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Sopa de Letras
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Cuando Maite encontró el paraíso

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Cuando Maite encontró el paraíso
Actualizada 08/09/2017 a las 12:06

Sepahua es un pequeño paraíso en medio de la selva peruana donde el tiempo parece haberse detenido y aún es posible vivir según los ritmos de la naturaleza. Allí es donde la joven periodista pamplonesa Maite Navarro ha pasado los últimos años de su vida trabajando en la misión cristiana de la zona, colaborando en la radio de la aldea y enseñando en la escuela a los niños de la comunidad. La experiencia de vivir en un lugar a donde tan solo se puede acceder en canoa o avioneta, con una mínima cobertura de red eléctrica y apenas ningún lujo de los que amasamos en nuestro entorno ha supuesto para ella una catarsis única. Su madurez y su perspectiva de vida, centrada en lo que de verdad importa, nos lleva a reflexionar acerca de hasta qué punto las vivencias extremas nos ayudan a crecer como persona; y acerca de cómo nuestro entorno, consumista y tecnificado, controla nuestras vidas reduciéndolas a vecesa la mínima expresión.

 

 

Sopa de Letras: A pesar de tu juventud, eres una persona acostumbrada a remar a contracorriente.
Maite Navarro: Maite significa amor, amada, y soy una enamorada del amor y de la vida. Soy sensible y apasionada en cada cosa que hago. Un poco loca y rara para muchos, mística y caótica, pero prudente. Soy guerrera y trato de luchar por ser yo misma, por escucharme y saber qué es lo que debo hacer en cada momento. Soy un poco ansiosa y nerviosa en ocasiones. Tengo alma de artista, de bailarina, actriz y escritora, y me encanta viajar y conocer nuevos mundos y realidades, conocer nuevas personas y experiencias, y tratar de ayudar a que el mundo sea un poco más de color de rosa. Soy rebelde y no me gusta acatar normas sin sentido, trato de enfrentar los prejuicios aprendidos y de ver el mundo por mí misma, valorándolo
Tengo otra idea de cómo me gustaría vivir que choca bastante con el statu quo y por lo tanto me toca remar a contracorriente muchas veces, algo que me agota y en ocasiones me derrumba, pero trato de sacar fuerzas de mi fe y de mi amor a Dios y a la madre tierra, para que me guíen por mi camino, y pueda poco a poco ser cada día algo mejor.

SDL: Eres licenciada en Comunicación Audiovisual De dónde viene tu vocación?
MN: Fue difícil decidirme por una sola carrera, me gusta mucho aprender y conocer, y me considero humanista y filosofa; soy una buscadora de la verdad y amante de la sabiduría. Pero siempre sentí que había venido a esta vida a comunicar, a compartir aquello que siento dentro y expandirlo al mundo, ya sea a través de la escritura, de una película o de un programa de radio. Comunicar el amor de Dios a todos los seres del planeta, y ayudarles a comprender un poco más por qué estamos aquí y para qué. Como bien dijo una gran profesora mía de Epistemología en la universidad, los médicos sanan el cuerpo y nosotros el alma. El poder de la ficción de recrear mundos posibles donde a través de catarsis podamos aprender y ser mejores. Eso es lo que yo busco, ayudar a que seamos más conscientes de quiénes somos, de cómo somos y de la libertad que tenemos para actuar en nuestras vidas, pero siempre siendo conscientes de la responsabilidad que esta implica.
Reconozco que, cuando terminé la carrera, entré un poco en crisis por el sistema actual en el que se encuentran los medios de comunicación, donde lo importante muchas veces es la publicidad y el dinero, y no el hacer llegar la realidad a las personas. Estuve un par de años viajando y pensando acerca de a qué quería dedicar mi vida realmente, y como iba a poder comunicar lo que yo sentía. Viaje a la India, grabe un documental en Ucrania, aprendí Reiki y decidí estudiar psicología para poder comprender mejor al ser humano y poder tener un trabajo que me permitiera un trato más cercano con las personas, con su ser.

