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Sopa de Letras
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Nora, un nombre de mujer

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Nora, un nombre de mujer
Actualizada 08/12/2017 a las 18:24

Llevo cerca de dos horas charlando con Nora. Me impresiona su historia, pero por encima de todo, me llama la atención su delicadeza. Es una mujer que luce una belleza serena, fruto de una trabajada seguridad en sí misma. Su honestidad, su presencia atenta, o su intensa mirada son su mejor carta de presentación. Luego, el hecho de que durante los 50 primeros años de su vida en su DNI apareciera como varón y su nombre fuera el de un hombre es algo secundario. A día de hoy, reconoce sin tapujos que, tras salir del armario y operarse para convertirse en mujer, es una persona feliz y eso es lo que de verdad importa.

 

 

Nora Gómez tiene 60 años y es padre de un hijo fruto de un matrimonio que duró cerca de tres décadas. Nació en Santander, pero ha vivido media vida en San Sebastián hasta que se trasladó a Navarra hace 23 años. Estudió para ser perito electrónico y trabaja de agentecomercial. Jugadora de hockey sobre hielo en el Txuri Urdin de San Sebastián, es desde hace dos años presidenta deKattalingorri, el colectivo pionero en la defensa de la población Lesbiana, Gay, Bisexual y Transexual de Navarra. Tras todos estos fríos datos, ya no se esconde sino que brilla una persona valiente que ha tenido que recorrer un largo camino hasta encontrar su propio lugar en el mundo.

Hemos pedido un café y a esta hora del mediodía el local en pleno centro, está tranquilo y casi invita a las confidencias. Lo primero que le pregunto es cuándo tuvo consciencia por primera vez de que era diferente: "Me crié entre mujeres. Fui el quinto hijo de los ocho que tuvieron mis padres. Todos hijas, excepto yo que nací como varón. Enseguida entendí que el rol que me habían otorgado era el de ser un hombre, un macho fuerte, más aún teniendo un padre machista que no dudaba en usar la fuerza para imponer sus criterios. Sin embargo y a pesar de todo,desde que tengo uso de razón yo siempre supe que había algo dentro de mí que no encajaba".

Nora me cuenta que durante mucho tiempo se comportó como un chico más. Era un niño primero y luego un adolescente que jugaba a hockey sobre hielo, hacía unavida normal para un chico de su edad, pero al final del día, cuando llegaba la hora de ir a dormir, él se recluía en su habitación y allí podía ser Nora: "Yo tenía una habitación para mí solo, porque era el único varón, mientras mis hermanas compartían cuartos. Eso me permitía tener un espacio de intimidad donde cada día por la noche yo me travestía, me ponía ropa de chica que a veces cogía a mis hermanas o que encontraba por la calle, y entonces me sentía bien, era como un alivio, un oasis donde ser quien de verdad yo era: una mujer".

Tiene que ser muy duro ocultar a todo el mundo tu verdadera naturaleza, algo que está en la esencia de quien eres pero que no sabes si los demás van a aceptar. Y así se lo planteo. "Desde luego que es duro y lo fue durante muchísimo tiempo. Mi secreto era mi transexualidad -me dice-. Durante 50 años Nora estaba oculta, permanecía en secreto. Siempre recuerdo la impresión que sentí cuando Bibi Andersen salió en larevistaInterviú como mujer. Se dejó fotografiar tal cual era entonces, una mujer que todavía tenía pene. Me impactó aquella persona valiente que daba visibilidad a su realidad. Yo no podía hacer lo mismo que ella, pero su testimonio sembró en mí la idea de que se podía ser libre, salir del armario, ser diferente y no tener que vivir ocultando tu verdadera personalidad".

Una verdadera personalidad que durante años se ocultaba en objetos, como los zapatos, una de las debilidades de Nora. Y en concreto, en unas sandalias rojas que una vez encontró en la calle y que supusieron para ella durante un tiempo todo un símbolo: "Un día salí de noche a pasear con mi perro y, junto a una sala de fiestas, alguien había dejado abandonados unos zapatos. Eran unas sandalias rojas, preciosas, además eran mi número y aún puedo recordar la gran alegría que sentí al encontrarlas y luego probármelas en la intimidad de mi habitación, fue como que estaban allí esperándome a mí, como una señal, una luz en medio de la noche".

La vida entera debió de estar llena de esas señales, esas muestras de un camino que para Nora aún no estaba claro. Prueba de ello es que conoció a una chica estupenda y preciosa y decidieron casarse, pensando que "quizá aquello podría funcionar, que quizá lo que sentía era confusión", sin saber que en la vida todo aquello que niegas cuando nace de dentro, vuelve más tarde o más temprano con más intensidad y con más fuerza.

