El polifacético Javier Erro, a escena

Publicado el 21/11/2017 a las 18:43
Javier Erro tenía apenas seis años cuando empezó a estudiar música, pero el gran salto lo dio en 2015con su participación en el programa "La Voz Kids" de Telecinco. La fama y el éxito fueron para él como una ola que en lugar de arrollarle, le ha impulsado a aprender de cada experiencia, a no perder el norte, a seguir estudiando y a formarse sin descanso. Música, piano, idiomas y este último año también los estudios de Periodismo en la universidad jalonan su curriculum. Quien se pregunte dónde puede encontrar a Javier Erro, que sepa que muy probablemente lo encontrará trabajando y casi seguro, sobre un escenario.
He quedado con Javier Erro en el campus de la Universidad de Navarra donde actualmente estudia primer año de Periodismo. Vamos a hablar de música, pero también de otras cosas. Quiero conocer más a fondo a este joven músico. Precoz y maduro al mismo tiempo, a sus escasos 18 años atesora vivencias que muchos músicos no consiguen en décadas. La clave está en la búsqueda de la esencia y en su claridad de ideas. Qué es la música para ti, Javier? "La música para mí significa tranquilidad, introspección y búsqueda de la esencia. Me ayuda a ir al origen, a encontrarme con mis raíces e incluso a desconectar del mundo. A veces, creo que es importante ser capaz de salir de uno mismo, detener el ritmo de la rutina que nos absorbe y parar para entender a dónde vamos".
Javier es pura expresividad. Habla y los ojos y las manos le hablan a la vez. Se observan una energía y una sinceridad desbordantes en él, pero le pregunto si esas cualidades son fruto también de un trabajo interior, de una búsqueda consciente. Y me cuenta que un momento especialmente importante para él es el rato que, cada día antes de dormir, dedica a reflexionar sobre lo que le ha dejado ese día, a pensar sobre el aprendizaje obtenido y los próximos retos que vendrán después: "Necesito ese momento en que intento poner la mente en blanco y acudir a mi raíz, a lo que soy en esencia: ahí está la música, siempre presente en mí desde que era un niño".
A los seis años Javier ya ejercía de músico cada vez que en casa de sus abueloscogía las cazuelas que él llamaba "las palilas" y se montaba una batería en plan casero. Luego llegaría la Escuela de Música de Barañáin que, entre los ocho y los once años sería su "segunda casa", un lugar en el que tomó las bases de lo que hoy es como músico y donde conoció a personas importantes en su carrera. "Era ya un niño muy independiente que no encajaba en el patrón típico de esa edad. Durante muchos años el esquema se repetía: mi hermana estaba ya en la universidad, mi hermano iba a Lagunak a entrenar y yo iba a la Escuela de Música".
Su participación en el concurso de televisión de La Voz Kids en 2015 supuso un antes y un después para Javier. Llegó al programa tras superar un proceso de selección a la que acudieron 13.000 candidatos. Después de esa fase de selección, la de audiciones a ciegas, las batallas y pasar la primera fase de la final con seis cantantes, se convirtió en uno de los tres finalistas: "Fue un cambio 360 grados. Desde el primer día en que se emitió el programa, aquello se convirtió en una locura: la gente me paraba por la calle, me saludaban, me hablaban los vecinos, etc.. fue algo increíble". Pero su bautismo en el mundo de la música no vino de la mano de La Voz: "Antes de eso entré a formar parte de la compañía Ópera de Cámara de Navarratras superar varios castings, al igual que lo hice en el Orfeón, y participé en el proceso de selección para interpretar en Baluarte la obra 'Sonrisas y lágrimas', que me permitió conocer a otros muchos jóvenes que encajaban con el mismo perfil de chicos y chicas diferentes que habían crecido sintiendo la música con la misma intensidad que yo. Gente que no había jugado a muñecas o al fútbol de pequeños sino que habían soñado con llegar a ser cantantes o músicos y que me hicieron darme de cuenta que yo no era el único que no había seguido un patrón estándar".