DSL: Siendo tan joven, tu vida transcurre a caballo entre Navarra y Perú. Qué te llevó hasta el país andino?
MN: Después de los años académicos, y de plantearme hacer un doctorado, me decanté más por una búsqueda del origen, de quienes somos, de nuestro lado más salvaje y natural. Un padre dominico fue a la radio de la universidad y dijo que necesitaba un periodista para ir a una misión en la selva peruana. La idea me enamoró desde el primer momento y me puse en contacto con ellos, pero no sería hasta dos años después que yo viajaría finalmente a Sepahua, entre tantofue un gran amigo mío: Asier, el cual, fue como director de radio Sepahua y más adelante me ayudó a retomar la idea de ir. Así que movida por mi ansia de viajar y de vivir una aventura , de conocer nuevas realidades y por mi vocación de ayudar y colaborar con otros mundos, me fui a Sepahua. Una misión católica en medio de una localidad de la selva donde solo se puede acceder por avioneta o por río, después de un viaje de tres días cruzando los Andes y surcando el rio Urubamba. De pequeña siempre quise ser misionera, buscaba un lugar religioso y espiritual, para tener una experiencia mística y poder crecer espiritualmente y esta era una puerta del destino para entregarme a la comunión con los hermanos americanos.

SDL: Y qué encontraste allí?
MN: La naturaleza salvaje, el sonido y la danza de la selva, el miedo y el peligro, la soledad y el aislamiento, pero sobre todo la libertad y el amor. Una misión que me tenían preparada desde las estrellas. Allí conocí a un guitarrista en Nueva Unión, alguien a quien reconocí a simple vista como un viejo amigo y que dio un vuelco a mi corazón. Una familia nativa con la que fui muy feliz y mi hijo, que me ha unido con ellos en lazos de sangre para siempre. Mi trocito de la selva en Pamplona, mis dos grandes amores sepahuinos.

 

 

SDL: Cómo ha sido esta etapa de tu vida, llena de cambios y avances importantes?
MN: Ha sido una etapa muy intensa y emotiva. Llena de dudas, de temores, de descubrimientos... No ha sido nada fácil, son culturas muy diferentes y estar lejos de casa a tantos kilómetros de distancia, con las condiciones físicas del lugar y en un ambiente tan extremo es algo que cuesta. Pero sin duda, la vivencia ha sido preciosa. Me he sentido más viva, mas conectada con la naturaleza y con la realidad humana. Donde cada día hay algo nuevo por aprender, donde todo es mucho más real y peligroso. Me he vuelto menos racional y he dejado fluir más mi pulsión con la tierra y los latidos del mundo. Era un cambio tan grande, un contraste tan fuerte, que cada vez que me volvía a España me sentía descolocada. Pocos comprenden e imaginan lo fuerte que es vivir cambios vitales tan intensos, y lo que cuesta adaptarse de nuevo a la vida de Occidente, al asfalto, a las tecnologías, al mundo de la inmediatez y el consumo publicitario. Me he tenido que conocer en nuevas facetas y enfrentarme a nuevos retos y defectos personales, un amor entre dos mundos que ha hecho dividir mi corazón entre dos lugares y me ha hecho ser consciente de que nunca más volveré a ser la misma, pues siempre me faltara algo, aquí o allí.

SDL: Cómo es tu vida en Perú?Qué es lo mejor y lo peor de aquel lugar del planeta?
MN: Perú es otro mundo, otra cultura, otra ritmo de vida Lima no me gusta para vivir, es grande y peligrosa, no me siento libre. Sepahua, es lindo es un pequeño paraíso en medio de la selva. A las 11 de la noche se apaga la luz eléctrica, y todo se queda en reposo y se silencia la vida humana para dar paso a la orquesta sinfónica de la selva. Es precioso su cielo estrellado y las noches de luna donde uno puede caminar y ver perfectamente en la noche. Solo hay dos estaciones, de lluvia y seca. He visto diluviar y parecer como si el cielo quisiera fragmentarse. El sonido de la lluvia en la calamina del techo, el viento frío que entraba por la ventana mojándome en mi cama. La fiesta nocturna de las ratas, y el aleteo intenso de las chicharras en verano. La manta blanca, una infinidad de pequeños mosquitos que te pican cerca de los ríos, el zumbido de los zancudos cerca de la mosquitera.No hay agua corriente, solo viene dos veces al día y hay que hervirla para tomarla. En lugar de coches hay motocarros, la gente hace mucha vida en la calle y los niños juegan tranquilos con sus vecinos. Les gusta jugar a vóley y ver los partidos de la Champion en la esquina de Jose Lava, mi suegro, ya que muchos no disponen de televisión y mucho menos de cable. Todo el mundo te saluda por la calle y te invita muchas veces a comer o tomar algo en su casa. A las seis de la tarde anochece y muchos se retiran para casa y se hamaquean y toman masato con sus familias escuchando cumbia.
Lo mejor, su gente, sus niños, el haber podido ser profesora de infantil, el haber podido acompañar a los chicos del internado, el haber podido bailar pandilla toda la noche descalza en el barro por carnaval y haber susurrado cuentos a los más pequeños desde radio Sepahua.
Surcar el rio Urubamba hacia arriba , hacia abajo con la orquesta de mi chico llevando la música a las comunidades nativas más apartadas y ver como una infinidad de mosquitos y bichos bailan como locos alrededor de las luces del escenario. Pepe y su familia, mis suegros, a los que los amo y admiro, y les estoy muy agradecida. Su comida, sabores, la cultura ancestral andina e indígena, su música, su alegría.
Lo peor, la soledad que sientes en ocasiones, la impotencia, la falta de los amigos de siempre los mosquitos y sus picaduras, los parásitos, el chisme (como ellos dicen: pueblo chico, infierno grande), el exceso de alcohol y las condiciones en las que viven muchas familias. La incomprensión y la falta de comunicación, las petroleras que devastan la selva y contaminan con mercurio a los indígenas. El afán por el dinero y el olvidar que son dueños del pulmón del planeta, y que no hay que quemar plásticos, y que no hay que venderse al mejor postor. Injusticias, tráfico, piratería, corrupción policial y política.

