Una fotografía

Publicado el 29/06/2017 a las 16:58
Al término del encuentro literario, Pepe se acercó a mí con una sonrisa y me dio el sobre cerrado. Me dijo que en su interior había algo que quería que yo tuviera, pero que no lo abriera entonces, sino luego. Así que le di las gracias y le dije que así lo haría. Guardé el sobre y hablamos del libro que yo acababa de presentar y de la escritora que se había acercado hasta Tudela para protagonizar el evento literario. Conversamos, durante un par de minutos, acerca de lo mucho que hacía que no nos veíamos y de lo rápido que pasaba el tiempo. Eso fue todo antes de despedirnos.
Pero no aguante ni dos minutos antes de abrir el sobre. En cuanto lo vi salir de la sala y perderse entre el grupo de asistentes que se dirigía hacia la salida, lo abrí. Dentro había una fotografía. Nada más que eso. Una fotografía en blanco y negro tomada en la playa de Salou en agosto de 1973. Una instantánea que me removió de arriba abajo. Tanto que, de haber tenido que presentar en ese momento el encuentro literario, no me habría resultado nada fácil. Porque me emocioné de verdad al ver en esa fotografía a mis padres jovencísimos, cuarenta años atrás; al ver a un joven Pepe allí con mi familia, vistiendo su inconfundible sonrisa y su eterno aire bohemio; y al verme a mí en sus brazos, apenas un bebé, con mohín enfurruñado mirando a la cámara desafiante. En esa fotografía estaba mi infancia encapsulada en color sepia.
"La foto la guardaba como un tesoro pues forma parte de mi juventud. Es de la época cuando conocí a mi mujer Piluka, que por aquel entonces trabajaba en Tarragona y recuerdo que ese día nos desplazamos a las playas de Salou. Ese fin de semana fui a visitarla a su trabajo y pasamos el día en la playa, encontrándonos, creo que casualmente, con tus padres y la niña Belén.Esta foto, y otras de esa época, evocan momentos de mi juventud y cuando las retomo de mi baúl de los recuerdos siempre me hacen soltaruna sonrisa y también alguna lágrima. Es un material que, a veces, desempolvo para revivir, para sentir nostalgia del paso del tiempo y recuperar sensaciones que nos dejaron huella en el alma.Es curioso que con la visión y un simple 'tic' de la cámara, Martín para siempre quedó en la memoria de nuestra vida".
Esto es lo que me comentó unas semanas después el propio Pepe, cuando le agradecí por correo electrónico el regalo y le pregunté por la fotografía. Entre Pepe y mis padres había una amistad de años, de esas que se gestan en la infancia y que en los pueblos y ciudades pequeñasperduran por siempre. En especial, Pepe era amigo de mi padre y no ha habido ni una sola vez que le haya visto en todos los años que hace desde que mi padre falleció que no me haya recordado de una formaintensa lo mejor de él.
"Ya sabes, Belén, que antes, la amistad vecinal era más cercana, existía un cariño especial y nuestra calle Herrerías invitaba a disfrutar de la amistad que nos proporcionaba un entorno físicoque utilizábamos como nuestro 'cuarto de estar' y compartíamos entre vecinos, almuerzos, cenas y largas charlas en las noches de verano hasta altas horas de la madrugada.En vuestro caso se daba la circunstancia que "pared con pared" vivía tu padre y abuelos y dos casas más arriba tu madre y tus abuelos.Concretamente mis padres tenían una profunda amistad con tus abuelos maternos. En el caso de tu padre y de Asun, su hermana, teníamos cercanía. Tu padre era tan buena gente que era imposible llevarse mal con él. Y ya sabes que con las vecindades no siempre uno se siente feliz.Yo a tu padre lo recuerdo como una persona cercana y sencilla, y el aprecio era mutuo", me escribió a vuelta de correo electrónico.
Así fue como Pepe decidió darme la fotografía. 44 años después de haber sido tomada, volvía a tomar vida y sentido en el gesto emocionante de un amigo de la familia que me regalaba ese momento, como un eco palpable, inmortalizado en aquella fotografía. Y en ella, también los ecos de esa parcela de la mitología familiar que me había llegado en forma de lluvia de anécdotas. Pequeñas historias que me había contadomi madre a lo largo del tiempo y que hablaban de la amistad, del amor, de la paternidad, de la felicidad condensada en unas vacaciones de verano en el Mediterráneo.
Leo la dedicatoria en la parte posterior de la fotografía: "26-8-73 (Tarragona) Salou. 44 años después os seguimos queriendo". Ahí está Pepe, el amigo de mis padres, el actor, el rey mago, el amante del teatro, el tudelano que tantos quieren y aprecian. Ahí está mi madre, tan joven y tan llena de luz, embarazada de mi hermano Sergio aún sin saberlo entonces y viviendo uno de los momentos más felices de su vida. Y ahí está mi padre, con su sonrisa, su mirada, su gesto y su porte, el mismo que ahora observo tantas veces en los gestos y miradas de mis hermanos y de mis hijos. Ahí estamos todos con él. Y ahí está también el fruto de una amistad, del paso del tiempo, de la memoria y de la parte que somos y quedaimpresa en los que nos han conocido. Una huella imprecisa e indeleble a veces, que perdura intemporal, incluso mucho más allá de la muerte.
Parece mentira lo que da de sí un trozo de papel... Lo que guardaba ese sobre. Lo que contiene una fotografía que iba a utilizar hoy para hablar de libros, pero que casi sin quererlo ha despertado a borbotones un alud de emoción.