Aquello supuso para Javier, por un lado salir del nido y dejar ese entorno protector y hermético en el que había crecido: Barañáin, la Escuela de Música, su colegio, su familia y amigos; y, por otro, entender que no era tan diferente como creía, que esa independencia y esa soledad que había buscado de niño para encontrar espacios donde desarrollar la música pertenecía a una esfera que lo "conectaba con su esencia y con lo que siempre había soñado". Tras los primeros castings y su participación en La Voz llegaría el éxito, el reconocimiento y la fama a una edad en que la mayoría de los niños no pueden ni imaginar qué supone ser reconocido por la calle o que las fans te pidan un autógrafo. "Creo que aquello supuso para mí como un reto, una especie de prueba, de ver hasta dónde era capaz de llegar por mí mismo y de alguna manera supuso un momento determinante en mi vida porque aprendí que había que esforzarse muy duro para conseguir lo que uno desea y que cuanto más te esfuerzas, mayor termina siendo el logro conseguido antes o después".
A la pregunta de si en algún momento se ha sentido desbordado por ser una joven estrella de la música tras su paso por televisión, su respuesta no deja lugar a dudas: "Mis padres han sabido educarme en la mesura. Ellos siempre me han equilibrado de forma que supiera por mí mismo qué era lo adecuado. Recuerdo las muchas veces en que me recomendaban que no tuviera prisa, que compaginara la música con mis estudios, que todo llegaría cuando tuviera que llegar. Mi entorno familiar me ha ayudado y me ha apoyado en todo momento y eso ha contribuido a que nunca haya dejado de ser 'elJavier de siempre'. Soy consciente de haber vivido mucho para mi edad, pero quiero que eso sume en vez de restar en ningún sentido".
La familia es fundamental para Javier Erro. "Ellos son mi vida. Mi madre es la mejor representante que podría tener. Mi padre un consejero permanente. Mis hermanos, mis tíos y toda la familia somos una piña. Siempre se han mostrado muy orgullosos de mí y sé que es una suerte poder contar incondicionalmente con ellos en todo momento".
Y la humildad, su faro. "La humildad es un punto clave para mí. Ya no solo en el terreno de lo musical, sino en el personal especialmente. Me encanta la gente de verdad, la gente auténtica porque creo que se puede aprender de todo el mundo. El hecho de haber vivido un tiempo el mundo de la televisión y haber compartido plató y escenarios con grandísimos profesionales de la música y de la televisión de este país no ha hecho más que confirmarme que me queda tanto por aprender y que quiero seguir trabajando duro para sacar lo mejor de mí mismo".
No puedo preguntarle qué quieres ser de mayor porque está ya claro que su vocación es la comunicación. Estudiante de primero de Periodismo en la Universidad de Navarra, su futuro sigue mirando a la escena: "Si me preguntas qué quería ser de pequeño te diré que pensaba quizá en ser profesor o maestro, me gustaba la enseñanza pero también pensé que podría ser pianista. Sin embargo, desde pequeño me apasionaban los medios de comunicación: la radio, la televisión, hablar, escuchar también, contar historias, contactar a través de la música o de la palabra con otros".
Músico por encima de todas las cosas, pero también lector, viajero infatigable, comunicador... Javier cultiva su polifacético perfil intencionalmente, como le decía Jesús Vázquez en el programa La Voz ,'el polifacético Javier Erro', a sabiendas de que el futuro es una puerta a la que no ha hecho más que asomarse: "Tras salir del sello Universal, me encuentro actualmente con muchos proyectos, algunos muy ilusionantes, que no sé a dónde me llevarán, pero que seguro me ayudarán a seguir aprendiendo. Creo que 2018 va a ser un año propicio que me va a ofrecer un nuevo impulso como compositor".
Sea como sea, Javier se prepara para salir a escena. A una escena que no tiene por qué ser un espacio físico: "Desde pequeño he vivido pegado a un escenario, soñando con la música y trabajando duro en ese campo para hacer visible la marca 'Javier Erro', y ahora también estudiando para llegar a ser periodista o al menos prepararme de la mejor forma en el mundo de la comunicación".
Y un escenario es precisamente el que le transporta en un golpe de memoria hasta su mejor recuerdo: el concierto de Sanfermín que ofreció el pasado 10 de julio en la Plaza de los Fueros de Pamplona. "Fue un momentazo, una noche mágica en la que me sentí querido y en la que sentí que el trabajo tiene una recompensa brutal cuando está bien hecho y se hace con mimo y con paciencia. Ese es el rumbo por el que quiero continuar".