"Conocí a mi mujer una noche en una discoteca. Era preciosa y nos llevábamos muy bien. Comenzamos a salir juntos y la relación se consolidó. Decidimos dar el paso de casarnos, a pesar de que yo le había confesado a ella que me travestía. Pensamos que si nos queríamos, podríamos dejar eso atrás. Pero no fue así y yo volví a las andadas. Hemos compartido 29 años juntos, sin apenas discusiones ni problemas graves, más bien lo contrario, siempre nos hemos entendido y apoyado, hasta que un día ella descubrió casualmente en el trastero una caja donde yo había ido guardando a lo largo de los años mis ropas femeninas y aquello fue el detonante de nuestra separación. Yo quería seguir con ella, acudimos a un psicólogo buscando ayuda, y aún lo intentamos un tiempo, a pesar de que yo ya estaba en proceso de convertirme en una persona transexual, pero ella no se sentía bien y al final definitivamente tuvimos que decirnos adiós. Aún así, seguimos teniendo una magnífica relación y somos muy buenos amigos".

 

 

Respeto. Eso me dice cuando le pregunto por la llave para que ese matrimonio se haya convertido en una profunda amistad con altas dosis de complicidad y comprensión. "Mi ex se ha vuelto a casar y yo lo entiendo. Como ella siempre ha intentado entenderme a mí en todas mis decisiones. Cuando existe el respeto en una relación, sea del tipo que sea, entonces todo es posible. Lo malo es cuando ese respeto se pierde y aparecen los insultos o el abuso, porqueeso marca una distancia y deja una huella que a veces no se puede salvar".

Su matrimonio no pudo salvarse, pero sí la relación como amigos con la que durante tanto tiempo había sido su mujer y es la madre de su hijo. "Mi hijo al principio no lo entendió, me decía que Nora estaba matando a su padre, pero luego poco a poco hablamos y acabo por comprenderme. Le dije que Nora era su padre, que yo siempre iba a ser su padre y el hecho de que su padre fuese una mujer no cambiaba ni un ápice el amor que yo sentía por él. Con el tiempo lo ha ido entendiendo y tenemos una muy buena relación. Mi hijo tiene ya 26 años y es bioquímico. Está ahora haciendo el doctorado en Glasgow, pero cada vez que viene de visita nos vamos por ahí de cervezas y a veces incluso con sus amigos. Nuestra relación es muy buena y sé que mi hijo me quiere, me respeta y me acepta".

Tras su separación hace seis años, Nora empezó a ser ella los fines de semana, aunque entre semana por cuestiones laborales tenía que seguir usando sus ropas masculinas y su personalidad de varón. "La separación marcó un antes y un después para mí porque inicié un proceso de visibilidad que al principio solo se daba los fines de semana. Me sentía super feliz los fines de semana cuando me vestía como yo quería y me sentía bien, era yo. Luego llegaba el lunes y tenía que ser de nuevo mi disfraz. Aquello era duro, pero me sirvió para dar los primeros pasos hacia la libertad".

Primero fueron los fines de semana, después comenzó con el proceso de hormonación para convertirse en mujer y por último la operación de cambio de sexo que se realizó en Tailandia. Dicho así, puede sonar algo sencillo, pero fue un camino farragoso desde todos los puntos de vista, donde también el aspecto emocional acabó pasándole factura: "A los ocho meses de empezar a tomar hormonas me dio un gran bajón. Psicológicamente comencé a sentirme muy afectada, empezaban a modificarse mis sentimientos y emociones y me hundí en los recuerdos. Me replanteaba todo: mi vida, mi matrimonio, mi familia, mi futuro... fueron semanas en que no hacía otra cosa que llorar. Y fueron los libros de autoayuda los que me sacaron del pozo. Alguien me recomendó uno y luego leí otro y otro más y terminé por asimilar todo aquel torrente de pensamientos útiles y positivos que tanta falta me hacían. Recuerdo que me dije a mí misma que tenía que salir de aquel agujero, de aquella especie de depresión y convertirme en la mujer potente, fuerte y lo más guapa posible que pudiera llegar a ser".

Aquel verano pasó de sentirse hundida a resurgir de sus cenizas como el cisne que era, llena de fuerza y belleza, como mujer, segura de sí misma y también dispuesta a ayudar a otras personas que pudieran necesitar su apoyo y su consejo: "Desde entonces, no dejo que nadie me estropee un día de mi vida, soy feliz, me siento bien con mi imagen, me gusta verme y sentirme femenina, soy quien quiero ser. Quizá por ser tan consciente del proceso que he tenido que vivir,siempre he querido dar visibilidad a las personas trans y que sean tratadas como lo que son, como personas; que puedan salir de su armario y salir de casa sintiéndose libres, sin tener cautiva y oculta su verdadera personalidad".

El bar se ha ido llenando de gente y casi sin darnos cuenta es la hora de comer. Pido a Nora, antes de despedirnos, que me diga qué ha cambiado en todo este tiempo, qué ha aprendido: "He aprendido a aceptarme tal como soy y lo que piensen los demás no me importa. Solo tenemos una vida y debemos aceptar a los demás y a nosotros mismos tal y como somos. Antes era como un libro completamente cerrado. Ahora soy un libro abierto en el que no hay nada que esconder".

 

 

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