 

 

SDL: Qué es lo que te pasa ahora por la mente, Maite?
MN: Son dos mundos muy diferentes, aunque todos cojeamos de lo mismo en mayor o menor medida. Gracias a Dios, esta última vez no volví sola, vine con mi hijo creciendo en mi vientre, con la fuerza y la energía de su otra tierra, y un mes después pudo incorporarse su padre con nosotros a esta nueva aventura en una jungla de asfalto, donde los peligros también acechan aunque más sutiles y disfrazados. Un nuevo reto para nosotros y nuestra relación, para nuestra nueva familia que ha nacido como lazo de unión entre dos países, y que hay que aprovechar y vivir al máximo también, aunque espero podamos volver algún día para que mi hijo pueda correr libre por la selva y crecer y aprender de sus ancestros como hizo su padre.
Aquí tenemos muchas cosas materiales, bienestar y confort pero también índices muy altos de depresión, trastornos alimenticios y del humor, adicción a sustancias y juego, ansiedad y estrés. Está claro que algo no marcha bien en nuestros ritmos biológicos, nos hemos olvidado de nuestra conexión con la tierra y los ritmos circadianos. Nos hemos desconectado en su mayoría con la tierra y con los animales, hemos entrado en un círculo vicioso de producción y consumo, explotación, apariencia, publicidad no se busca que algo sea bueno sino que lo parezca, que sea apetitivo, hemos caído en el discurso sofista y hemos olvidado la verdad, el origen, nuestras almas, nuestros corazones divinos que nos unen con una realidad mucho más extensa que nosotros mismos que nos enlazan con el cosmos y con las estrellas, nuestro ser y esencia divinas.

SDL: Cuáles son los aprendizajes que te ha dado la vida tras esta gran experiencia?
MN: Que la vida no es fácil, que hay que luchar por lo que uno quiere. Que muchos son los obstáculos que aparecen y las personas que trataran de impedirlo, gente que no comprende y no respeta otras formas de vivir, de sentir... gente que no comprende que el amor puede estar por encima del bienestar. Que estamos aquí para aprender de todos y para ayudarnos los unos a los otros. Que hay realidades muy diferentes coexistiendo ahora mismo en los distintos lugares del planeta, con otra forma de ver el mundo, con otra cosmovisión, con otros valores y que hay que respetarlas porque nosotros no somos el ombligo del mundo, no somos más ni menos, somos cursos evolutivos que llevan ritmos divergentes y paralelos. Que hay que escuchar al universo y ver las señales que nos manda para guiar nuestros pasos, que hay que tener oídos para escuchar y estar atentos a las oportunidades que se nos presentan para poder realizarnos cada día. Pero sobre todo que hay que seguir amándonos, que hay que dialogar y buscar soluciones juntos, los de aquí y los de allá, para poder evolucionar y cuidar este planeta entre todos, la casa común como dijo el Papa. Hay algo que nos une mucho más allá que lo que nos diferencia, y es ahí de donde hay que partir, es en esa unión donde hay que crear los lazos más fuertes y crecer juntos por el bien de todos. Crecer en el amor cada día y expandirlo.

 

 

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