

Quizá eso también me llamó la atención, la gran diferencia de nivel entre unos y otros. Y las faltas de ortografía. En unos cuantos de los trabajos, había faltas que se contaban por decenas, como si esos chicos o chicas vinieran de otro planeta, sin conocimiento básico de nuestra lengua, a pesar de estar en 2º curso de la ESO, con 14 años. También los había (los menos) impecables, perfectos, sin una coma de más o de menos, lo que demuestra un talento y una capacidad extraordinaria a esa edad teniendo en cuenta que están expuestos a una laxituda la hora de manejar el lenguaje que no existía hace unos años, y que se podría achacar a las nuevas tecnologías y a esas otras formas de escribir que usan en las redes sociales, donde la corrección ortográfica es una rara avis.

 

 

Que hubiera algunos donde el talento o la corrección brillaban por su ausencia resultaba un poco descorazonador porque se supone que los textos llegan al concurso ya seleccionados. El Concurso Coca-Cola Jóvenes Talentos de Relato Cortoestablece que el profesor, después de hacer prácticas de relato corto en clase, selecciona a los alumnos que acudirán a la prueba simultánea a nivel nacional, en la que todos los participantes se dejarán inspirar por un estímulo creativo. En el fondo, lo que se persigue con este concurso esfomentar la creatividad, la imaginación y la literatura entre los jóvenes escritores. Pero, como digo, hay mucho más.

En esta ocasión, eseestímulo era un texto que los participantes tenían que componer para el concurso y que partía obligatoriamente de la frase “Lo primero que encontré fue una extraña brújula”. Desde ese planteamiento, los estudiantes debían armar un texto de un máximo de cuatro cuartillas, escrito a mano y que contara concoherencia narrativa ydesarrollo de los personajes. Me hizoreír alguno que habíametido la frase con calzador. Sin embargo, otros habíanlogrado hilar a la perfección una historia que tenía todos los ingredientes necesarios para ser seleccionada.

En algún momento pensé que hay que otorgar a la Fundación Coca-Cola el mérito de ser capaz de mantener el certamen de literatura juvenil más longevo del país, ya en su 58 edición, en el que siguen invitando a los jóvenes año tras año a "dar rienda suelta a la imaginación y disfrutar de una increíble experiencia literaria".

La experiencia literaria también tiene sentido para quienes conformábamos el jurado. Sumergirse en los textos y abordar las temáticas, fue una auténtica aventura. Había varias decenas de historias que transcurrían en bosques encantados, otros tantos que se desarrollaban en el espacio, en otros mundos o en tiempos pasados o futuros; había historias muy personales en las que el autor intentaba desahogarse o contar algo que le afectaba muy directamente; había historias relacionadas con sus mundos, con sus amigos, con sus entornos más directos y había también unos pocos textos con una calidad llamativa, muy trabajados, con una coherencia y profundidad excelentes y que, como jurado, te reconciliaban con todos los que, a ratos, te habían dejado un sabor amargo por las carencias que se detectaban entre sus párrafos.

 

 

Y de qué hablaban más allá de la trama narrativa? En el fondo, todos aquellos textos hablaban de cuestiones tan esenciales como la soledad, la capacidad de superación, el hecho de ser capaz de afrontar un reto o una experiencia nueva, hablaban del miedo, del amor, del sufrimiento, de la incertidumbre, de la familia, de la lucha o de la amistad...

Se me ocurrió pensar que, en el fondo, todos los relatos eran autobiográficos y que la experiencia de ser jurado era tambiénuna invitación, como una viaje sin brújula al imaginario de todos aquellos jóvenes.Cómo no iban a hablar de ellos mismos a los 14 años, con tan pocas referencias en las que inspirarse más allá de la propia vida?Aún recuerdo cada vez que, siendo yo misma una estudiante, aparecía el profesor de lengua o literatura en clase y comenzaba a animar al grupo a escribir una redacción o a participar en tal o cual concurso. Daba igual de qué se tratara, cuál fuera el tema o el punto de partida. Aquellos textos siempre acababan hablando deuno mismo.

En este caso del concurso Coca Cola el hecho de añadir dosis de imaginación y capacidad narrativa hacía que esas piezas autobiográficas tuvieran más o menos calidad literaria. Y pensé que, en el fondo, lo que habían hecho los jóvenes escritores en esos textos era retratarse.

En medio de la reflexión fugaz que me despertó su lectura, me pregunté: Son muy distintos estos jóvenes a los de anteriores generaciones? No. Sus estímulos son diferentes, su contexto también, pero ellos se siguen pareciendo en casi todo a los jóvenes que fuimos.

 

 

 

 

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